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Un túnel que divide: "El barrio se va a convertir en un ghetto", alertan los vecinos de Colegiales

Unas 50 personas cruzan este paso a nivel cada vez que llega el tren
Unas 50 personas cruzan este paso a nivel cada vez que llega el tren Fuente: LA NACION - Crédito: Matías Aimar
El viaducto de Lacroze y las vías del ferrocarril Mitre, a metros de la estación, está próximo a inaugurarse; la gente quiere conservar los pasos peatonales a nivel
Verónica Dema
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7 de octubre de 2013  • 13:31

Benito Cristófano, un tano de 70 años que hace 38 vive en el barrio de Colegiales, ocupó casi toda la vidriera de su farmacia con el plano de la obra. A cada vecino que se acerca le explica. Informa que el viaducto de Lacroze y las vías del ferrocarril Mitre, a metros de la estación Colegiales, los va a dejar sin los paso peatonal a nivel por los que circulan miles de personas por día.

"¿Y cómo vamos a hacer", le pregunta Hugo Carroli, relojero, de 63 años, cuando se acerca a conversar con Benito. Entonces, él lo acompaña unos pasos y se internan entre los montones de tierra y hierros y cemento donde trabajan los obreros de Autopistas Urbanas (Ausa) -una sociedad anónima, cuyo accionista principal es el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires-. Allí señalan, avanzan, retroceden, conversan. Benito le muestra lo que serán los nuevos pasos peatonales bajo nivel.

Uno es una escalera de un metro de ancho (1,20 menos las barandas); el otro, una rampa de un metro y medio (que quedará reducida a 1,30), ambos los conducirán dos metros bajo tierra. Por allí tendrán que transitar todas las personas que quieran cruzar por Lacroze más los pasajeros que lleguen con cada tren a la estación: 88 trenes por día pasan hacia cada lado y se calcula que, en promedio, unas cincuenta personas bajan cada vez que se detiene una formación.

"Pero quién hizo esto, el enemigo?, pregunta irónico y enojado Carroli. Siguen intercambiando ideas, van y vuelven al plano. No lo pueden creer. "Las escaleras son muy angostitas: cuando quiera subir y bajar un montón de gente no van a dar a basto. Además, te metés ahí y es una catacumba", dice. "El barrio se va a convertir en un ghetto". Empieza a pensar qué cosas hace "del otro lado". Necesita ir para la Avenida Cabildo para tomarse el subte y los colectivos y para cobrar la jubilación en el banco.

Benito Cristófano es uno de los promotores de las reuniones de los lunes: ya es un experto en la obra
Benito Cristófano es uno de los promotores de las reuniones de los lunes: ya es un experto en la obra Fuente: LA NACION - Crédito: Matías Aimar

Benito también dice que no pueden encerrarlos así. "Toda la parte bancaria está de allá. Ahora en dos minutos o menos cruzamos, pero con esas escaleras empinadas que ponen hay que andar bajo tierra más de media cuadra", contrasta. Cuenta que en Colegiales hay un gran porcentaje de adultos mayores que no puede subir las escaleras. "Además puede ocurrir que un malón suba y atropelle para llegar al tren. Porque cuando se escucha la campana la gente enloquece y acá casi no entran dos personas al lado en la escalera", dice.

La opción de las rampas es relativa. El ancho es apenas superior al de las escaleras, pero dos personas con sillas de rueda no entran en ese hueco de poco más de un metro de ancho. Y tienen el problema de la inclinación: con el 8% de pendiente calcularon que las sillas de ruedas motorizadas estándar no tendrán fuerza para subirla.

El aislamiento que prevén los vecinos se contradice con la intención de este "programa de conectividad vial del plan movilidad sustentable", como lo denominó el gobierno porteño. Se enuncia en su página oficial: "Este proyecto consistirá en construir un paso bajo las vías del tren que permitirá eliminar el paso a nivel existente con el objetivo de mejorar las condiciones de seguridad vial en ese cruce, eliminar los congestionamientos que se ocasionan por los tiempos de barrera baja y optimizar la conectividad del barrio". El túnel se extenderá entre las calles Conesa y Amenábar con una longitud de 267 metros y dos carriles de circulación vehicular en cada sentido.

Meses de reuniones

Los vecinos del barrio se juntan desde febrero de este año, cuando se enteraron cómo iba a ser la obra. "Hacía calor cuando nos empezamos a juntar acá en esta esquina", recuerda Melina Guzzo, que se suma a conversar cuando ve a Benito y a Hugo. La esquina que menciona es la de Lacroze y las vías, que ocupó un maxi kiosco cuyas tres persianas grafiteadas no se levantan desde hace meses. También cerraron otros comercios en la misma cuadra por la falta de clientes que provocó la obra.

De esas noches de reuniones surgieron ideas como juntar firmas –consiguieron más de 4000 que entregaron al gobierno porteño-, elaboraron folletos y carteles que imprimieron con dinero propio y repartieron en las cuadras del barrio, abrieron una página de Facebook y una cuenta de Twitter informativos para los que no pueden participar, elaboraron petitorios y cartas, convocaron al comunero 13, entre otras medidas consensuadas por unas cien personas que participan activamente.

