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"Estados Unidos les tiene fobia a los latinos"

Ganador del premio Pulitzer y figura clave de la literatura hispana norteamericana, el narrador de origen dominicano ha creado una original obra en que el inglés y el español se contaminan mutuamente; en esta entrevista, habla de la peculiaridad de vivir entre dos idiomas, de los estereotipos y de la subjetividad masculina
Teodelina Basavilbaso
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11 de octubre de 2013  

Hay cinco historias de hombres infieles en los nueve cuentos que componen Así es como la pierdes, el tercer libro de Junot Díaz (Santo Domingo, 1968), escritor nacido en República Dominicana, pero criado en Estados Unidos y parte de la literatura de ese país. En esa colección de relatos el autor hace una alternancia de código (code-switching, como él mismo lo llama) entre el idioma inglés y el español, un sello característico de su escritura que está presente en toda su obra. Como resultado de ese cruce, su prosa entreteje frases inesperadas: "then you will be my negra bella" ("entonces serás mi negra bella") o "She considers me a typical Dominican man: a sucio, an asshole" ("Ella me consideraba el típico hombre dominicano: un sucio, un estúpido").

Durante la entrevista exclusiva con adncultura, realizada cerca de Boston, Junot Díaz es fiel a su estilo literario y responde en ambos idiomas: cuando busca poner énfasis en alguna frase, contesta en el español caribeño de su madre y de sus antepasados; cuando quiere exponer un concepto abstracto o complicado opta, en cambio, por el inglés.

El encuentro tiene lugar en un café de Harvard Square, en la localidad de Cambridge, a pocas cuadras del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), universidad estadounidense donde Díaz da clases de escritura creativa. A pesar de su papel de profesor, el escritor no tiene una forma muy académica para expresarse. Durante la entrevista habla de manera directa, sin escatimar malas palabras y repite la palabra inglesa "fuck".

Su única novela, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, le valió el Premio Pulitzer (2008) y el Premio del Círculo Nacional de Críticos de Libros (2007). Fue reconocido con varias distinciones, entre las que se destacan la beca Guggenheim (1999) y la beca MacArthur (2012). Además de ejercer la docencia, es editor del área de ficción en la revista Boston Review.

Durante la entrevista se muestra apasionado, a tal punto que parece enojarse con algunas de las preguntas. Responde mientras toma un café de pie, a causa de dolores de espalda. Al igual que en el resto de sus libros, Así es como la pierdes (Mondadori) trata la experiencia del inmigrante en Estados Unidos y posee constantes referencias autobiográficas. En el último cuento, por ejemplo, Yunior, el personaje, es un profesor que vive en Boston y tiene problemas con su columna vertebral. Yunior figura en los tres libros publicados por Junot Díaz (a los dos ya nombrados hay que sumar el libro de relatos Los boys, que en el original inglés se tituló Drown) y va volviéndose mayor en cada nueva entrega.

Al lector le queda la duda de si Yunior quería que su novia o esposa se enterara o no de sus infidelidades, ya que en dos oportunidades lo descubren por evidencias escritas, una en su diario privado y otra en la casilla de correo electrónico. Junot Díaz, cuando se hace referencia a esto, asegura que muchas lectoras le envían mensajes agradeciéndole su transparencia al exponer la subjetividad masculina y el patriarcado y que, gracias a sus cuentos, ahora entienden más a los hombres.

El escritor, que creció en un barrio humilde de inmigrantes de Nueva Jersey, no teme generar polémica y habla de manera descarnada sobre cuestiones políticas: en su opinión, Estados Unidos les tiene fobia a los latinos y contra ellos abundan las actitudes racistas y xenofóbicas. Asegura que no escribe para un público específico ni para el tiempo presente. También relativiza su éxito: "Estoy escribiendo –sostiene– para un futuro que todavía no llegó".

–Hace poco salió la edición en español de Así es como la pierdes. ¿Supervisa las traducciones de sus libros, en especial las que se hacen a nuestro idioma?

–Sí, pero trabajar con una traductora como Achy Obejas no es una cosa muy difícil. Es supertalentosa. Uno trata, claro, de dar sugerencias o aclarar algunas frases, pero en la edición española no tuve que hacer grandes intervenciones.

–¿No se desluce un poco su prosa al perderse en parte la cruza de inglés y castellano, la potencia expresiva que produce la combinación?

