Suscriptor digital

Todavía piantaos

Horacio Ferrer y Amelita Baltar evocaron los treinta años de la clásica canción, con música de Astor Piazzolla, que desde entonces se convirtió en un símbolo del nuevo tango.
(0)
13 de noviembre de 1999  

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao..." Así, con un mantra arrabalero, una mistonga epifanía rondándole en la cabeza y en el alma, Horacio Ferrer llegó hasta el departamento de Astor Piazzolla una tarde primaveral de 1969. El proceso que concluyó siete días más tarde -extraño, sus protagonistas tan sólo pudieron descansar en el octavo- es hoy un hito de la música popular argentina: hace tres décadas, "Balada para un loco" ingresaba de modo fulminante en el Parnaso vernáculo.

El 16 de noviembre de ese año, cuya característica principal no fueron la calma y la tranquilidad precisamente, en el Festival de Buenos Aires de la Canción y la Danza, que se realizó en el Luna Park, Amelita Baltar estampó para siempre su voz sensual, levemente arenosa, con la composición conjunta del dúo (¿alguien pensó en Lennon-McCartney?) Piazzolla-Ferrer.

Una polémica estalló entonces. "¿Eso es tango?", preguntaron burlonamente los de la vieja guardia. "Es la música del futuro de la ciudad, de hoy", se apasionaban sus oponentes. Como sea, el debate fue zanjándose poco a poco; pero, más allá de todo, quedó bastante en limpio que una nueva sensibilidad poético-musical había copado la parada.

Para Baltar, gran parte del rechazo fue de aquellos que "tenían la imposibilidad de crear"; para Ferrer (quien siempre menta la canción a través de la palabra "obra"), era, en lo básico, "incomprensión". Ambos, reunidos por La Nación , fueron develando diferentes detalles de esa génesis y posteriores rebotes.

En primera persona

Baltar: -Me acuerdo del día que llegaste medio piantado a casa, decías que caminando por la avenida Santa Fe los maniquíes de las vidrieras te guiñaban el ojo...

Ferrer: -Eso fue lo primero que me apareció, la frase "ya sé que estoy piantao..." , entonces le expliqué a Astor la idea que yo tenía, porque tampoco sabía adónde iba a ir a parar. Primero tiré esa frase con algún relleno, para la forma, ¿no?, después me dice "y cómo seguimos". Le digo "bueno, hacé vos una segunda que diga loco, loco, loco", e hizo esa hermosura. Y después dice "cómo seguimos", mirá, le digo, a mí me gustaría hacer un recitativo en el medio, y también uno al principio, porque yo ya le había escrito a Amelita "La última grela" y "Chiquilín de Bachín", porque ella es muy actriz, y además era una gran cosa tenerla a a ella ahí para probar...

Baltar: -... Sí, alguna vez Astor me dijo: "Qué hincha tener la cantante en casa".

Ferrer: -Entonces era muy lindo para que ella en el escenario hablara y creara un clima, y eso es lo que hicimos cuando pusimos lo de las tardecitas de Buenos Aires, que fue otro acierto, de eso vos no te das cuenta, de momento salió así, y después, cuando hicimos ese preludio, con el mismo motivo del medio y la segunda parte como vals, me dice "y ahora cómo seguimos". Yo le digo "mirá, vamos a hacer una primera bis donde él le diga a ella que lo quiera así como es": quereme, está bien, pero quereme así, piantao, es mucho más tierno, quereme como soy, que ésa es la verdad del amor. Cuando habíamos llegado al final, se le ocurrió a él estrenarlo en Michelangelo, que es donde actuaban ellos.

Baltar: -Goyeneche se quedó alucinado cuando la escuchó ese día, de hecho la grabó un mes después del festival. Fue el único que se le animó.

Ferrer: -Recuerdo cuando estábamos llegando el día del festival al Luna Park -y ya Astor venía diciendo que esta obra era una bomba, un misil-, me dice "por qué no te mandás hacer una tarjeta que diga "Horacio Ferrer. Autor de Balada para un loco "; te va a servir para toda la vida..." Sin embargo, hubo un momento en que los tres dudaron en presentarla en el concurso organizado por la entonces Municipalidad de Buenos Aires y que premiaba con 7500 dólares la canción ganadora.

Pero el tándem creativo pudo sobreponerse al primer temor. Volvieron a releer la pieza y se dejaron influir por una película anglo-francesa estrenada un par de años antes, "Rey por inconveniencia", dirigida por Philippe de Broca y protagonizada por Alan Bates. La historia, que trascurre en la Primera Guerra Mundial, narra lo que sucede cuando todos abandonan un pueblito francés amenazado por la llegada de las tropas alemanas, excepto los habitantes del manicomio cercano, y son ellos mismos los que reciben a los desconcertados invasores. En especial, tomaron de allí "esa idea de locura a través del vals", dice Ferrer: "Era una idea bastante conocida, pero que en el tango era novedosa; eso fue el acabóse, había una bronca muy grande con esa obra, porque decían que tomaba irrespetuosamente un tema delicado como la locura. Finalmente, llegó el día del concurso".

Todo un bardo

Ferrer: -Ese día fue terrorífico. Hubo un jurado internacional maravilloso: entre otros, Vinicius de Moraes, Chabuca Granda; Francisco García Jiménez... Era más importante el jurado que todos los que estaban sobre el escenario, salvo Piazzolla, claro. Y se habían quemado las pestañas eligiendo durante diez días entre centenares de temas. Cuando habían terminado, "Balada..." tenía doce puntos y el otro tema ("Hasta el último tren", de Julio Ahumada y Julio Camilloni, e interpretado por Jorge Sobral), ocho; pero ahí hubo una matufia que hicieron algunas personas en contra de "Balada para un loco", porque no la querían.

Baltar: -Esa noche rompí el cierre del vestido de la tensión que tenía, había muchos que chiflaban y me insultaban mientras cantaba, y la gente de la platea no entendía nada y aplaudía más fuerte porque pensaban que era euforia. Al final, el premio se lo dieron a la otra canción.

Ferrer: -En todo caso, lo único que nos sacaron fue la plata del premio, no nos sacaron nada más. Porque después fue un éxito acalambrante... el éxito es el peor castigo.

Al lunes siguiente de terminado el festival, el disco simple ya estaba en las bateas; en su cara B traía "Chiquilín de Bachín". Esa primera semana se vendieron más de 200.000 y la polémica se fue extendiendo.

Baltar y Piazzolla llegaron a interpretarla hasta en el Borda, y todavía se recuerda el gran revuelo que se armaba entre los internados al escucharla.

Tal vez muchos factores se sumaron para esta marca que aún perdura. Entre ellos, la historia de amor y el modo en que era narrada; versos poderosos, memorables; una idea moderna de sentir la ciudad y, sobre todo, que es casi un himno contra la cotidianidad, la rutina. "Antimufa -dirá Ferrer-; esta obra es una especie de exaltación, especialmente para mí es un himno a la libertad de amar, a la bohemia..."

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?