Folletos explicativos que circulan en el barrio de Colegiales
Folletos explicativos que circulan en el barrio de Colegiales

El ministro de Desarrollo Urbano de la Ciudad, Daniel Chaín, se reunió con los vecinos y recibió el petitorio (se adjunta en la nota) y cuentan los vecinos que se comprometió a evaluar la situación. Voceros del ministerio dijeron a LA NACION que es competencia de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) resolver la cuestión de los pasos peatonales a nivel. Los vecinos también hicieron una presentación en esa dependencia nacional, pero aún no obtuvieron respuestas. LA NACION tampoco recibió respuestas de la CNRT.

La gente de Colegiales observa como una contradicción que el 60% del microcentro sea peatonal y que en su barrio se quiten vías de circulación a quienes transitan a pie. "¿Vehículos o peatones? El gobierno de la Ciudad eligió vehículos. ¿Y la gente? ¿Los vecinos y las vecinas? Pedimos paso peatonal a nivel", dice uno de los folletos que circula en la zona.

Si es por seguridad, en la carta que elevaron al ministerio lo que sugieren es que si quieren prevenir accidentes podría mejorarse la señalización para proteger al peatón. Ernesto Golomb, uno de los más activos en esta protesta barrial, comenta: "Al contrario, nos sentimos inseguros de meternos en esos pasadizos que, por más luz que le pongan, será media cuadra bajo tierra y en ciertas horas no será nada seguro". Aclaran que cuando miran las cientos de luminarias que no funcionan en el barrio, no pueden menos que ser escépticos sobre las condiciones del túnel.

El proyecto tiene previstas, además, cámaras de seguridad para prevenir el delito. Así lo anunció el gobierno para la serie de túneles que se están inaugurando en este programa de conectividad vial. A Golomb no lo convence ni la promesa de luz ni la de las cámaras. "Nos dicen que no hay delitos en otros viaductos, pero sabemos que por el tipo de delito que suelen cometerse ahí muchos no se denuncian por vergüenza", dice.

Los vecinos hablan, se sigue ampliando la ronda de los que quieren decir lo suyo. Se anticipan a la reunión que tendrán a la noche, como todos los lunes. Llega el tren. En el cruce peatonal se ve una multitud: señores y señoras mayores, jovencitos con uniforme de secundaria, mujeres con cochecitos, niños, algún joven con una bicicleta al hombro. Entre ellos también está Melody Escudero, que viene en una silla de ruedas.

Una rampa cuestionada

Ella tiene 22 años y es discapacitada motriz por una enfermedad hereditaria que afecta a todas las mujeres de su familia. Vive a dos cuadras de acá. Cuenta que está apurada por llegar a un parcial de Abogacía y que tiene que tomarse, como todos los días, el 67 en Cabildo. "Justo me voy a rendir pero prefiero contar qué va a pasar si sacan el paso peatonal. Para mi va a ser horroroso", dice. Se queda a conversar: "El examen tiene recuperatorio, pero en cambio esto que van a hacer es una barbaridad y hay que hacer ver cómo nos va a perjudicar".

Melody Escudero cuestiona el tamaño y la inclinación de las rampas: su silla de ruedas no la sube
Melody Escudero cuestiona el tamaño y la inclinación de las rampas: su silla de ruedas no la sube Fuente: LA NACION - Crédito: Matías Aimar

Melody se explaya. Cuenta que su silla, al igual que la de su mamá y su hermana, no tiene fuerza para subir la rampa que planificaron. "Ocho por ciento de inclinación es un nivel no adecuado. Me consumiría toda la batería cada vez", dice. Cuenta que su papá, después de un accidente ferroviario de pequeño, tiene una triple amputación y tiene sólo un brazo. El usa una silla autopropulsora que con su único brazo tampoco tendría fuerza para moverla con esa pendiente. "Tendríamos que depender siempre de otra persona que nos lleve. Esto atenta contra la independencia que uno va logrando con el tiempo. Se supone que las ciudades tienen que favorecer nuestra integración", dice.

Además, cree que la rampa resultará incómoda también por lo angosta. Apenas cabe una silla de ruedas por vez. Si se cruza alguien con un cochecito, por ejemplo, tendría que esperar a que alguien como Melody transitara todo el trayecto para no chocarla de frente. La realidad de esta joven y su familia no es inusual en el barrio: en Colegiales, a dos cuadras de ese cruce funciona la Asociación de Defensa del Infante Neurológico (Aedin), un centro de kinesiología donde asiste un gran número de personas con discapacidad.

Melody en una carta que comparte con LA NACION escribe: "Las rampas que estarían debajo no tienen la inclinación para que la silla motor suba o para que mi papá, con una sola mano suba o para que un abuelo con bastón o problemas cardíacos logre bajarla o subirla. En pocas palabras, el barrio quedaría dividido en dos para muchos que los que precisamos es accesibilidad y no más barreras arquitectónicas".

Se siguen sumando vecinos, que ahora escuchan a la joven. La conocen de la audiencia pública de 2012 cuando toda su familia compartió su preocupación ante las autoridades. Ya es una especie de asamblea al aire libre, con los túneles de fondo. Si se cumplen los plazos, la obra podría inaugurarse este mes. El gobierno porteño informa que será "próximamente", pero que no pueden adelantar la fecha porque dependen de los avances de obra. Los vecinos vislumbran el tramo final y discuten como si no perdieran la fe de que alguien los escuche.

El lugar del túnel

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