–No, porque el inglés y el castellano viven juntos. Son como primos amargados, cada uno conoce al otro hace muchísimos años. Como dice un amigo mío: "Siempre están metidos en la misma cama". En la versión en español hay muchísimas cosas en inglés y se mantiene el mismo equilibrio entre los dos idiomas, ese pleito, ese amor que tienen. Yo creo que si tuviera que traducirlo a otro idioma –al ruso, por ejemplo– sería más difícil. El inglés y el español son mellizos (aunque no quieran reconocerlo) y fueron separados al nacer. Tal vez alguien de otro lado no lo vea de esa manera, pero aquí, en esta parte del mundo, resulta bastante claro.

–Algunos críticos se quejaron de la versión.

–Yo trato de comprender la crítica de las traducciones de una determinada manera porque hay un montón de cosas en juego cuando se trata del inglés y del castellano. Ambos proyectos nacionales están profundamente preocupados por la pureza lingüística. Ninguno de los dos quiere imaginarse que su lengua exista traducida. Siempre mantienen la idea de que el lenguaje original es tan inmensamente increíble que cualquier traducción le roba inmediatamente su esencia. No es lo que yo creo. Soy inmigrante. Viví mi vida entera traducida. Creo que es la tarifa mínima que hay que pagar. Para algunos, lo que se pierde puede ser incalculable, pero alguien como yo, que vivió siempre entre dos lenguas, no ve cuál es el drama. Leí la mayoría de los libros en traducciones, incluidos los alemanes y franceses.

–Pero no sabemos lo que sería leer a [Fiódor] Dostoievski en ruso. No sabemos lo que nos estamos perdiendo…

–Sí, pero sabemos lo que es estar en un mundo en el cual no entendemos todo. No hay nadie que entienda por completo algo tan complicado como una novela o un libro de cuentos, ¿no? Para mí, leer una novela consiste en perderse la mayoría de los temas. Así y todo, todavía tiene impacto, todavía te habla, todavía te puede enamorar. Supongo que yo me he enamorado de malas traducciones en español y en inglés. Pienso que ese tipo de quejas entienden mal la literatura.

–¿Cree que su capacidad de entremezclar el inglés y el español le da herramientas para decir cosas que de otra forma no podría?

–No sé, ¿Cómo saberlo? Es un perfecto ejemplo de lo que hablábamos más temprano: no tengo otra vida para hacer la comparación. Creo que una persona que sabe un idioma puede ser igual de expresivo que una persona que conoce siete. Ahora, por supuesto, hay sutilezas en el lenguaje que ayudan. Pero soy reacio a jugar el juego de la superioridad por adición. Siempre me incomodó mucho eso, porque hay muchísimos escritores estupendos, y nunca tuvieron más que un idioma.

–¿Nunca le pasó querer decir en español algo que se le ocurrió en inglés, o viceversa, y no encontrar esa palabra específica en el otro idioma?

–No hay duda. Pensemos en una palabra como "confianza". No hay un equivalente en inglés. No existe nada en inglés que capture el significado de "confianza" en español. Porque no es sólo una palabra, sino también un concepto cultural profundo. Si yo le digo a uno de mis amigos latinos: "Oye, mira, con este chamaco tengo confianza". Nada en la lengua inglesa puede comunicar lo que entienden mis amigos por eso, ni cómo van a reaccionar a partir de mi frase. Entonces, claramente, hay diferencias. Pero en la cuenta final: ¿los escritores bilingües escriben mejores libros?

–¿Qué puede decir del hecho de que algunos lectores estadounidenses se pierdan algunos términos y palabras?

–Los lectores se pierden gran parte de una novela, como sugerí antes. Digamos que, si no se entiende español, se pierden unos centavos de cada dólar literario. Yo percibo que la ininteligibilidad es una parte natural de la lectura. Y que uno puede buscar las palabras o puede consultarlas con otra persona. Está bien que el lector del idioma inglés no entienda algunas palabras en español como está bien que un obrero no entienda mis chistes de graduado universitario. O que una persona que no es nerd no entienda mis referencias nerds.

Ahora, habiendo dicho esto, cuando un latino lee algo que cree que sólo él entiende, hay un fuerte sentido de reconocimiento, y para el lector, eso es tan fuerte como cuando no lo entiende. En un libro, debe haber una mezcla de extrañamiento y de identificación. Si un lector se reconoce en todo, no quiere leerlo. Y si es todo extrañamiento, termina por decirse: ¿qué carajo es esto? En pocas palabras, diferentes personas van a pensar distintas cosas o se van a sentir reconocidos con diferentes cosas.

–En sus libros describe estereotipos latinos. Por ejemplo, el personaje de Miss Lora, una chica flaca que según la madre de Yunior es una persona con problemas, ya que no tiene ningún hijo, o el supermacho dominicano que necesita tener una experiencia sexual para probar su virilidad. ¿Cree que los estereotipos son característicos de nuestra cultura y que se debe combatirlos? ¿O son necesarios?

