Alejandro Tullio, el garante del funcionamiento electoral que se convirtió al kirchnerismo

De origen radical, el director nacional electoral -respetado en lo técnico, cuestionado en lo político- permanece en ese cargo desde 2001
Alejandra Vignollés
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6 de octubre de 2013  

"Soy un hombre de suerte, trabajo como un perro y estudio mucho", explica el director nacional electoral, Alejandro Tullio, cuando se le pregunta cómo hizo para sobrevivir en ese cargo tan sensible desde el gobierno de Fernando de la Rúa -más exactamente, desde el 29 de mayo de 2001- hasta hoy.

En todos estos años, además, Tullio -que dirige la estratégica dependencia del Ministerio del Interior encargada de llevar adelante las elecciones, de la campaña al escrutinio- consiguió ser estimado por dos mujeres clave: la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y la jueza María Servini de Cubría, titular del Juzgado Federal N° 1, que además tiene competencia en materia electoral.

Sin embargo, o justamente por eso, los colegas de la política que no lo quieren nada señalan su actual cercanía ideológica con el gobierno kirchnerista -que él reivindica- como obstáculo evidente para hacerse cargo de la transparencia electoral. Aseguran, en ese sentido, que "le gusta el calorcito del poder" y que su permanencia en el cargo durante 12 años, durante gobiernos de diferentes signos ideológicos, no sólo constituye un récord mundial, sino que habla a las claras de sus "contradicciones y de su ubicuidad". Otros lo califican como una persona que "no tiene patria ni banderas", que eso "en política es imperdonable y que en el barrio se llama traición".

"Respeto mucho a la Presidenta y siento que ella me escucha cuando me consulta sobre los temas que están a mi cargo", contraataca Tullio con tranquilidad y con orgullo evidente, mientras al mismo tiempo lidia con el celular, que no para de sonar ni por un segundo.

Pero a pesar de la apreciación que el funcionario tiene de sí mismo, apenas el observador se adentra en su historia, lo asalta la sensación de que, desde el punto de vista simbólico, Tullio nació bajo el signo de Franz Kafka. Su conducta podría ser explicada también desde la teoría darwiniana sobre la evolución de las especies y su posterior adaptación para poder sobrevivir, una combinación que terminaría de cerrar si se le agregara una pizca de Maquiavelo.

Tullio sería algo así como una mezcla de burócrata kafkiano, con una capacidad innata de adaptación a cualquier circunstancia y un olfato único para saber manejarse en las aguas turbias del poder. Aguas en las que se lo ve cómodo, a pesar de que siempre le toca nadar de noche.

Según Servini, "es muy inteligente, simpático, eficiente y muy vivo. Es el único que conoce bien del tema y, aun cuando tenemos mucho trabajo y surgen problemas, se mantiene calmo y siempre se ofrece para ayudar".

Origen militante

Tullio nació en Adrogué, fue militante radical e integrante de la Juventud de ese partido. Es abogado, especialista ahora en derecho electoral y derechos humanos, pero en algún momento también trabajó en derecho administrativo y constitucional. Es docente universitario, está casado con una militante histórica de la UCR y tiene dos hijos. El funcionario parece un hombre tranquilo, pero la procesión va por dentro. Tullio, con 50 años, tiene en su haber antecedentes de complicaciones cardiológicas. A los 39 años le colocaron una válvula aórtica artificial y fue sometido a un bypass .

Fue mano derecha de Raúl Alfonsín. Cuentan que durante la Convención Constituyente de 1994, nadie podía acceder a hablar con el ex presidente si no pasaba primero por su filtro. Fue el ex diputado Marcelo Bassani quien le consiguió el cargo que hoy ocupa. Y, según algunas fuentes, el actual senador Aníbal Fernández intercedió por él ante otro presidente, Eduardo Duhalde, para que permitiera a Tullio seguir en la Dirección Nacional Electoral en su gestión. Duhalde le habría respondido que Tullio se iba a quedar no solamente por su recomendación, sino porque su padre había sido funcionario en el área de Salud cuando él era intendente de Lomas de Zamora. Aníbal Fernández fue alumno de Tullio cuando estudió abogacía y su protector mientras estuvo en el Poder Ejecutivo, dicen por lo bajo en los mentideros del poder.

Tullio asegura que no se referencia en nadie. "Yo me sé defender solito, como hizo Fidel Castro, y sé que la historia me absolverá", asegura irónicamente, en alusión a la famosa frase del líder cubano.

Federico Storani, en quien se referenciaba cuando comenzó a militar -aunque su relación más estrecha en esa época era con Carlos Raimundi-, prefiere calificarlo como "un tipo oportunista". También algunos dicen de él que es "vivaracho" y una persona que "no tiene patria, ni bandera". Sobre esta última apreciación coinciden algunos dirigentes de la oposición, como la Coalición Cívica, quienes cada tanto le inician una causa judicial. Otros aseguran que aprendió de su ex jefe Raimundi, al que en los círculos políticos lo apodan "locomotora de maniobra, porque va en todas las direcciones".

Un detalle: sus críticos prefieren resguardar su identidad y no pelearse con él, porque Tullio conoce a todos los punteros políticos, quiénes son sus jefes y sus "modus vivendi y operandi". Que no es poca cosa, sobre todo cuando se cierran los comicios y hay que contar los votos.

Tullio prefiere recordar que se desafilió de la UCR hace unos años, cuando comprendió "que además del discurso también es muy importante la contundencia en las acciones y cuando tuve que aceptar que el partido se había alejado de los valores que nos había inculcado Alfonsín".

"Comprendí que es importante ser empático. Tuve que hacer un gran aprendizaje y una gran relectura de la historia más allá de los 70. Yo no soy peronista, pero los respeto profundamente, eso me transformó. Rescato la opción por los pobres que hicieron ellos, la dignidad que les dieron a los trabajadores al considerarlos como sujetos históricos", precisa.

Hace memoria y comenta que el que le enseñó a hacer política fue su padre. Un médico sanitarista que dedicó gran parte de su vida a defender los derechos del gremio, y que por eso lo pasó muy mal durante la última dictadura militar. "Mi viejo era frondicista y en 1973 se referenció en Oscar Allende y Abelardo Ramos. Mi padre me enseñó a negociar, a evaluar los intereses en pugna y saldar las controversias", indica.

"Ninguna competencia individual sirve. Lo que vale es el proyecto colectivo. Mi padre me enseñó a leer entre líneas los diarios y, desde esa perspectiva, descubrir los intereses en pugna y la valoración del editor periodístico para publicar una cosa o la otra", asegura. "Toda mi familia es radical, pero yo entendí más pronto que tarde que el radicalismo no comprende los problemas de la gente común", dice.

Y no tiene pruritos en encolumnarse ideológicamente en las filas kirchneristas. "Yo cambié cuando tuve que relacionarme con gente perseguida durante la dictadura, y esto me sucedió a partir del gobierno de los Kirchner. Ahí fue cuando cambié mi forma de considerar al peronismo", precisa. "En el Gobierno no me preguntan por mi ideología, sólo me piden que sea competente para ejercer mi cargo."

Quién es

  • Nombre y apellido: Alejandro Tullio
  • Edad: 50 años
  • Formación política

    Nació en Adrogué, fue militante radical desde su juventud (cercano a Alfonsín, Raimundi y Storani), es abogado y docente. Está casado y tiene dos hijos.Permanencia y cambioLlegó a la dirección nacional electoral en mayo de 2001 y desde entonces se mantuvo en el cargo. Se desafilió de la UCR y hoy se declara kirchnerista.
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