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Un abrelatas y muchos economistas a los que se les termina la teoría

Sebastián Campanario
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8 de septiembre de 2013  

"Supongamos que hay un abrelatas", dice el chiste sobre el economista que se quedó varado en una isla desierta y que sólo tenía para comer alimentos enlatados. Por estos días, la teoría económica está siendo atacada por una artillería más pesada que la de las bromas clásicas de la profesión. Hay académicos de renombre que proclaman, en forma provocativa, "el fin de la teoría" con un dato cuantitativo difícil de refutar: en las revistas especializadas, la cantidad de estudios teóricos cae en picada, mientras que los trabajos empíricos o experimentales, con "datos reales", están en pleno auge. Entre los economistas argentinos el fenómeno también es marcado: una recorrida por los trabajos presentados en las últimas reuniones anuales de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP) muestra exactamente la misma tendencia.

Las "balas de tinta" contra la teoría económica -o "balas de bits", o de lo que sea el material del que están hechas las palabras en los monitores, en este caso, porque la discusión se dio en blogs y medios on line- arrancaron con un artículo muy comentado de Noah Smith, un joven profesor de finanzas que vive en Long Island y alimenta con muy buenos posteos su sitio "Noaphinion" (ahora se tomó un semestre sabático de blogueo y dejó en su lugar a media docena de colegas). Smith apela a un trabajo que releva los tipos de estudios publicados en revistas especializadas entre 1963 y 2011 -centenares de miles-, y allí se ve que los textos teóricos eran más de la mitad en las primeras décadas, y llegaron a un pico del 57,6% en 1983. En ese mismo año, las investigaciones empíricas apenas superaban el 35% y los papers experimentales no llegaban a 1% (el resto estaba en la categoría de "teoría con simulaciones").

A partir de 1987 comienza el tobogán de la teoría económica. Los estudios de este tipo bajan a 32% del total en 1993, a 28% en 2003 y a 19,1% en 2011. Dos años atrás, el segmento estrella es el de investigaciones empíricas con datos propios (34%), seguido por el de las empíricas con datos prestados (29,9%). Los trabajos que describen experimentos ya ocupan 8,2% del "ancho de banda académico", mientras que los teóricos con simulaciones están apenas por encima, con 8,8 por ciento del total.

"La teoría está casi muerta", le dijo una vez, entre copas, Tyler Cowen -el autor del best seller El gran estancamiento - a Smith, "nada grande ni importante está surgiendo de la teoría en estos días". En su libro Una mente brillante , la biografía del experto en teoría de los juegos John Nash, la escritora Silvia Nassar hace una disquisición similar al hablar del derrotero de los premios Nobel de Economía en los últimos 10 años: "Da la sensación de que todos los que merecieron ganarlo ya lo hicieron", y por eso la Academia sueca últimamente elige dar galardones compartidos, como si hicieran falta dos o tres desarrollos teóricos del presente para igualar a uno del período de los setenta u ochenta.

"Vayan y agarren estudios de los setenta y se van a sorprender de lo desconectados que estaban de la realidad -sigue Smith-. Un montón de trabajos gastaban páginas y páginas para tratar de explicar cuestiones de matemática muy abstracta y cero tiempo en discutir si el modelo propuesto podía testearse de alguna forma contra datos de la vida real."

¿Cuál fue el meteorito que impactó contra el planeta de la teoría económica a mediados de los ochenta e hizo extinguir a los viejos dinosaurios? Smith arriesga que los trabajos de Daniel Kahneman y de Richard Thaler, que desde la economía del comportamiento mostraron que el proceso de decisión no es racional, como suponía la economía neoclásica, tuvieron mucho que ver, al igual que los de Vernon Smith (que reveló que aun mercados muy simples no se comportaban en la forma que muchos economistas habían asumido durante décadas) o de Colin Camerer, que se puso a escanear cerebros para dilucidar los misterios de la "caja negra" del proceso de toma de decisiones en economía.

También influyó la revolución de las computadoras y de Internet, que hicieron que el universo de datos se volviera de pronto infinito (y gratuito) para disparar todo tipo de investigaciones empíricas. En su blog de The New York Times, Paul Krugman retomó la discusión y acordó con la tendencia general marcada por Smith, aunque no le asigna a la economía del comportamiento un rol tan importante.

¿Qué está sucediendo en la Argentina? A nivel local, la muestra más amplia para sondear "en qué andan los economistas" (académicos) es la de los trabajos presentados en las jornadas anuales de la Asociación Argentina de Economía Política (AAEP), que en 2013 tendrán lugar en noviembre en la ciudad de Rosario. A pedido de la nacion, Walter Sosa Escudero, presidente de la AAEP y profesor de la Universidad de San Andrés, investigó algunos hechos estilizados de la evolución de los estudios económicos argentinos en los últimos 20 años. Entre ellos:

Mandan los datos: Hay, efectivamente, cada vez menos teoría en las investigaciones locales. En 1992, hubo un solo trabajo basado en microdatos, es decir, obtenidos sobre la base de encuestas. Por el contrario, en 2012, el análisis puntilloso de datos a nivel individual "es el juguete de moda". Aplicado a temas de desigualdad, decisiones laborales, patrones de consumo. "La econometría tiene ahora una presencia mucho más visceral", marca Sosa Escudero. En términos relativos, los trabajos abstractos y teóricos ocupan un lugar mucho más pequeño en las reuniones de la AAEP.

Más micro, menos macro: Hace 20 años, los encuentros de economistas de la AAEP estaban signados por la macroeconomía. La inflación, la estabilización, los regímenes cambiarios y las políticas de endeudamiento eran los temas dominantes, casi exclusivamente. Por el contrario, las últimas reuniones "gritan micro", dice el profesor de la Udesa, que además será orador en la próxima charla TEDxRíoDeLaPlata. Los temas de pobreza, economía de la educación, criminalidad o medio ambiente conviven con los tópicos clásicos de la profesión, como el crecimiento o el desempleo. "Un «no economista» entiende menos los títulos de los trabajos en 1992. ¿Ha perdido relevancia y ambición la profesión? ¿O ha dado un salto de madurez y ahora está más focalizada?", se plantea el académico.

"Freakonomización" y "descoyunturalización": Mirada a 2012, la profesión parece más desacartonada. "Los temas de 1992 eran decididamente económicos. Los de 2012 se codean con los límites de la disciplina, notándose claramente las interacciones con la ciencia política, la educación, la sociología, la ingeniería o el derecho", dice Sosa Escudero. El temario de los últimos encuentros también es elíptico en lo que se refiere a las cuestiones coyunturales, todo lo contrario de lo que pasaba 20 años atrás. Viendo los títulos de los papers de 1992 es relativamente fácil darse cuenta de lo que estaba pasando en la Argentina en ese momento (con trabajos que directamente planteaban si había que flexibilizar la convertibilidad). En la actualidad, eso no sucede en forma tan clara.

(Hay que escribir un buen chiste-párrafo de cierre, para terminar la nota, pero no se me ocurre ninguno. Ya está: supongamos un remate insuperable).

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