–Primero: ¿acaso las personas que están inmersas en sus comunidades no se autoestereotipan? ¡Sí, todo el tiempo! Y después vienen y me dicen: "¡Oh, qué horror! ¡Está promoviendo estereotipos!". Como escritor debería permitírseme cierto grado de complejidad. Pienso que las culturas tienden a ser autorreflexivas de una forma bastante simplista. ¿Qué pasaría si los argentinos no pudieran decir la palabra "argentinos"? Se produciría un colapso mental. Y si los dominicanos no pudieran hablar de los dominicanos, no habría nada más que decir. No entiendo por qué esa patología social, cuando en realidad la gente es así.

Punto dos, como escritor, que yo represente lo que mis personajes piensan acerca del mundo no significa que yo apruebe esa lógica. Sería como acusar a [Vladímir] Nabokov de ser un acosador sexual de niños porque escribió Lolita. ¡Eso sería una demanda extraordinaria! Como artista, no es mi problema. Es un problema social más profundo. Culpar de eso a un artista es absurdo. Pero también pienso: "En serio, esto no puede estar pasándome todas las putas veces". En otras palabras: ¿los hombres no miran acaso el trasero de las mujeres? ¿Acaso debo crear hombres modelo?

–De todas maneras no era un juicio de valor.

–(Risas) No, está bien. Soy el típico artista: somos muy apasionados en las discusiones…

–El sexo es un tema recurrente e incluso en su novela el protagonista, Óscar Wao, es capaz de poner por él su vida en riesgo. ¿Por qué tanto protagonismo?

–Tenemos que entender que Óscar lo que quiere no es sexo, sino intimidad. Creció en un ambiente rodeado de hombres, y por eso confunde las dos cosas. Su gran revelación, al final de su vida, es que lo que él buscaba realmente era tener intimidad con alguien.

–Sí, pero Óscar dice saber por fin qué se siente cuando…

–Pero ¿quién carajo quiere ser virgen toda su vida? Para mí fue una profunda revelación cuando me di cuenta de que el sexo es algo muy poderoso para las personas. Es difícil, pero cuando funciona bien, se logra una gran intimidad. Él nunca entendió eso. Parte del problema que tienen muchos de mis personajes es que buscan profundamente tener intimidad con alguien, pero no lo logran, y la única forma que les queda es a través del sexo. El sexo es sólo una aproximación: la persona se saca la ropa y queda expuesta a una forma de vulnerabilidad mayor a la de, por ejemplo, una conversación. Pero no es real. Yunior quiere intimidad, al igual que Óscar. Uno no puede ser completamente humano si no se expone a esa vulnerabilidad. ¿Cómo se puede ser humano si nunca se experimentó una conexión profunda con otra persona? Por lo demás, si hojeamos mis libros, creo que en total podemos encontrar unas tres páginas sobre sexo. Bastan treinta minutos de televisión norteamericana para convertir mis libros en simples ejercicios de gramática o en juegos de jardín de infantes.

–En sus libros suele bromear abiertamente sobre el color. ¿Qué piensan los estadounidenses en general sobre los latinos o la cultura latina en general? ¿Su éxito literario es prueba de algo?

–¿Es [Barack] Obama acaso una prueba de lo que Estados Unidos piensa acerca de las personas negras? Yo sería muy cuidadoso a la hora de abstraer de un solo caso toda una cultura. Yo creo que éste es un país que les tiene una fobia profunda a los latinos, y que no para de lanzarles toneladas de basura racista y xenófoba. Que Obama haya comprado un libro escrito por un latino no le va a impedir deportar más latinos que ningún otro presidente que recordemos. E incluso, sigue sin importarme toda la puta basura que pueda llegar a decir un grupo importante de la sociedad. Como artista sigo teniendo mi proyecto, y todavía tengo que representar a las personas de las cuales estoy escribiendo de una forma que yo considere honesta, más allá de si después hay personas que no quieran reconocerse en el retrato, y muchos piensen que estoy lleno de mierda. Está bien, es parte de la conversación.

Pero me gustaría poner lo siguiente sobre la mesa: las razas son una parte de nuestras culturas. Y, de alguna forma, nos ponemos de acuerdo en criticar al que señala: "Eh, esto ocupa un lugar preponderante para entender quiénes somos". Si cualquiera rompe el silencio, se va detrás de él.

–¿Cree que algunos van detrás de usted por las críticas que hace de la sociedad en la que vive?

