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El último secreto de Gombrowicz

En Polonia, su país natal, acaba de ver la luz Kronos, misterioso cuaderno del escritor que pasó veinticuatro años en la Argentina; complemento escondido de su famoso Diario, las anotaciones del volumen revelan aspectos de su vida íntima; son, según anuncia Rita Gombrowicz, viuda del autor de Ferdydurke, las únicas páginas suyas que quedaban por publicar
Néstor Tirri
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16 de agosto de 2013  

Todo hacía pensar que la proverbial vocación de Witold Gombrowicz (1904-1969) de detonar polémicas era cosa del pasado. Por ejemplo, el hecho de que el Estado polaco hubiera erigido un Museo Gombrowicz en Wsola, en una mansión que había pertenecido a su familia, llevaba a suponer que el autor de Ferdydurke, unas veces glorificado y otras denostado, se había convertido finalmente en monumento nacional de su país, en incuestionable ícono de la cultura sacralizada.

Qué va, nada de eso. Desde su muerte, que sobrevino en julio de 1969 (pocos días antes de cumplir 65 años), fueron numerosas las reediciones en diversas lenguas de su producción narrativa y teatral (Cosmos, Transatlántico, El casamiento, Ivonne, princesa de Bourgogne y La seducción, por nombrar algunos de sus títulos) y muchas más las publicaciones de textos críticos o biográficos que abordaban al autor y su impronta literario-filosófica. Pero nada había movilizado tanto al mundo literario como la reciente aparición, en Polonia, de una suerte de síntesis autobiográfica hasta ahora inédita, distinta de su difundido Diario, esta vez íntima y reveladora de una privacidad que incluye su vida erótica, su bisexualidad y apuntes en código, además de múltiples encontronazos y éxitos profesionales: son algunas de las aristas más resonantes de Kronos, un volumen de 460 páginas por ahora sólo legible en lengua polaca.

"Me llevó muchos años decidirme a cederlo para su publicación", dice a adncultura Rita Gombrowicz, viuda del escritor, por teléfono, desde París. Y explica: "He cumplido 78 años, una edad en la que se empieza a sentir la necesidad de desprenderse de algunas cosas. Incluso superando el pudor, como ocurre con estas confesiones privadas. Tengo mucho afecto por mis amigos argentinos y por los lectores de ese país, porque fue el territorio donde Witold vivió y escribió, pero no sé cuándo llegará a publicarse esto en castellano, a pesar de que buena parte de lo que consigna Kronos son cosas vividas en la Argentina." Ya decidida a darlo a conocer, Rita demoró, no obstante, la impresión del texto, porque quería asegurarse la publicación de la obra completa de Gombrowicz, antes de la publicación de Kronos. Al parecer, habrían surgido algunas dudas respecto de alusiones personales y sobre la posibilidad de omitir los pasajes más íntimos. Finalmente el texto ha aparecido en su versión integral.

Con insólita frecuencia han aterrizado en Buenos Aires estudiosos que seguían los pasos del escritor en éste, su terruño de adopción, al que llegó en un trasatlántico en 1939 para quedarse hasta 1963, año en el que, con una beca de la Fundación Ford y en otro trasatlántico (el Federico C), partió a Alemania, de donde ya no volvería. Ahora mismo, por ejemplo, ronda por bibliotecas de Buenos Aires un becario polaco, Kacper Nowacki (Lódz, 1986), quien refiere a adncultura objetivos y detalles de su investigación, convencido de que "la Argentina es el lugar donde Gombrowicz creó la parte más importante de su producción". Y aclara que la aparición de Kronos en Polonia, hace menos de tres meses, lo sorprendió aquí, razón por la cual, en la necesidad de leerlo inmediatamente, debió comprar por Internet la edición electrónica del libro.

Un secreto bien guardado

Kronos fue publicado en mayo último por Wydawnictwo Literackie, de Cracovia, sello editorial que pertenece al grupo Libella. La cesión del original a una editorial polaca fue decisión de Rita, al cabo de un prolongado período de silencio: "Esos archivos permanecieron bien guardados, debajo de mi cama, durante 25 años", cuenta. Ante la aparición del libro, la prensa de Francia (país en el que residió Gombrowicz, tras su paso por Alemania, hasta su muerte) apeló a expresiones que revelan el impacto que Kronos produjo. Rita las menciona: "Le second journal de WG, cette fois-ci intime (‘el segundo Diario de WG, esta vez íntimo’), o bien, una lacónica pero elocuente calificación del volumen: provocation posthume". El carácter póstumo de la provocación gombrowicziana es, en verdad, uno de los rasgos más salientes del nuevo "diario" pero, sobre todo, de la intrínseca naturaleza de Witold, un espíritu revulsivo que sigue agitando el avispero a cuarenta y cuatro años de su desaparición física.

