Nueva vida para la vieja terminal

En el histórico edificio de Alberti y Sarmiento, de Mar del Plata, se construye un centro cultural, comercial y de entretenimientos
Darío Palavecino
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21 de octubre de 2013  

MAR DEL PLATA.– Hace 103 años se inauguró como la primera terminal de trenes del por entonces balneario preferido de la aristocracia porteña. Justo en la mitad del siglo XX cambió las locomotoras y los vagones por ómnibus de larga distancia, a los que vio partir y llegar durante más de cinco décadas. Ese mismo edificio coqueto y ornamentado de la esquina de Alberti y Sarmiento ahora empieza a remozar su imagen para ser la fachada de un gran complejo cultural, gastronómico y comercial, un ambicioso emprendimiento sobre una superficie de 20.000 m2 que promete generar un nuevo polo de renovación y crecimiento inmobiliario muy próximo al pujante paseo de compras de la calle Güemes.

De a poco, ese entorno empieza a dar señales de acompañamiento luego de que la zona pagó el duro costo de rodear a una terminal muy deteriorada, situación que empeoró aún más cuando fue cerrada por completo en 2011 al inaugurarse la estación ferroautomotora en Luro y San Juan. Fue este un golpe durísimo para los comerciantes que ahí –durante más de medio siglo– se habían acostumbrado a vivir al ritmo de los turistas que elegían el transporte automotor.

La obra del Paseo Cultural y Comercial Terminal comenzó este año con la restauración del casco histórico, cuyo destino previsto es ser sede de oficinas administrativas públicas y espacio destacado para actividades culturales. Los resultados están a la vista con una imagen remozada de esta construcción con diseño original del arquitecto francés Jules Dormal e inaugurada en 1910. Ahora avanzan los operarios sobre resto de las dos manzanas en las que el proyecto contempla locales comerciales, restaurantes, salas de cine, cocheras cubiertas y hasta la apertura de la calle Rawson entre Sarmiento y Las Heras, interrumpida siempre por las dársenas y los espacios de servicios de la terminal de ómnibus.

La inversión, que tuvo un presupuesto inicial de unos 161 millones de pesos, llega en su totalidad desde el sector privado. El empresario de medios y hotelero Florencio Aldrey Iglesias, las firmas Imasa, Plantel, Consorti/Silva, Cabrales, el también empresario inmobiliario Alejandro Rossi y Mariani-Pérez Maraviglia (estudio de arquitectura que es responsable del proyecto en ejecución) forman parte del grupo Emprendimientos Terminal S, que resultó ganador de una controvertida y muy discutida licitación pública en la que tuvo, como principal contendiente, al grupo español Roig como aportante de capital y nada menos que la firma del arquitecto César Pelli al pie del diseño que acompañaba esa oferta.

El objetivo es inaugurar el nuevo complejo antes del verano 2015-2016. El remozamiento y la restauración del clásico edificio, recordado como terminal del Ferrocarril del Sud y considerado patrimonio arquitectónico, están casi concluidos, al menos en lo que refiere a la obra dura. "Se recuperó toda la mampostería y se pudo mantener la estructura metálica original, que es de origen belga", comentó Jerónimo Mariani, uno de los responsables del Estudio Mariani-Pérez Maraviglia.

Por eso, ya desde el exterior lucen los arcos que se repiten en la fachada, destacados con iluminación. Y con grandes ventanales se ganó luz natural. En el interior también pudieron sobrevivir buena parte de los pisos originales, tanto mosaico como madera, y hasta quedaron a la vista a modo de detalle algunas buhardillas realizadas en ladrillo hueco, algo poco común para la época en que fue construido. Capiteles que sobrevivieron al paso del tiempo fueron tomados como moldes para replicarlos. Lo mismo con las molduras y los accesorios de cielos rasos.

Reformas

Entre los detalles más vistosos aparecen las cúpulas del edificio, vistosas y ahora con menos ornamentos que la original. Y también la restauración de la torre del reloj, que se puso en funcionamiento después de mucho tiempo, tarea a cargo del bisnieto de quien lo instaló a principios del siglo XX.

La obra está bajo la dirección de la arquitecta Laura Napp. Ahora el gran despliegue de maquinarias y personal está concentrado en la edificación nueva, que se despliega sobre el 75% del predio. Del frente más cercano al casco histórico avanzan las losas de hormigón armado que serán la base de los dos niveles reservados al estacionamiento que funcionará en el subsuelo.

Una de las dos plazas previstas en el diseño será el enlace a cielo abierto entre ambas construcciones. La edificación nueva tendrá forma de herradura con dos niveles por sobre el nivel en los laterales y un tercero en el extremo que da a la calle Garay. Ese punto más alto está reservado para seis salas de cine. El conjunto del complejo sumará unos 42.000 m2 cubiertos. Los locales de gastronomía se enfrentarán al edificio histórico. Y el resto dará forma a un formato de shopping con casi 300 metros de recorrido lineal por planta y un gran pulmón destinado a un espacio verde de unos 2000 metros cuadrados.

Este desarrollo se da a 300 metros de la calle Güemes, convertida en uno de los principales circuitos de compras a partir de la presencia de marcas de primera línea y su proximidad a los cotizados barrios Los Troncos, Playa Grande y Chauvin. El fenómeno de expansión comercial en la zona había hecho una aproximación natural hacia la ex terminal, complementada con la aparición de nuevas torres que empiezan a cubrir los pocos huecos que había en la zona. Tanto autoridades municipales como operadores privados anticipan –y de hecho ya hay señales claras al respecto– un inminente aggiornamiento de todo el entorno. Las inmediaciones están dominadas por locales y edificios con mucha antigüedad, en algunos casos contagiados por aquella imagen de abandono y desprolijidad que ofreció durante las últimas décadas la unidad de servicios del transporte de larga distancia.

En las inmobiliarias reconocen que hay una mejor cotización de las unidades próximas a la ex terminal y con esto se avanza en proyectos para remozar fachadas, recuperar balcones y ponerse a tono con el nuevo perfil que el barrio tendrá una vez que se habilite el que promete ser el principal paseo de compras cubierto de Mar del Plata.

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