Suscriptor digital

Revista Barcelona: 10 años de ¿ficción?

"Cada número puede ser el último", dicen sus directores Ingrid Beck (@soyingridbeck) y Mariano Lucano. Diez tapas de una revista que nadie quería financiar y que hoy todos quieren leer.
(0)
5 de agosto de 2013  • 13:37

El primer número de Barcelona ( @revisbarcelona ) salió el 16 de abril de 2003. Pero en realidad nació en diciembre de 2001. Mientras la Argentina se hundía y el presidente Fernando de la Rúa huía en helicóptero de la Casa Rosada, un grupo de periodistas y diseñadores desocupados se juntaban a armar un mono en formato sábana de una revista política. Se habían propuesto algunas cosas básicas: no desgrabar, no hablar con ningún agente de prensa, no utilizar el teléfono. En síntesis: hacer ficción. De hecho, los primeros números de Barcelona se hicieron sin conexión a internet ni línea telefónica.

En diciembre de 2001, entonces, tres amigos salieron a buscar a algún editor que quisiera financiar el proyecto: una parodia de Clarín en formato sábana que en su tapa tenía un extraterrestre con la banda presidencial. Fueron recibidos por un par, que se rieron y luego les palmearon la espalda. No solo les parecía inviable por lo disruptivo de los contenidos, sino por la inflación galopante que transformaba todos los días el precio del papel en una materia prima imposible de alcanzar.

Y así pasó un año y medio. Cada uno trabajando en lo que se podía: colaboraciones, dibujos, guiones, lo que fuera. De vez en cuando, se juntaban y actualizaban el mono. Y un día de 2003 ocurrió el milagro: un tío ofreció un préstamo de $5.000 para empezar. Nadie dudó. Se harían las revistas que se pudieran con lo que alcanzara. Entonces, se tomaron grandes decisiones forzadas por la situación, que luego se transformaron en marca de fábrica: sería tabloide porque el formato sábana era carísimo; se haría a dos colores (negro y amarillo, negro y cian, negro y magenta) porque mezclar más estaba fuera de las posibilidades económicas; el papel debía ser diario porque era el más barato…

Se imprimieron módicos 5.000 ejemplares que alcanzarían para distribuir en Buenos Aires y el conurbano. Porque los que la hacían (esos tres desocupados y cinco amigos más) estaban seguros de que nadie la leería, pero pretendían que llegara a la mayor cantidad de gente posible. Con el número uno en la calle (véase tapa de Ahora dicen que Piñón Fijo es Alfredo Yabrán ), ocurrió el milagro. No solo se agotó, sino que tuvo una enorme repercusión y generó ingresos para publicar dos números más.

En el ínterin, recibieron el llamado de Adolfo Castelo, que les ofreció salir con TXT. Ahí empezó el larguísimo camino del prestigio, el éxito y el fracaso económico. Hasta hoy Barcelona es un milagro que se sostiene por el deseo colectivo de los que la hacen. Cada número puede ser el último. Claro, es que solo depende de ellos.

ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?