"Ninguna batalla la gané por ser Piazzolla"

En la cancha de River, el sonido de los bombos y platillos de las tribunas comenzó a despertar su pasión por la batería; el nieto de Astor hoy lidera la banda de jazz que logró un éxito sin precedente
Franco Spinetta
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8 de septiembre de 2013  

Daniel Pipi Piazzolla (41) sabe que su apellido es muy grande para la música y que su condición de nieto del mítico Astor lo obliga a un plus. "Sé lo que tengo que hacer para estar tranquilo: romperme el alma ensayando, estudiando y practicando." Pipi es baterista ("un obsesivo del instrumento", se define) y líder de la banda de jazz Escalandrum, que lleva 14 años, 7 discos y un Gardel de Oro por Piazzolla plays Piazzolla, editado en 2011. Este año, luego de alcanzar una difusión inédita para una banda de jazz local –ventas récord para el rubro y giras por el interior y el exterior–, Escalandrum ha vuelto a las bateas con su primer disco en vivo, cuyo título resume el último año de la banda: Vértigo.

Toda búsqueda insume bastante de perseverancia, otro tanto de obsesión y un momento concreto de vertiginosidad: ese momento en el que la cosa fluye en una dirección precisa y colma las expectativas de la creación. Pero también, la búsqueda tiene un comienzo. Pipi posee un nítido recuerdo de ese instante: "Cuando tenía 6 años, mi abuela me regaló un tecladito naranja. Es muy loco, pero enseguida empecé a tocar de oído las publicidades de la tele. Le dije a mi papá que quería tocar el piano. En ese momento, al estar estudiando piano y llevar el apellido Piazzolla, me hacía sentir especial en algún punto".

Pipi pasó gran parte de su infancia con los músicos de la banda que acompañaba a su abuelo, donde su padre, también Daniel, tocaba el piano. "Me acuerdo de una temporada entera en Mar del Plata, en la que todos los músicos de la banda convivían como en una gran familia. Hay fotos en las que Astor está jugando al voley en la playa. Yo andaba todo el tiempo con ellos."

Estudió cinco años de música clásica en piano. "No lo digo de agrandado, pero me resultó fácil y me aburría, los profesores me retaban porque tocaba de memoria", cuenta. A los 13 dejó: no quería saber más nada con la música. Empezó a jugar al rugby en Los Pinos de Del Viso. "Me mandaron de win, después de medio scrum. Yo era muy chiquitito, por eso me llaman Pipi. Me nombraron capitán y todos me cuidaban."

Durante un partido de su querido River Plate contra Unión de Santa Fe, le prestó atención a la murga de la hinchada: bombo, tambores, platillos. Desde entonces empezó a ir todos los fines de semana a la cancha y se la pasaba mirando y escuchando a la tribuna. El flechazo definitivo que selló su amor por la batería se produjo en un recital de Rod Stewart, en el Monumental. "En un momento llegó el solo de batería. Ahí me di cuenta de todo: un único tipo ejecutando todos los instrumentos de la murga. Eso era lo mío." Esa misma semana, su papá lo mandó a estudiar con un amigo suyo, el percusionista Rolado El Oso Picardi. "Desde el primer día me volví loco. Me acuerdo cuando abrí la bolsita de mi primer par de palillos y sentí el olor de la madera. Pero estuve todo el primer año estudiando sin batería: ponía las guías de teléfono, las sillas, le pegaba al piso."

Astor se enteró de que al nieto le apasionaba la batería, pero le faltaba el instrumento. "Un día me invitó a su casa a tomar el té. "Tomá, Feliz Navidad", me dijo. Eran 1400 dólares, que me alcanzaban para comprar la batería de mis sueños, una Pearl Export que miraba todos los días en una vidriera. Me dio el sobre con la plata un sábado y tuve que esperar hasta el lunes para comprarla…, ¡caminaba por las paredes!"

¿Tu apellido nunca se transformó en ahogo?

Jamás. Siempre lo llevé con orgullo y naturalidad. Porque la verdad es que es un apellido muy grande para la música. Pero bueno, mis viejos me supieron acompañar muy bien: si querés lo hacés, si no, no. Estando en una familia de músicos y viendo lo bien que la pasaban, obviamente quería ser músico. Porque no es como en aquellas familias donde el padre está todo el día afuera trabajando.

La relación familiar con Astor, ¿cómo era?

