Una crisis que pone en juego los principios básicos de la democracia norteamericana

Thomas L. Friedman
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3 de octubre de 2013  

Washington.-Esta vez es diferente. Lo que está en juego con esta parálisis del gobierno forzada por una minoría radicalizada, el Tea Party, es nada menos que el principio basal de nuestra democracia: la regla de la mayoría. El presidente Barack Obama no debe prestarse a este secuestro extorsivo, porque no sólo está en juego su plan de salud, sino también el futuro de nuestra forma de gobierno.

Somos testigos del momento en que tres cambios estructurales que se vienen gestando en el seno de la política norteamericana han llegado a su punto culminante, inventando un mundo en el que una pequeña minoría del Congreso puede no sólo paralizar su partido, sino a todo el gobierno. Y eso es lo que infunde más miedo: los legisladores implicados pueden hacerlo con total confianza de que no recibirán personalmente ningún castigo político y de que de hecho, hasta podrían ser recompensados.

Cuando los extremistas se sienten tan ajenos a las reglas de juego tradicionales de nuestro sistema –la regla de la mayoría, y el hecho de que si no me gusta una ley aprobada por el Congreso, rubricada por el presidente y confirmada por la Corte Suprema, tengo que presentarme a elecciones y ganar para poder anularla, y no puedo simplemente ponerle una pistola fiscal en la cabeza al país–, nuestra democracia está en peligro.

Ese peligro fue identificado por Dana Milbank, del Washington Post, en su columna sobre las 11 horas del debate en el Congreso para intentar evitar la parálisis. Al señalar una vergonzosa declaración del jefe de la bancada republicana, John Boehner, Milbank escribió: "Los demócratas ponían el grito en el cielo y hablaban de extorsión y toma de rehenes, lo que Boehner pareció confirmar cuando apareció con esta oferta: «Basta con que el Senado diga que sí y mañana mismo el gobierno tiene los fondos». Fue la equivalente legislativa de decir: «Entreguen el dinero y nadie saldrá herido»".

¿Cómo llegamos a esto? Ante todo, por la manipulación sin freno de los límites distritales con fines políticos. El analista Charlie Cook escribió el 16 de marzo en The National Journal que las elecciones de 2010 dieron a las legislaturas republicanas de los estados un poder sin precedente para correr las fronteras de las circunscripciones electorales para crear bastiones republicanos "más blancos y más seguros" que son, de hecho, "un universo alternativo" a la realidad del país.

Según Cook, tras la nueva demarcación territorial, el número de distritos fuertemente demócratas descendió de 144 a 136, mientras que los distritos fuertemente republicanos aumentaron de 175 a 183. "Cuando ya de movida un partido tiene 47 distritos fuertemente favorables más, los números sugieren que esa diferencia se mantendrá en cualquier elección". En otras palabras, hay poco riesgo de castigo político para los miembros del Tea Party que hoy tienen al país de rehén.

Mientras tanto, el fútil fallo de la Corte Suprema en el caso Citizens United (que autorizó la participación de empresas en campañas políticas) es el que permitió que un solo donante, Sheldon Adelson, creara su propio universo alternativo. Adelson pudo contribuir con tanto dinero a la campaña de Newt Gingrich que el candidato conservador pudo seguir en carrera en las primarias republicanas mucho más tiempo y empujó hacia la derecha al principal candidato republicano, Mitt Romney, dificultando la llegada de los votantes de centro.

El mes pasado, por primera vez en Colorado, dos senadores del estado que votaron a favor de la verificación universal de antecedentes para la compra de armas de fuego perdieron sus bancas tras una votación de revocación de mandato pergeñada por fanáticos de las armas y al parecer financiada por unos 400.000 dólares aportados por la Asociación Nacional del Rifle.

Ahora resulta que los opositores no tienen que esperar hasta la próxima elección. Con suficiente dinero, pueden sacarte en un par de semanas.

Finalmente, el auge de un universo aparte de medios de comunicación republicanos (y otro de progresistas) creó otra zona de gravedad cero donde los comportamientos extremos no son castigados. Cuando los políticos sólo operan dentro de esas burbujas, pierden el hábito de la persuasión y optan sólo por la coerción.

El significado primero de la democracia es ése: quien es menos votado acepta el resultado y se prepara para la próxima elección. Los republicanos se niegan a hacerlo. Una muestra de desprecio por el proceso democrático.

Obama no está defendiendo el sistema de salud. Está defendiendo la salud de nuestra democracia. Y todo norteamericano que sienta aprecio por la democracia debería apoyarlo.

Traducción de Jaime Arrambide

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