Rajoy admitió que se equivocó al confiar en Bárcenas y resistió el pedido de renuncia

Jaqueado por los casos de sobresueldos y la contabilidad paralela del PP, el presidente intentó en el Parlamento superar la crisis política de su gobierno
Martín Rodríguez Yebra
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2 de agosto de 2013  

MADRID.- "Me equivoqué." Con dos palabras sorpresivas, el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, intentó superar ayer la grave crisis política que atraviesa su gobierno a causa de las confesiones del ex tesorero Luis Bárcenas sobre la presunta financiación ilegal y el pago de sobresueldos en el Partido Popular (PP).

Lo dijo apenas se abrió la interpelación parlamentaria dedicada exclusivamente al escándalo de corrupción. "Cometí el error de creer a un falso inocente, pero no el delito de encubrir a un presunto culpable", leyó desde el estrado del Senado. Empezaba una sesión electrizante, de las más crudas que se vivieron en los 36 años de la democracia española.

"No me voy a declarar culpable porque no lo soy. No voy a dimitir ni convocar a elecciones anticipadas", anunció cinco horas y media después, cuando los líderes de 15 bloques legislativos ya le habían exigido con durísimos términos que renunciara.

Rajoy se presentó como la víctima de un engaño cometido por el hombre que él ascendió a tesorero del PP y que desde hace un mes está preso por graves delitos fiscales. Negó la financiación ilegal, y dijo que no le constaba que existiera una contabilidad paralela como la que reveló Bárcenas a la justicia.

Pero en su intento de defensa admitió, con eufemismos, pagos a la cúpula del partido. "¿Se han pagado sueldos? Sí. ¿Se han pagado remuneraciones complementarias por razón del cargo? Sí. ¿Se han pagado anticipos o suplidos a justificar por gastos inherentes al desempeño del cargo? También, como en todas partes", dijo. Y añadió: "Declarar los ingresos privados a Hacienda ya es una responsabilidad individual".

El presidente desmintió haber recibido dinero en negro. Se limitó a decir que todos sus ingresos figuran en sus declaraciones juradas.

Rajoy aceptó comparecer ante el Congreso tras meses de negarse siquiera a mencionar a Bárcenas. Se rindió después de que el socialismo le dio un ultimátum: si no iba voluntariamente, presentaría una moción de censura.

De todos modos, se encargó de aclarar que no estaba allí "empujado por la irresponsable amenaza" del líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba. Blanqueó que su preocupación era "frenar la erosión de la imagen de España" y que debía tener "exquisito cuidado" con las señales que se dan a los mercados internacionales, en medio de la crisis económica.

Daño

Bárcenas, a quien le descubrieron cuentas en Suiza con más de 48 millones de euros, decidió confesar hace un mes, al ser detenido, la financiación ilegal del PP. Desató un terremoto en el gobierno, al que aún le quedan dos años y medio de mandato.

Durante años Rajoy declaró su confianza en Bárcenas, investigado desde 2009. Ayer, decidido a contener el daño, fue drástico en su despegue. Juró que las acusaciones contra él eran "todas mentiras" y pasó a la ofensiva. Exigió respetar el principio de inocencia y se apoyó todo el tiempo en viejas citas de Rubalcaba cuando, como miembro del gobierno socialista, éste defendía a funcionarios denunciados.

El duelo con el jefe opositor fue incruento. "¡Usted está haciendo daño a España!", le gritó Rubalcaba a Rajoy. "Por eso le pido que se marche. Este país no puede sufrir por tener al frente a un presidente como usted."

Rosa Díez, líder de Unión Progreso y Democracia (UPyD), le enrostró: "Pongamos que está diciendo la verdad. Que se equivocó. Un error así tiene que conllevar una consecuencia".

Rajoy escuchó de brazos cruzados tres horas y media de acusaciones. Los opositores le achacaron los contactos por SMS que mantuvo con Bárcenas hasta enero pasado. Sobre todo uno en el que le escribió: "Luis, sé fuerte", dos días después de que la justicia descubrió sus cuentas en Suiza.

"Yo apoyo a mi gente cuando tiene un problema. Confié en el señor Bárcenas y contesté a sus mensajes", se excusó Rajoy, sin dar precisiones. "¿Cómo se puede desconfiar de una persona cuyo trabajo avaló año tras año el Tribunal de Cuentas?" Desde las bancas opositoras le gritaron: "¡Mentira!".

Rajoy levantó la voz y siguió leyendo sus anotaciones: "¡A mí no se me piden explicaciones, sino que me declare culpable!".

Rubalcaba insistió: "Sólo por los SMS que le enviaba a Bárcenas, cualquier presidente europeo habría dimitido. Váyase, señor Rajoy". Antes de cerrar su tercera y última intervención, el presidente se definió como "una persona recta y honorable". El mayoritario bloque del PP lo despidió con una ovación de pie; el resto del recinto lo abucheó y se coló algún grito de: "¡Corrupto!".

Una llamada "correcta"

El juez Luis Aláez, que investiga el accidente de tren de la semana pasada en Santiago de Compostela, que dejó 79 muertos, consideró ayer que el interventor actuó de forma "correcta" al llamar por teléfono al maquinista, pese a que se especula con que la llamada podría haber sido la causa del despiste que llevó al descarrilamiento.

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