Tenaz, perseverante y liberal de pura cepa

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29 de noviembre de 1999  

MONTEVIDEO (De un enviado especial).- Señala el dicho popular que la tercera es la vencida, pero para Jorge Batlle la quinta resultó ser la oportunidad para convertirse en presidente.

Quien será el primer mandatario uruguayo del siglo XXI ya había intentado llegar al sillón presidencial en 1966, 1971, 1989 y 1994. Lejos de dejarse llevar por los tropiezos, Batlle (que, para aquellos que no saben cómo leerlo, se pronuncia como "valle"), un incansable abogado y chacarero siguió anhelando cargos políticos. Fue elegido diputado en 1958, y senador en 1984, reelegido en 1994.

Es que para este hombre nacido el 25 de octubre de 1927, la política corre en su ADN: entre sus parientes figuran los presidentes Lorenzo Batlle, Jorge Batlle y Ordóñez, y Luis Batlle Berres, padre del mandatario electo.

De labios gruesos, frente ancha y ojos saltones, cuenta la leyenda que cuando Jorge Batlle nació, su padre le dijo al médico: "Dígame la verdad, ¿es normal?" Hoy, sus señas particulares sumadas a sus grandes anteojos lo han convertido en uno de los personajes favoritos de los caricaturistas.

Su educación tuvo como escenarios distintos países además de Uruguay: la Argentina (donde hizo parte de la primaria), Brasil y Venezuela. Es que su padre se autoexilió durante el gobierno dictatorial de Gabriel Terra y cargó con su familia por América latina.

Primero, periodista

Liberal de pura cepa, Batlle no siempre se dedicó a la política. Primero incursionó en el periodismo, tuvo un programa de jazz en Radio Ariel, y luego pasó por distintos puestos en el diario Acción, fundado por su padre.

El diario Acción, del cual llegó a ser director, fue cerrado tras el golpe de 1973, y Batlle resultó proscripto, aunque, desde la clandestinidad integró el triunvirato del Partido Colorado.

Durante su larga trayectoria en política, este hombre de 72 años, de arranques nerviosos y ademanes ampulosos, se caracterizó por propuestas extravagantes y polémicas y por salidas fuera de lo común.

Un ejemplo: en un reciente intento de este enviado por hacerle una entrevista dentro de su propio auto, el candidato, para no responder a las preguntas, contestó a cada interrogante leyendo los carteles de publicidad en la calle. Al preguntarle por qué tomaba esa actitud, Batlle respondió con tono bromista: "Son manías de viejo loco. ¿No lee los diarios que dicen que estoy loco?"

Un hombre inteligente

Pero ni hasta sus opositores más férreos dudarían seriamente de su inteligencia (habla inglés, francés, portugués, italiano y alemán) y su visión a largo plazo. En las filas internas del Partido Colorado casi todos los políticos reconocen que fueron las ideas económicas que él pregonaba desde temprano las que adoptó Julio María Sanguinetti para acabar con la inflación.

Paradójicamente, el presidente electo tiene una muy mala relación con el dinero propio, y en su casa es su segunda esposa, Mercedes Menafra, quien lleva las cuentas. Antes, Batlle estuvo casado con la argentina Noemí Lamuraglia, con quien tuvo dos hijos (Raúl y Beatriz), que le dieron tres nietos.

En cuestión de gustos, Batlle es un amante de la historia, la ópera y el mate, y un fanático hincha de su equipo de fútbol, Nacional, y del Montevideo Rowing Club. Además, le apasionan las carreras de caballos, y hasta es dueño de un stud, Flanqueadores.

Ha declarado que no pertenece a "ninguna religión positiva", pero se considera "deísta", como Batlle y Ordóñez. También ha dicho que tiene un especial respeto por las ideas de Alberdi y de Sarmiento.

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