Según confiesa Rita, resultaba angustiante mantener el original en secreto, un texto que, como lo cuenta en su "Introducción" [ver aparte], ella había descubierto en 1966, en vida de Witold. Tal vez él mismo haya contribuido a rodear esos apuntes de un aura misteriosa y "sagrada", cuando le dijo que si llegaba a incendiarse la casa, salvara los manuscritos. Rita tenía unos amigos polacos que vivían en Italia, los Paczowski, Bodan y Maria; fue Maria Paczowska, la confidente de Rita, la primera en descifrar el texto polaco. "Yo tomaba apuntes en francés y después los tipeaba", apunta Rita. Pensó en hacer una fotocopia cuando viajó a la Argentina en la década del setenta "con una lista de preguntas para esclarecer los puntos oscuros de un texto a veces escrito en clave". Aquí la conocimos, ya entonces; aquí la frecuentamos y hablamos de su difunto esposo, pero ella nunca se atrevió a revelar la existencia del manuscrito.

Ahora Kronos ha visto la luz. Las hojas manuscritas, sueltas (sesenta y ocho, en total), se han convertido en un volumen profusamente ilustrado con fotografías y, cada tanto, con una página facsimilar del original y, sobre todo, con abundantes notas al pie de los curadores de la edición, Klementyna Suchanow y Jerzy Jarzebski. "Es un libro lleno de misterios, no literario", informa Kacper Nowacki, que avanza en una tesis doctoral sobre el erotismo en la obra de Gombrowicz. En efecto, lo que se despliega es un texto telegráfico, con notas a veces inconexas [véase recuadro], que cubren más de 45 años de la vida del autor. En la edición el libro está dividido en tres partes: Polonia 1922-1939, Argentina 1939-1963, Europa 1963-1969. "Para mí, la sección más interesante es la parte argentina, por sus alusiones a textos desconocidos, cuentos y artículos publicados en Buenos Aires que todavía no se conocen, y también algunas amistades hasta ahora no registradas, por ejemplo, con Héctor René Lafleur", comenta el joven Nowacki. Según él, no todo es atractivo para los lectores de su generación que no hayan frecuentado la obra del polaco. "Hay cosas que no se entienden si no se complementan –señala– con la lectura del Diario."

En el "flamante" libro hay un dato que modifica el registro biográfico del escritor: Gombrowicz revela aquí que en 1939 habló con el presidente de la compañía naviera del Chrobry (la nave en cuya travesía inaugural él había viajado desde Polonia a Buenos Aires) para comunicarle que había decidido quedarse en la Argentina. Esto significa que fue una elección deliberada. Hasta ahora siempre se habló de la circunstancia accidental por la cual el escritor quedó varado en Buenos Aires a raíz del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Pero no fue así. El viaje, al parecer, había sido estimulado por la familia Gombrowicz, que trataba de alejar del territorio polaco al joven autor, ante la amenaza de inminentes acciones bélicas. La nave llegó al puerto de Buenos Aires el 20 de agosto de 1939 y alrededor del 26 zarpó de regreso a Gdynia, el puerto polaco del que había partido. La guerra estalló oficialmente después, el 1º de septiembre, cuando los tanques nazis invadieron Polonia.

Otros apuntes hacen referencia a lo cotidiano, a veces con signos que requieren interpretación: "Vivo en Bartolomé Mitre 1555 = Av. de Mayo 1200". Es probable que el signo = aluda a "proximidad" y que en esa cuadra de la Avenida de Mayo haya visualizado un bar, el Iberia.

El registro minucioso, a manera de "diario", se verifica a partir de 1953, pero el autor, en una suerte de flashback, se remonta en sus recuerdos a 1922. El ordenamiento por el que optó el criterio de edición se remonta a esa fecha para el arranque del libro. En las décadas iniciales, las de la juventud de Witold, hay baches porque los recuerdos son discontinuos. A partir de 1953, en cambio, el registro es puntual, porque ése fue el año en que comenzó a llevar este "diario". Por ejemplo, cuando cae Perón, en septiembre de 1955, describe el acontecer día por día, hora por hora: "A las 18 dieron un comunicado oficial por la radio".