Él viajaba mucho. Las típicas reuniones eran con la parte materna de mi familia. Se ponían a cantar canciones italianas y lloraban. Esa emoción por la música fue muy importante para mí. Pero que todo el mundo me preguntara por mi abuelo hace que uno se ponga a investigar por qué es tan famoso. Empecé a escuchar su música y me hice fanático de un disco grabado en vivo en el Olimpia de París en el que mi viejo tocaba.

¿Y cómo se llevaba Astor con su propio mito?

No le importaba nada, se reía mucho. Le gustaba agredir para generar polémica. Era muy jodón. Cuando lo iba a visitar a la casa para hablar de música, él dejaba la puerta abierta y yo entraba pensando que no había nadie. De repente se aparecía a los gritos con una máscara del hombre lobo. Todo el tiempo era así, molestaba. Era medio como Ramón Díaz, que le gusta joder y que le respondan. Y si se llegaba a enterar de que alguno hablaba mal de él, le daba sin filtro. No estaba loco, lo hacía porque le gustaba la polémica.

Se divertía.

Él sabía lo que quería y tenía gente que lo bancaba. Creo que jamás se puso mal porque lo silbaran. Era un tipo que tenía mucha fortaleza. Se ponía mal por temas sentimentales, por las mujeres, pero nada más. Después iba para adelante con todo.

De tomar clases de batería un día por semana pasó a tres. Se despertaba a las 5 para practicar antes del ir al colegio. Y estudiaba libros de batería en simultáneo. Era un alumno destacado. Un día, Picardi le pidió (a modo de premio) que lo reemplazara en un ensayo de una banda. Los músicos le dieron a Pipi unas partituras y él entró en pánico: nunca había tocado de esa manera. Lo trataron muy mal: "Pibe, todavía te falta, dedicate a otra cosa", le decían. "Fue terrible, estaba tan mal que me fui y hasta me olvidé el bombo en la sala de ensayo. Pensé en dejar de tocar", asegura.

Podría haber cambiado tu vida.

Ja, sí. Soy sensible al maltrato. Pero a los pocos días estaba leyendo una revista especializada en baterías y veo un anuncio sobre un curso intensivo en los Estados Unidos. Era justo lo que necesitaba para las falencias que tenía. Mandé una carta y un casete con grabaciones mías. Al tiempo me respondieron que me aceptaban en el mejor nivel. Pero en mi casa la cosa económica andaba mal. Había que pagar 6 mil dólares.

Era 1991. Pipi se fue a Estados Unidos con una presión extra: su viejo había hipotecado la casa para pagarle los estudios y, a su vez, sabía que su apellido no pasaría inadvertido. El primer día de clase en Los Ángeles, tomaron asistencia y el profesor le hizo una pregunta. Pipi no entendía mucho inglés, entonces lo chequeó con un puertorriqueño que estaba a su lado. "Pregunta si tienes algo que ver con Astor Piazzolla", le dijo su compañero. "Respondí que sí, que era el nieto, y el profesor no sólo pidió que me aplaudieran, sino que me alabaran. Fue una locura." Ese año comenzó a sentirse un profesional.

¿Ahí empezaste a coquetear con el jazz?

Yo estaba más en el palo rockero. Aunque ya venía escuchando algo de jazz, como Four & More, de Mile Davis. Comprendí que debía tocar eso. Mi abuelo me decía que para tocar bien, hay que conocer bien y estudiar la raíz del instrumento. Si la batería nació con el jazz, entonces tenía que tocar jazz. En ese ritmo es donde mejor suena, tiene mejor ritmo. Es un instrumento que, si lo sabés manejar, suena mucho mejor.

¿Al regresar de EE.UU. empezó tu carrera en la música?

Sí. A las dos semanas me llamaron para reemplazar al baterista de la orquesta estable de ATC. Era para el Festival OTI de la Canción, en vivo para toda América latina, y había que arreglar los temas en el corte, en 3 minutos. Me alcanzaron una partitura que no la podía leer ni Dios. Entonces lo encaro al maestro Marzán, pianista famoso y de oficio, y le digo: "Esto no lo puedo tocar". Me mira y me dice, canchero: "Chacarera, pibe" Ahí me di cuenta de lo importante que es la experiencia. Cuando terminamos, vino el cantante, un venezolano gigante, y me dijo: "Buenísima la interpretación de la partitura".

También empezaste a tocar con tu papá.

