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Antígona sensual

Verónica Chiaravalli
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30 de agosto de 2013  

Dos actrices y dos actores es todo lo que hay en escena. En los próximos cincuenta minutos serán Antígona e Ismene, Eteocles y Polinices; Creonte, su mujer y su hijo; Tiresias, el mensajero y el coro. Pero también la caverna donde Antígona se dará muerte, el lazo del que penderá su cuerpo ahorcado, las columnas del palacio que flanquearán a Creonte cuando se dirija a los ciudadanos de Tebas. Teatro físico es la propuesta de Yamil Ostrovsky para su versión de Antígona (en El Portón de Sánchez; la última función será mañana), y aunque la fórmula pueda parecer redundante (de qué otra manera que no sea física se escenifica el teatro) no lo es. El uso del cuerpo humano se extrema, en este caso, al punto de volver prescindible todo otro objeto. Se trabaja sin elementos escenográficos. La escenografía surge, inmaterial, de la relación de los cuerpos con la luz de la sala y la imaginación del espectador. Los intérpretes se desdoblan en sujeto y objeto. Mientras comprometen la expresividad del rostro y la voz en sus parlamentos (los textos de la tragedia clásica condensados para esta versión), torso, brazos y piernas adquieren la calidad de los espacios donde ese parlamento tiene lugar, de los objetos a los que el discurso refiere. Los cuerpos se objetivan sin cosificarse y se convierten en el territorio de la acción, que no necesita escenario.

Los distintos cuadros dramáticos que se van sucediendo evocan el modo en que se organizan líneas y planos en la pintura neoclásica. Los espacios del palacio y las situaciones que transcurren en él son representados con profusión de rectas, ángulos y simetrías. En los momentos culminantes de la acción trágica, los cuerpos se tensan o se desmadejan en curvas y torsiones que los separan o los acercan hasta fundirlos en una masa doliente. En el libro El cuerpo en el Teatro Sanitario de Operaciones , la investigadora y docente Jackie Miller distingue entre "cuerpo ordinario" y "cuerpo extraordinario". El ordinario es funcional a las acciones que requiere la vida diaria. El extraordinario "es aquel que se desarrolla a partir del entrenamiento consciente de sus cualidades y calidades de respiración, movimiento, traslación, sonoridad para constituirse en medio de construcción artística".

La pieza de Ostrovsky hace hincapié en la juventud y la rebeldía de Antígona, capaces de provocar el desmoronamiento del sistema al que se opone. Pero desde la obra de Sófocles hoy también nos interpela Ismene, que aconseja a su hermana no levantarse contra Creonte. Y no lo hace por cobardía (o porque Creonte no lo merezca), sino porque el soberano encarna la ley de los hombres. Un conmovedor sentido laico de lo sagrado la anima cuando dice: "Nací incapaz de obrar contra los ciudadanos".

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