Beethoven brilló en Tierra del Fuego

En su novena edición, el Festival Internacional de Ushuaia cambió de sede
Pablo Kohan
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8 de octubre de 2013  

Después de ocho ediciones, hubo una novedad importante en el IX Festival Internacional de Ushuaia. Si bien el encuentro más austral del mundo se desarrolla en tres ciudades (Ushuaia, Tolhuin y Río Grande), lleva adelante presentaciones masivas en distintos lugares que pueden congregar mucho público y ofrece clases magistrales en diferentes instituciones, lo central son las quince presentaciones nocturnas -una por día, que se pueden escuchar en vivo por Radio Nacional Clásica- a lo largo de dos semanas, con conciertos sinfónicos, solísticos o de cámara en la capital de Tierra del Fuego. Hasta ahora, estos recitales habían tenido lugar en el Hotel Las Hayas. Pero a partir de ahora, el Festival se hace en el salón Magallanes del hotel Arakur. Los cambios no se reducen a una mera mudanza.

El hotel, a casi ochocientos metros de altura, en el medio de la montaña, está aún en obra y abrió sus puertas sólo para la realización del Festival. El salón Magallanes, rectangular, muy amplio, con una alfombra tan sorprendente como exquisita y muy bien preparado para la ocasión, presenta un ventanal gigantesco a todo lo largo de la pared sur por el cual aparece, maravillosa e inconfundible, Ushuaia, con el canal de Beagle y el majestuoso entorno que rodea la ciudad. Y si bien la belleza visual no es un detalle menor, lo notable es el diseño y el planeamiento de la construcción del salón, que implicó una ornamentación arquitectónica más que atractiva y una concepción acústica que permitió escuchar a la Orquesta del Festival como nunca se la había podido apreciar, con una calidad digna del mayor elogio.

Este año, la dirección artística del festival, a cargo de Jorge Uliarte, decidió la interpretación de la integral de las sinfonías de Beethoven, una idea francamente estimulante para los ushuaienses y para los turistas que, en una cantidad mayor a la de años anteriores, han decidido venir hasta el extremo sur del país. En el concierto de apertura, tras una larga demora, la orquesta, dirigida por el mismo Uliarte, tocó la Obertura Egmont ; el Concierto N° 5 para piano y orquesta, Emperador, y la Sinfonía N° 5, todas obras de Beethoven. Sin que hubiera un solo lugar disponible, se dio la apertura oficial con unos cuantos discursos. Y después sí, con un sonido como nunca antes se lo había podido percibir en Ushuaia, llegó Beethoven para fascinar a la multitud.

En lo estrictamente musical, no se puede no hacer mención de Goran Filipec, un muy buen pianista croata a quien ya se había podido escuchar en ediciones anteriores y también en Buenos Aires. Apostando por una interpretación pulida, muy firme y exuberante, Filipec gozó, además, de un privilegio que muy pocas veces un pianista puede tener. Fueron él y sus manos quienes tuvieron a su cargo el estreno del nuevo piano Steinway que ha llegado para incorporarse al paisaje de Ushuaia. Claro, un tanto más oculto que las montañas nevadas, la irresistible seducción que ejerce el Beagle y esos cielos que sólo de a ratos se ofrecen soleados por sobre las cumbres nevadas.

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