Sí, mi viejo había armado una orquesta para hacer homenajes a mi abuelo. Estaban Julio Pane, Horacio Ferrer, Raúl Lavié, Fernando Marzán, Arturo Schneider. Tocábamos todos los miércoles en San Telmo. Ahí empecé a ganar algo de plata y me fui comprando por partes la batería. Después armé algunas bandas, como la Guisti Funk Corp, con Alejandro Guisti. Nos fue muy bien en el circuito under, vendimos bastantes discos. Hacíamos funk instrumental. También formé Clave Latina, Latinaje.

Había más sorpresas en el derrotero musical de Pipi. Una vez lo invitaron a tocar folklore. Aunque jamás había usado el bombo legüero, dijo que sí. "En el primer ensayo entra un tipo desesperado pidiéndonos ayuda: era Fabián Matos, para hacer de soporte de la Negra Sosa en el Luna Park. Y yo tocando folklore sin bombo", recuerda. La noche después del primer Luna, Pipi se encontró en su casa con un mensaje de Lito Vitale, que quería probarlo. "A los 15 días estaba haciendo tres Coliseo con Vitale, Malosetti. ¡Una locura! Un vértigo tremendo."

Pipi explica que su formación es una mezcla en partes iguales de academicismo y calle: "Compraba la revista Segunda Mano y me iba a probar a cualquier banda que necesitara baterista. Bandas de cumbia, cualquier cosa. Yo necesitaba continuidad. He tocado en cada lugar… Eso me dio oficio".

Un poco tu vida fue así, una búsqueda constante.

Es que, por ejemplo, a Vitale poco le importa que yo sea el nieto de Astor. Si no puedo tocar su música, que es difícil, no le sirvo. A su vez, al ser Piazzolla tenés el riesgo de que no te llamen, porque piensan que les vas a cobrar caro… Qué sé yo. Me tuve que hacer de abajo. Ninguna batalla la gané por ser Piazzolla. Hubo gente que me trató mal, la presión de tener que estar a la altura del apellido no es joda. Mi papá hipotecando la casa, mi abuelo comprándome la batería. Esto, por otro lado me deja tranquilo. Sobre todo por Escalandrum, que fue quemando las etapas con tranquilidad. Recién 12 años después de haber surgido, hicimos un homenaje a Piazzolla. Y eso que yo tengo acceso a las partituras, pero queríamos afianzar el sonido, que sea más urbano.

Lo podrían haber hecho antes para ganar repercusión.

Con el riesgo de que te salga mal.

¿Escalandrum es hoy la banda que pensaste que iba a ser?

Siempre supe que iba a ser un grupo para toda la vida. Nosotros nos juntábamos en un bar de Palermo, Malas Artes. Ahí conocí a mi mujer. Éramos un grupo de músicos que después de tocar nos juntábamos. Había mucha afinidad musical, empezamos a hacer cosas juntos. En Año Nuevo del 99, decidí armar el grupo para tocar la música que nos gustaba. El primer disco se llamó Bar Los Amigos y hacíamos latin jazz y funk. El segundo fue Estados alterados, justo después de la crisis de 2001. Fue un momento bisagra. La mitad de los músicos se fue a vivir afuera. A nosotros nos agarró una especie de nacionalismo y empezamos a mezclar ritmos nuestros. Mezclamos ritmos de milonga, tango. Encontramos la vuelta para que suene jazzero, pero con otras referencias de manera implícita, no es que agarramos el poncho.

¿Por qué ahora un disco en vivo?

Porque no conseguimos estudio, ja. Era fin de año, habíamos estado de gira. Preparamos el material en 15 días e hicimos 2 shows la misma noche. Salió espectacular. Queríamos grabar algo para salir con material nuevo este año. Yo sentía que después de ganar el Gardel de Oro no podíamos estar mucho tiempo ausentes de la escena. Primer disco en vivo y el audio es increíble.

Pipi goza de un reconocimiento ganado a fuerza de caminar los escenarios y de probar todo lo necesario hasta dar en el clavo. La búsqueda dio su frutos, sin descansar en su apellido, pero tampoco esquivando la historia que pesa sobre su espalda.

¿Qué te produce la vigencia de la obra de tu abuelo?

Es una emoción muy grande. Tengo la suerte de viajar por el mundo para tocar y ves a tipos tocando su música en la calle para pedir monedas. En Rusia, por ejemplo, usan sus canciones en los jardines de infantes para tranquilizar a los chicos. Es grande, viste. Muy grande.

¿En qué cosas te sentís un Piazzolla?

En todo. Soy Piazzolla desde que nací. No soy un genio como mi abuelo, pero yo soy un Piazzolla de pura cepa, ciento por ciento.

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