Desde Haedo, un llamado al país contra la inseguridad

Cansados de los crímenes, vecinos de esa ciudad de Morón distribuyen carteles y organizan una prevención comunitaria
Valeria Musse
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29 de agosto de 2013  

Un cartel que simula ser la bandera argentina y que tiene impresa la leyenda "Basta de inseguridad" decora decenas de casas y comercios de Haedo, en el oeste del conurbano. Pegado a la ventana o sujeto a las rejas, el letrero se convirtió en el emblema de los vecinos que, preocupados, buscan que su reclamo se extienda a todo el país, como una sola voz.

"Los políticos cuelgan cartelitos para que los votemos... Nosotros hacemos lo mismo para que ellos se ocupen de nuestros problemas", ironizó Franco Servidio, uno de los impulsores del proyecto. Tanto él como sus vecinos no quieren ser protagonistas en la historia: su deseo es que todos los argentinos se apropien de la demanda y copien la medida.

La pancarta lleva, en un extremo, una cinta negra de luto en homenaje a las víctimas de la inseguridad. "Es la primera preocupación de la gente", recalcaron, una y otra vez y casi al unísono, estos habitantes de Haedo que participan de la iniciativa.

Carmelo Tedone fue enfático al explicarlo: "Los carteles no tienen que colgarse en la vía pública, sino en cada hogar, en cada comercio y en cada institución. Unión ante un mismo problema". Los vecinos que encabezan la medida contaron que ya distribuyeron unos 40.000 carteles y que es posible verlos también en ciudades como Mar del Plata y Bariloche.

Basta con recorrer Haedo para advertir que el miedo a ser la próxima víctima modificó los hábitos de los vecinos de esta ciudad del partido de Morón. Las alarmas comunitarias, a lo largo de decenas de cuadras, ya no sólo sirven para alertar ante un posible hecho delictivo. Muchos vecinos las hacen sonar para advertir "que están atentos". El ensordecedor ruido forma parte de la cotidianidad.

El garaje de la casa de Servidio se transformó en un depósito. Su mujer y él prefieren dejar el vehículo estacionado sobre la vereda antes que correr el riesgo de ser sorprendidos por delincuentes al momento de resguardar el rodado.

Ese temor constante llevó al único hijo de Abel Socca, de 37 años, a tomar una radical decisión. Después de decirle a su padre "no aguanto más", el 29 de mayo, Fernando se mudó con su familia a Irlanda. "Le pregunté por qué lo hacía; si estaba seguro", relató Socca a LA NACION. La respuesta no podía ser más clara: "Por esto", le dijo Fernando, al tiempo que le mostraba el famoso cartel de "Basta de inseguridad".

Este ingeniero en sistemas estaba tan estresado, tan alerta por cuidar a su familia, que sufría de problemas de salud. Pese a que tenía garaje en su vivienda, optaba por estacionar el auto a 80 metros de su casa. Sus hijos, de 3, 6 y 10 años, nunca habían podido jugar en la vereda de su casa. "Ahora han cambiado su estilo de vida", resaltó su padre.

La iniciativa tiene un hito. El 1° de abril, la inseguridad segó la vida de Luis Rodas, de 38 años. Este vecino de Haedo murió de un tiro en el pecho, cuando intentó evitar que delincuentes ingresaran en su casa, donde estaban su mujer, Gladis Costas, y su hija de 14 años. Los proyectos familiares de comprar una casa y la fiesta de 15 de la adolescente quedaron silenciados para siempre.

Rodas, empleado metalúrgico, había salido para guardar el auto, un Renault Clio, y fue abordado por delincuentes que le exigieron las llaves del auto. Se las dio, pero no bastó. Los delincuentes quisieron entrar. "Él siempre me decía «flaquita, si alguna vez me aprietan en la puerta no los voy a dejar entrar. Si escuchás algo no abras»", recordó Gladis a LA NACION. Cumplió, y lo balearon. Agonizando, le decía a su mujer, que estaba asomada a la ventana, que no abriera. Los delincuentes huyeron. Después del crimen, Gladis se mudó a lo de sus padres, a dos cuadras de donde ocurrió "el hecho". Desde entonces los vecinos se están organizando para instalar la alarma comunitaria y botones antipánico.

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