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Reproches y frialdad, lo único que quedó del vínculo Scioli-Massa

No hablan desde el cierre de listas, cuando se frustró un pacto; sospechas mutuas
Mariana Verón
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30 de septiembre de 2013  

No hablan desde el viernes 21 de junio, cuando el diálogo entre ambos para formalizar un acuerdo se esfumó. Desde entonces, Daniel Scioli se convirtió en "el" jefe de la campaña kirchnerista y un pésimo administrador, y Sergio Massa pasó a ser, inesperadamente, un ingrato y traidor para los otros.

Los dos políticos que coquetearon con sellar el mayor pacto político en contra de la presidenta Cristina Kirchner se convirtieron en tres meses y medio en protagonistas de una historia que mezcla celos, traiciones, desconfianzas y, sobre todo, aspiraciones personales enfrentadas.

Después de aquel viernes en el que terminó todo contacto, desde ambos lados no hicieron más que subir el umbral de descalificaciones, hasta entonces ocultas, por lo menos en público. "No lo llamé ni tengo por qué hacerlo", se ataja Scioli cuando LA NACION le pregunta si volvió a hablar con Massa.

Para el gobernador, la mañana en la que lo recibió en su casa de Villa La Ñata antes de la presentación de candidatos, se trató de un "diálogo". Para Massa, de un intento de "acuerdo político". Más allá de las diferencias de interpretación de cada uno, aquel principio de negociación que había comenzado a las 8 de la mañana del jueves 20 de junio y se frustró 24 horas después, terminó por convencer a ambas partes de las sospechas y desconfianzas que se tenían.

Ya en frío, en el búnker del Frente Renovador dejaron de pensar que lo que frustró el acuerdo fue el miedo de Scioli a enfrentar a Cristina y hoy están convencidos de que lo único que buscó fue usar al tigrense para subirse el precio en su negociación con la Presidenta.

"Se cagó", había sido la primera reacción de Massa cuando Scioli le anunció que no estaba dispuesto a cerrar ningún tipo de pacto que los uniera a ambos y al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. Pero con el tiempo, y masticando bronca, la interpretación que hacen allegados al líder del Frente Renovador es bien distinta de la de entonces.

"Nos estuvo entreteniendo hasta horas antes y después se borró. Nos usó", despotrica uno de los armadores del massismo que participó de aquellos diálogos calientes previos al cierre de listas.

Ya no quedan dirigentes aliados al hombre de Tigre que piensen que lo que frenó a Scioli fue el miedo al Gobierno. Ahora los embargó la sospecha de que lo que buscó fue presionar a la Casa Rosada con romper para entonces negociar en mejores condiciones con Cristina Kirchner .

La bronca es mayor dentro del equipo de Massa porque ya habían cedido. En el supuesto acuerdo, Scioli tenía un lugar privilegiado: sería el líder a la hora de anunciarlo y tenía la prioridad en el camino a la Presidencia para 2015. ¿Por qué Massa le regalaría ese lugar? "Porque entonces no estábamos seguros de cómo nos iría", responden hoy, con la certeza del triunfo. "No se puede creer cómo nos mintió", se lamenta otro dirigente de Tigre.

La bronca

Del otro lado, en La Plata, el relato es bien distinto. "Massa es un ingrato, desagradecido, una cáscara vacía y un gorila", destila su malestar el jefe de Gabinete provincial, Alberto Pérez, ante LA NACION. Como Scioli, insiste en que el acuerdo nunca existió y que lo que hubo fue un diálogo. "Después de haberse garantizado el triunfo en 2007 y 2011 y de haberse visto favorecido por las políticas de este proyecto arma un frente para ganarle a Cristina. Es un desagradecido", abunda Pérez, que en los últimos días explotó un costado de lo más confrontativo hacia Massa.

En el relato massista, el jefe de gabinete provincial participó de aquellas negociaciones la mañana del jueves 20. En paralelo, esperaba de Carlos Zannini, mano derecha de la Presidenta, la respuesta a su propuesta, que finalmente no llegó. Con el portazo de Scioli, la campaña los separó definitivamente y el gobernador asumió un rol hiperactivo junto a Martín Insaurralde y la Presidenta.

El robo a Massa, que terminó con el calificativo de "pedazo de forro" de Malena Galmarini hacia el gobernador por las sospechas que plantó y el tibio repudio desde La Plata a las agresiones que sufrió la caravana matancera agigantaron las distancias.

Los contactos están cortados. Alberto Pérez se encontró de casualidad el jueves pasado con José Eseverri, intendente de Olavarría, y con José Ignacio de Mendiguren, ambos massistas, en un cóctel que organizó la embajada de Estados Unidos. Se saludaron fríamente y nada más.

Detrás del hielo entre ambos se mezclan dos proyectos presidenciales antagónicos. Para Massa, Scioli está acabado y cree que saldrá herido porque Cristina no lo elegirá como su sucesor. Envalentonado con el triunfo y las encuestas, lo imagina derrotado. Del otro lado harán todo lo posible por arruinar el destino político del tigrense y comenzarán el 28 de octubre la campaña por el interior del país para armar el peronismo en la lucha hacia 2015. El tiempo dirá si la relación seguirá el camino que tomó hasta ahora, sin retorno.

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