Hay referencias a su trabajo en el Banco Polaco, con un cierre triunfal cuando logra dejarlo, porque comienza a poder vivir de su literatura ("Por eso 1955 es el año más feliz de mi vida"). Así es que todo el período argentino es presentado con luminosidad. De 1963 en adelante –esto es, la parte europea de su telegráfica autobiografía– aparecen no pocas desventuras (algunas, vinculadas con la publicación de sus obras) y una constante preocupación por el asedio de las enfermedades, con el consiguiente presentimiento de la muerte.

Erotismo y producción literaria

De su vida erótica, Gombrowicz consigna datos de todas las épocas y de todas las ciudades por las que pasó. Los años de Varsovia, los de iniciación literaria en los cafés de los años treinta, dejan ver una profusión de "muchachas en flor", proustianamente hablando. Más adelante, en la Argentina, en cambio, las menciones de amantes tienen la forma de un catálogo, con preponderancia masculina ("jueves-Jaime / sábado-Jorge", etc.). Los nombres son incontables y no siempre queda claro si son meras conexiones amistosas o si se trata de encuentros eróticos.

Enumera cómo, después de abandonar Buenos Aires, llegó a Barcelona, pasó a Niza y de ahí a París. Vio a Jerzy Giedroyc, el legendario director de Kultura, la revista de emigrados polacos donde aparecieron los primeros textos de W. G. en su regreso a Europa. Pero antes de partir, registra en Kronos un hecho literario importante: "[1960] Le digo adiós a Pornografia" (sin acento, porque es el título original en polaco). Concluyó la redacción de la novela y la envió a París, y ese mismo año se publicó en Kultura. Después, en 1962, en Julliard, la editó Maurice Nadeau, el célebre crítico y erudito que murió hace escasos dos meses, a los 102 años. "Un ejemplar de esa edición estaba en la biblioteca de Alejandra Pizarnik, con anotaciones marginales de ella", informa Kacper Nowacki.

Unos años más tarde, el poeta catalán y editor Gabriel Ferrater la tradujo al castellano y la novela se publicó en Barcelona, pero España vivía bajo el franquismo, y la rispidez que el título original podía provocar en los funcionarios del régimen lo hacía irreproducible. La editorial Seix Barral, limitada por la censura, optó por lo que sonaba más atractivo: La seducción. El inolvidable Enrique Pezzoni, a la sazón secretario de redacción de la revista Sur, estimó que ya era tiempo de reconciliar el genio irreverente de ese polaco que exaltaba "lo inacabado, lo imperfecto, lo bajo" (así lo declara en el prólogo de La seducción) con la formalidad y el ascetismo british del grupo que lideraba Victoria Ocampo, que lo había rechazado, y confió a quien escribe estas líneas una extensa reseña bibliográfica de la novela, que se publicó en el número 314 (septiembre/octubre de 1968).

De este modo, El Witoldo (así rebautizado por los "Tandil Boys"), que había chocado y polemizado con algunas cabezas de Sur, un año antes de su muerte se enteró de que, en la lejana Buenos Aires, había ingresado en la inmensa lista de escritores del catálogo de la prestigiosa revista. Para entonces, ya hacía tiempo que –según lo señaló Jorge "Dipi" Di Paola, uno de sus discípulos tandilenses– el escritor venía construyendo "el mito Gombrowicz".

Ahora, en una vuelta de tuerca más de ese mito que continúa alborotando el avispero, surge Kronos. "Me gustaría que, ahora que me decidí a entregar el texto, el libro sea considerado en los márgenes de lo literario, y contribuya al conocimiento de ese hombre al que seguimos amando, un escritor que se llama Witold Gombrowicz, y no a provocar una situación de escándalo", dice Rita. Sin embargo, como suele ocurrir en el terreno del arte y de las ideas (de Alma Schindler Mahler al Che Guevara, pasando por Ernest Hemingway y Hannah Arendt), el mito que alimenta una vida apasionante suele imponerse a su obra. Será difícil, pues, y a pesar de la devota dedicación de Rita, que el "nuevo" libro de Gombrowicz genere apreciaciones que se ajusten al estricto orden de lo literario.

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