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El diario del peludo

Susana Freire
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13 de agosto de 2013  

Ficha técnica: El diario del peludo / Autor y director: Gonzalo Demaría / Intérpretes: Fito Yanelli y Victorio D’ Alessandro / Iluminación y diseño del espacio: Gonzalo Córdova / Vestuario: Sofía Di Nunzio / Sala: En el Camarín de las Musas, Mario Bravo 960 / Funciones: jueves, a las 21 / Duración: 80 minutos / Nuestra opinión: buena

Aun en estos tiempos que corren se sigue hablando del diario de Yrigoyen, un periódico ficticio que se habría creado durante el segundo mandato del presidente radical Hipólito Yrigoyen (1928-1930) para que él pudiera leer las "buenas noticias" que redactaba su entorno.

A esta ¿realidad? ¿leyenda? se refiere Gonzalo Demaría en esta obra, que no pretende hacer revisionismo ni teatro históricos, sino tomar algunas puntas de la realidad del último año del gobierno de Yrigoyen, apodado El Peludo, que revela una somera similitud con estos tiempos, para ambientar la relación que se establece entre el Lector, una especie de secretario de Prensa, y el Canillita, porteños con diferentes niveles culturales, sociales y económicos.

Sirven para ilustrar la época el estado de salud del presidente, que tenía 76 años; el nefasto accidente de 1930, cuando un tranvía de la Compañía de Tranvías del Sur cayó al Riachuelo al intentar cruzar el puente Bosch desde Avellaneda hacia Barracas, con obreros como pasajeros; el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, cuando el presidente fue derrocado por el general José Félix Uriburu; la clara postura ideológica del diario Crítica, en franca oposición al gobierno.

Son apenas referencias para ubicar a los dos personajes, cada uno con su drama personal, envueltos en una época inestable de nuestro país. Uno, agobiado por una complicada relación con su mujer, y el joven, esperanzado por una vida mejor, entusiasmado por obtener una educación que no siempre estuvo al alcance de los pobres. En el intermedio, una clara crítica a los diarios, tanto a los opositores como a los obsecuentes.

Demaría, desde la dirección, ubica las acciones en el despacho del funcionario y con poco mobiliario, donde se podría señalar que la amplitud del espacio diluye la intimidad que sugieren las acciones.

Con respecto al vestuario y la iluminación, ambos responden a las necesidades de la puesta. El soporte se encuentra en la actuación, donde Fito Yanelli compone con minuciosidad las dudas e incertidumbres de la vida personal del funcionario, al mismo tiempo que incorpora una cálida mirada sobre el muchacho. En cuanto a Victorio D’ Alessandro, es correcto su trabajo, aunque no estaría de más un poco más de emoción para otorgarle más credibilidad a su personaje.

http://guia.lanacion.com.ar/teatro/obra/el-diario-del-peludo-ob18517

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