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Dolarización: una osadía con costo político

Las desventajas de la medida son mucho mayores que sus beneficios.
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21 de noviembre de 1999  

Desde la devaluación de Brasil, el presidente Menem propone la dolarización de la economía argentina. En un documento de mayo último señaló: "La esencia de la propuesta argentina es la asociación monetaria con los Estados Unidos, como paso previo a una futura Unión Monetaria Americana".

La primera consideración es determinar si la iniciativa es conforme con el interés nacional y necesidades de la Argentina. El que afecte la soberanía es relativo, pues se cede una porción de soberanía cuando, por ser conveniente, se ingresa en los organismos internacionales y nos comprometemos a actuar conforme a sus reglas. Una dolarización exigiría una reforma constitucional pues el artículo 75, inciso 11, no autoriza a disponer la caducidad de la moneda.

Razones que impulsaron a proponer una dolarización: que luego de ocho años de convertibilidad nuestra moneda no es confiable; que no ha desaparecido la posibilidad de una devaluación, y que ante la eventualidad de insolvencia y crecimiento del riesgo país se ha generado una mayor tasa de interés por el capital. Por ello se propuso profundizar la convertibilidad mediante la dolarización.

Consecuencias de una dolarización: 1) pondría fin al monopolio de emisión de moneda por parte de nuestro país, desapareciendo ésta; 2) pondría fin a las devaluaciones de nuestra moneda, pero tendríamos un dólar de valor flotante, se mantendría la incertidumbre sobre el valor de cambio de la moneda; 3) la tasa de inflación argentina se decidiría en Washington conforme con la política monetaria de Estados Unidos; 4) perderíamos el señoreaje, que sumaría aproximadamente US$1200 millones, importante en momentos de recesión, disminución de exportaciones y déficit en la balanza comercial; 5) nos impediría ejercer una política monetaria propia, sometiéndonos a la política monetaria norteamericana, que sólo tiene en cuenta sus propios intereses; 6) el Banco Central de la Argentina perdería el poder para intervenir en casos de crisis en su función de prestamista de última instancia y el instrumento económico de la tasa de cambio; 7) la Argentina debería concurrir al mercado norteamericano para comprar dólares en caso de crecer su demanda de dinero; 8) de ocurrir en la Argentina una productividad mayor que la de Estados Unidos perderíamos la posibilidad de que con la convertibilidad la moneda argentina pudiera revaluarse, como asimismo, en caso contrario, romper la paridad fija y tener la opción de devaluar.

En relación con el Mercosur, una dolarización unilateral de la Argentina tendría un efecto altamente negativo, particularmente en Brasil. Es cierto que existe asimetría, la más grave, en política cambiaria en el Mercosur y los sistemas coexisten. Cardoso ha dicho que la Argentina entenderá "que es mejor evitar la dolarización y continuar con la integración con Brasil". ¿Es de nuestro interés hacer tambalear, aún más, el Mercosur?

Ejercicio académico

Con respecto al ALCA, una dolarización continental exigiría el acuerdo de 34 países. Nunca se ha mencionado en las negociaciones para el ALCA la posibilidad de la Unión Monetaria Americana. ¿Es que estamos haciendo de "punta de lanza" en esta materia? El ALCA, ¿es del interés nacional de la Argentina y común del Mercosur? Lo será si, como lo ha condicionado el Mercosur, se logra equilibrio en las negociaciones, si a toda apertura de mercado corresponde una apertura equivalente en otro mercado.

En EE.UU la inclinación general es dejar hacer, pero no fomentar la dolarización y no aceptar ningún costo financiero que pudiera acarrear. La dolarización no es la solución para nuestros problemas. Sí lo es la eliminación del déficit fiscal; un sistema impositivo justo, que promueva el desarrollo y desaliente la evasión; un régimen efectivo de control de bancos que ofrezca garantías al capital del inversor y seguridad jurídica. También es fundamental una política agresiva conjunta del Estado, productores y empresarios de promoción de las exportaciones, que no es gasto sino inversión productiva.

La propuesta de dolarización, con orientación a una dolarización continental, es un ejercicio académico que ha provocado distracción en el Mercosur en cuanto a las necesarias tareas de consolidación estratégica de ese bloque, que debería ser nuestra prioridad política y económica. Ha otorgado protagonismo internacional, con costo político, y no es solución para nuestros problemas de insolvencia y riesgo país.

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