–Yo no sé acerca de mí. Creo que nosotros siempre tenemos que tener cuidado con lo que llamo el efecto del estrechamiento por solipsismo. ¿Qué importa cuál es mi respuesta? De nuevo, un caso no hace una cultura, es como que yo diga que nunca he violado. Para mí es una especie de aproximación retórica defectuosa porque qué importa si yo nunca violé cuando, digamos, el 25 por ciento de las mujeres del país fue violada.

Díaz ha escrito hasta la fecha tres libros: los relatos de Los boys y Así es como la pierdes, y la novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao
Díaz ha escrito hasta la fecha tres libros: los relatos de Los boys y Así es como la pierdes, y la novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao
–En sus libros habla de los problemas y dificultades que afrontan los inmigrantes, pero siempre con un tono romántico, describiendo la fortaleza materna, su amor, su compasión…

–Puede ser, pero la mayoría de las personas suelen decirme lo contrario, que mis libros tienen una mirada bastante dura sobre la vida.

–¿Cuál fue su experiencia creciendo como inmigrante en un gueto de Nueva Jersey? ¿Fue un inmigrante ilegal cuando llegó?

–En realidad no, mi estado inmigratorio era complicado. Y no nací en un gueto, sino en un barrio de inmigrantes pobres, pero trabajadores. Por supuesto que sufrí. Me daba cuenta de que tenía sólo dos pares de jeans para ir a la escuela o de que hacía falta comida en mi casa… Pero también estoy agradecido con haber vivido ahí, porque algo que valoro del lugar donde crecí es el humor. Creo que la clase media es muy aburrida. Y ni hablar de la clase alta: es soporífera.

–He notado que nunca le teme a ser políticamente incorrecto y expone lo que piensa de forma descarnada.

–No creo que tenga una responsabilidad especial como escritor. Más bien tengo, desde muy joven, un impulso cívico y ciudadano, como cualquier otra persona. Creo que todos debemos interesarnos por la cosa pública.

–El engaño amoroso es central en Así es como la pierdes. Alma lee el diario de su novio y descubre la infidelidad. Después, en el último de sus cuentos una mujer lee el correo electrónico de su marido y descubre cincuenta infidelidades de él. También describe la tristeza de él al ser descubierto, porque ella nunca va a perdonarlo. Parecería que sus personajes son seres frágiles, vulnerables a lastimar a las personas que aman.

–Yo creo que a las personas no les gusta en general que les recuerden cómo es el mundo. No quieren pensar en hombres como éstos. Están casados con ellos, tienen sexo con ellos, pero no quieren encontrárselos en un libro. Y como artista yo siempre encuentro dificultades en ese sentido. Puede ser incómoda la subjetividad masculina. Creo que una de las grandes ausencias en la literatura no es el hombre (es arrolladora la presencia masculina: en películas, teatro, libros y lo que nombres), sino la subjetividad masculina. Uno puede encontrar muchos hombres en los libros, pero nunca llega a escuchar cómo piensan realmente, porque si uno escuchara lo que piensan... Yo creo que si más mujeres estuviesen expuestas a la subjetividad masculina, son muchas más las que dirían: soy feminista. Oscurecer el funcionamiento de la subjetividad masculina, como sucede todo el tiempo, permite que evitemos confrontarnos con la masculinidad y el patriarcado. Al exponer de esa manera a mi personaje Yunior, convierto a más mujeres en feministas. Hay muchas mujeres que me mandan mails para agradecerme, me dicen que ahora que leen mis libros entienden más a los hombres.

–En sus libros, ¿cree que el hombre pierde a la mujer o es acaso un problema de los hombres y de su incapacidad para comprometerse? ¿Cuál es su opinión sobre Yunior?

–Hay que analizar la vida de Yunior en un contexto para comprender qué le pasó: un hermano que lo ignora, una madre que se preocupa casi exclusivamente por su hermano mayor y un padre ausente. Él nunca tuvo intimidad con las personas cercanas.

–¿Es la historia de Yunior autobiográfica?

–Diría que es autobiográfica en un noventa por ciento en el primer libro, un dos por ciento o casi nada en el segundo y un cincuenta por ciento en Así es como la pierdes.

–Algunas personas hablan de un lector ideal o comunidad lectora ideal para sus libros.

–Puede ser que la comunidad de dominicanos o puertorriqueños se sientan más identificados con mis libros, pero no sé si eso significa que haya encontrado un nicho. Creo que me leen no sólo en Estados Unidos, sino también en Latinoamérica y otros países.

–¿Está escribiendo algún nuevo libro en este momento?

–No, hace un año que no escribo nada.

–Pero a la prensa le dijo que estaba preparando otra novela titulada "Monstro".

–¿Dije eso? Puede ser, pero la prensa pregunta tantas cosas que uno ya no sabe qué contesta.

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