A más de 40 horas de la explosión, buscan a 11 desaparecidos en Rosario

Los equipos de rescate, ayudados por perros y sondas, continuaban anoche tratando de detectar signos vitales entre los escombros del edificio derrumbado; a metros del lugar, crecía la angustia de los familiares y amigos; confirmaron 10 muertos
Valeria Musse
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8 de agosto de 2013  

ROSARIO.- Sentados en el cordón del bulevar Oroño, Ángel, Pedro y Mario tienen la mirada perdida. Algo los inquieta sobre la calle Salta. No quieren ser efusivos, prefieren mantener la calma, pero tienen esperanzas de que su amigo Maximiliano Fornarese, de 34 años, los sorprenda caminando por allí. Como ellos, los familiares de otros 10 desaparecidos desean lo mismo. Algunos son más fuertes; otros no pueden ocultar su desolación.

La explosión en el edificio ubicado en pleno centro de Rosario por un escape de gas provocó la muerte de 10 personas y más de 60 heridos, mientras otras 11 aún son buscadas. También se buscan responsables. El juez que entiende en la causa, Juan Carlos Curto, tomó anoche declaración indagatoria a los dos gasistas que ese mismo día trabajaron en el cambio de un regulador. Uno de ellos, Carlos Osvaldo García, habría huido del edificio apenas notó la magnitud de la emanación de gas que derivó en la explosión. "El gasista se subió a la chata y se fue, se ve que se asustó", afirmó el encargado del edificio, que gravó la situación del operario (de lo que se informa por separado).

El bulevar Oroño, una de las calles emblemáticas de esta ciudad, se transformó en estos últimos dos días en el lugar que cobija a decenas de desesperados familiares y amigos de las víctimas de la explosión. A metros de ellos, rescatistas asistidos por perros y sonares continúan con la remoción de los escombros manteniendo la esperanza de encontrar a alguien con vida.

La espera por esos seres queridos se convirtió en una angustia interminable. Divididos en grupos, los familiares transitan por los distintos centros de salud a la espera de una buena noticia. Apenas ocurrido el trágico hecho, Mario Drovetta se dirigió de inmediato al Hospital Provincial del Centenario para buscar a su mejor amigo. Caminaba de un lado a otro atento a su teléfono celular. De repente, una noticia lo preocupó: habían encontrado el vehículo de Maximiliano en la puerta del edificio destruido. Ayer, más tranquilo, pasaba las tediosas horas acompañado por Ángel y Pedro, otros dos buenos amigos. Los cuatro jóvenes se criaron juntos en la localidad de Maciel, a 60 kilómetros de Rosario.

"Es un muy buen tipo", repetían sus amigos. A pocos metros de allí está la vivienda derrumbada de Maximiliano, que vivía en el 1° C y que les había contado, una semana atrás, que no podía bañarse en su casa porque tenían que hacer arreglos en el servicio de gas. "Tenemos esperanzas de que pueda estar con vida en el subsuelo", decían una y otra vez. Casi aferrados a las rejas que impiden el paso a la zona donde se extraen los escombros, los amigos de Débora Gianángelo, de 20 años, se contenían a puro abrazo. Los ojos llorosos de los integrantes de la familia sólo dan lugar a un espacio íntimo. Lo mejor era dejarlos solos. Cada tanto, algún bombero amable, como Roberto Abib, les daba palabras de aliento o tal vez una palmada en el hombro. Ellos devuelven el gesto, agradecidos. La solidaridad está presente. Decenas de voluntarios se abocan a brindar apoyo a esas personas que, ante un mínimo movimiento en la zona cero, se paralizan de la emoción. Las imágenes "son muy tristes", dicen, pero siguen adelante. Acompañan las extensas horas con mate, facturas, café y, cuando cae la noche, una comida caliente.

Horas después de que sucumbió el edificio, José se acercó rápidamente a la zona. A través de la lona que cubre el estacionamiento del supermercado La Gallega, lindero al lugar del fatal hecho y convertido en un centro de operaciones para el rescate, el muchacho espiaba. No dejaba de llorar. Su hermana, Luisina Contribunale, vivía en el octavo piso de uno de los edificios más afectados por la explosión y nada se sabe de ella. El joven no quiere hablar. Sólo desea que su mirada traiga de vuelta a su hermana. Recorre cada lugar con la esperanza de hallarla. Se acerca al centro de operaciones del Hospital Centenario, pero no hay noticias. Y se retira de la misma manera como llegó, casi sin emitir sonido.

La angustia se hace insoportable para todos. El cantero que decora la entrada al Centenario está ocupado por Ariel Fernández. "Apenas supe dónde había ocurrido el hecho me fui a ver a mi amigo Maximiliano Vesco, de 30 años", recuerda. Pero no lo encontró en su domicilio. Está confundido: "Ya no sabemos qué hacer. Fuimos a todos lados y no aparece. Maxi tendría que haber ido a la oficina, pero nunca llegó", cuenta Ariel. Su amigo es corredor inmobiliario y vive solo en el segundo piso del edificio que se derrumbó. "Nadie sabe nada. Vinimos acá, pero no está en el listado de los identificados", dice. Sus ojos se humedecen. Cada llamada puede llevarlo al reencuentro con "Maxi", aquel muchacho que conoció cuando ambos cursaban el colegio secundario. Ariel todavía está aturdido por la noticia: "Escuché la explosión a más de 20 cuadras de distancia. No pensé que era para tanto".

Las horas se vuelven más largas para los familiares de las once personas que, anoche, continuaban desaparecidas. En la zona cero la exhausta búsqueda de los rescatistas no tenía freno.

Claves de la catástrofe

El número de muertos, heridos y equipos de rescate

  • 10

    Fallecidos Identificados

    Hasta anoche, el número de víctimas fatales de la explosión en el edificio de Salta 2141 no había variado. El listado oficial de las personas fallecidas es: Hugo Montefusco (56 años); María Esther Cuesta (92 años); Carlos López (40 años); Adriana Mataloni (57 años); María Emilia Elías (28 años); Estefanía Magaz (21 años); Domingo Oliva (76 años); Roberto Perucchi (68 años); Teresita Davín (67 años), y Florencia Caterina (27 años).
  • 13 heridos

    Siguen internados

    Uno de los heridos aún se encuentra en estado muy grave internado en el hospital de Rosario. La mayoría de los heridos presentaban politraumatismos, traumatismos abdominales y craneoencefálicos, además de quemaduras. Entre los hospitalizados hay un niño de cuatro años que presentaba golpes y quemaduras.
  • 80 Rescatistas Trabajan en el lugar

    Anoche, un gran número de personal coordinado por la Brigada Especial de la Policía Federal continuaba con la remoción de escombros
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