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Frenética gestión de Obama para evitar una parálisis administrativa

Esta madrugada vencía el plazo para acordar un presupuesto y evitar la suspensión de miles de trabajadores públicos; el presidente ratificó que la reforma sanitaria entrará en vigor
Silvia Pisani
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1 de octubre de 2013  

WASHINGTON.- Con la mirada puesta en el reloj, el presidente Barack Obama lanzó anoche su última presión sobre el Congreso, donde republicanos y demócratas no se ponían de acuerdo sobre el presupuesto y el país estaba bajo amenaza de caer en una parálisis de buena parte de la administración pública.

"La reforma del sistema de salud entrará en vigor y no hay marcha atrás", dijo el presidente, en una desesperada intervención desde la sala de prensa de la Casa Blanca. Luego, la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, aprobó un plan presupuestario que retrasaría durante un año la entrada en vigor de una parte clave de la reforma sanitaria, algo que el Senado y la Casa Blanca ya habían advertido que no aceptarían.

Obama parecía resignado a que el país cayera en la parálisis administrativa, pero reforzó la presión sobre los líderes de las bancadas republicanas y demócratas en ambas Cámaras.

Sólo quedaban horas para que la administración pública norteamericana se encaminara a un cierre de servicios no esenciales, por la sencilla razón de que no habría dinero para financiar su funcionamiento. Obama levantó el dedo para señalar responsables. No dio nombres, pero sí habló de "un grupo político" dentro del bloque republicano.

Aludió así al sector ultraconservador, alineado con el movimiento del Tea Party, que, para aprobar el presupuesto nacional del año próximo, puso como condición que se "retrase por un año" la entrada en vigor de la discutida reforma del sistema de salud, a la que, de paso, bautizaron despectivamente "Obamacare".

Pero, aún contra las cuerdas, Obama hizo lo único que pudo: rechazar lo que presentó como un "chantaje político", y ratificó que, contra viento y marea, el proyecto con el que quiere poner sello a su presidencia entra en vigor. Cueste lo que cueste.

De acuerdo con fuentes coincidentes, el precio podría ser cerca de 800.000 trabajadores públicos desprovistos de su sueldo de un día para el otro, así como un listado de reparticiones inactivas.

Las primeras en caer son parques nacionales y museos federales. Los servicios de salud pública esenciales seguirán funcionando, como así también los de justicia, aunque con recortes en materia de seguridad.

El dato judicial viene a cuento para la Argentina, pendiente de una resolución de la Corte Suprema norteamericana referente a los llamados "fondos buitre". Según recogió la nacion, el cierre de actividades ("shutdown", como se lo denomina aquí) no afecta al máximo tribunal.

No es la primera vez que una medida extrema como ésa afecta a este país. Ocurrió ya en 1995, durante el mandato de Bill Clinton. "El mundo no se vino abajo", recordó el ex presidente. Tampoco es la primera vez que amenaza a Obama, que en los cinco años que lleva en la Casa Blanca ya experimentó el mismo trago amargo por parte de la oposición republicana, que usa la política presupuestaria como ariete para lograr concesiones. Y lo que quiere ahora es que el "Obamacare" no entre en vigor.

La cuestión no parecía haber afectado mucho al gran público. Una encuesta del The Wall Street Journal reveló que más del 70% de la población "no comprende ni termina de saber" qué significa el nuevo sistema de salud ni cómo lo afecta.

"La administración tiene responsabilidad en el fracaso comunicacional sobre uno de sus principales logros políticos", dijo Martha Jensen, analista política de la cadena NTN24. La mirada obsesiva al reloj tenía un motivo: el cierre de servicios estaba previsto a la medianoche. Una constante de noticieros e informes políticos fue poner un reloj digital con el temporizador mostrando cuánto faltaba para la hora límite.

La jornada tuvo todos los componentes de un día de negociaciones. Las dos Cámaras del Capitolio rechazaron mutuamente proyectos con los que no estaban de acuerdo. El Senado, con mayoría demócrata, rechazó la norma elaborada por la Cámara baja, donde la mayoría republicana daba por aprobado el presupuesto, pero con una demora de un año para que entre en vigor el nuevo esquema de salud. "Esa es nuestra posición", dijo el responsable del cuerpo legislativo, el republicano John Boehner.

"Sería lastimoso que la irresponsabilidad de los legisladores lastime los progresos que estamos viendo en nuestra economía", retrucó Obama. "Un grupo dentro de un bloque en una de las dos cámaras del Congreso no puede paralizar a todo el gobierno sólo para volver a pelear el resultado de una elección", abundó.

Una de las estrategias es culpar al otro. El gobierno, a los republicanos por el posible cierre, y los republicanos cargaban las tintas por la "incapacidad" del gobierno de controlar el gasto. Para una mayoría de los norteamericanos (46%), un eventual cierre parcial de oficinas públicas sería responsabilidad de los republicanos, mientras que un 36% culpa al gobierno, según un sondeo de CNN/ORC.

Los mercados no veían buen final al asunto. Wall Street cerró en baja, convencida de que no habría acuerdo de salvación sobre la hora.

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