El peligroso marketing de guerrilla de Greenpeace

Julián Gallo
Julián Gallo PARA LA NACION
La organización también tiene un controvertido lado temerario que atraviesa un límite incierto entre lo correcto y lo cuestionable
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11 de octubre de 2013  • 01:36

Greenpeace viene utilizando desde hace años distintas tácticas de marketing de guerrilla para captar la atención de la opinión pública con extraordinarios resultados. Se denominan marketing de guerrilla a acciones sorpresivas y altamente creativas que por su originalidad captan el interés de los medios y de las redes sociales alcanzando grandes niveles de atención con presupuesto muy bajos o nulos. Hace poco, por ejemplo, Greenpeace intervino el podio del Gran Premio de Formula 1 de Bélgica con dos banderas que aparecieron de forma subrepticia mientras se escuchaban el himno nacional del país. La situación que lograron, además de efectiva y muy graciosa, accidentalmente terminó produciendo dos denuncias a la vez. Por un lado una dirigida contra la petrolera Shell, a la que la organización acusa por sus operaciones en el Ártico, y por otro (y no menos grave), a la insólita censura ejercida por YouTube que eliminó el video de su plataforma:

Son innumerables las acciones creativas de Greenpeace. En 2006 , por ejemplo, conmemorando a las víctimas de Chernobyl, activistas de la organización posaron como muertos en la Plaza Mayor de Madrid. En otra ocasión, sorprendieron a la opinión pública con una manifestación de personas disfrazadas de tigres frente a los locales de Kentucky Fried Chicken, acusada de comprar sus cajas de cartón a una compañía asiática aparentemente responsable de destruir los bosques de Sumatra donde habitan los tigres:

En el año 2010, en Nueva Zelanda, un grupo de Greenpeace alcanzó un gran impacto en los medios cuando muchos de sus miembros en protesta del mayor desastre ecológico producido por la Compañía petrolera BP, desfilaron por las calles con sus cuerpos cubiertos con una crema rojiza simulando petróleo:

El admirable ingenio de Greenpeace y sus colaboradores es tan grande como la efectividad de su comunicación. Pero la organización también tiene un controvertido lado temerario que atraviesa un límite incierto entre lo correcto y lo cuestionable. Sus famosas intervenciones marítimas contra barcos balleneros y plataformas petroleras, están en esa categoría. El video de abajo es elocuente sobre los riesgos a los que se exponen sus activistas para producir sus mensajes:

Son acciones espectaculares, épicas, emocionantes, pero muchas de ellas ilegales y potencialmente mortales. De continuar realizándolas en algún momento un miembro de Greenpeace sufrirá consecuencias permanentes o morirá. Entonces la estrategia de comunicación de GP deberá ser revisada por completo. Tal vez ese momento ya llegó. La acción negligente llevada a cabo en el Ártico sobre la plataforma petrolera de la empresa Gazprom que terminó con la detención de 30 miembros de Greenpeace entre los que se encuentran dos argentinos, podría ser el límite necesario para abandonar para siempre las prácticas que pongan en peligro la vida o la libertad de sus miembros. Greenpeace debería reflexionar sobre estos hechos y en adelante preferir la seguridad física y jurídica a cualquier efecto comunicacional. Ellos dicen hacerlo, pero esta vez fallaron escandalosamente. Camila Speziale de 21 años y Hernán Pérez Orsi, y otros 28 miembros de Greenpeace, fueron acusados oficialmente por la justicia rusa de efectuar actos de "piratería en banda organizada", en una detención que incluyó disparos de armas de fuego. Si se los llega a condenar por esos cargos podrían permanecer hasta 15 años en prisión.

Una parte de la opinión pública toma con liviandad el futuro de estos detenidos. Están convencidos que las autoridades rusas cederán ante la presión internacional y a los numeroso pedidos de indulgencia. Anteponen en su razonamiento, como hace Greenpeace, el carácter genuino que tienen el reclamo por el medio ambiente y la metodología tradicionalmente pacífica de la organización. Pero ni las buenas causas ni la paz son una garantía en el mundo real para que los desenlaces sean felices. Los antecedentes de la terquedad rusa, capaz de hacer retroceder al mismo ejército de los EE.UU en Siria, y su imperturbable tenacidad, que soportó en el pasado el asedio de Napoleón y Hitler; hacen sospechar que la situación de los detenidos en ese país es imprevisible. No hay ninguna garantía de que si la justicia rusa condena a los activista los pedidos de miles de personas, de Cristina Kirchner o del mismo Papa Francisco, logren cambiar la situación.

La estrategia de comunicación de Greenpeace (y de eso se tratan estrictamente estas acciones) cometió un error irreparable resultado de su ingenuidad o de su arrogancia. Greenpeace no debe buscar héroes muertos o presos para comunicar sus justas causas, porque tarde o temprano los va a encontrar.

Exigí que liberen a nuestros activistas Camila y Hernán.

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