El espionaje del siglo: NSA, la agencia que todo lo ve y lo puede

Las filtraciones revelaron el descomunal alcance de una de las mayores organizaciones de inteligencia de la historia
Rafael Mathus Ruiz
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3 de noviembre de 2013  

NUEVA YORK.- Desde lejos, los cuarteles de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), en Fort Meade, Maryland, parecen un par de gigantescas cajas de vidrio negras aisladas de todo.

Pero allí se escucharon las conversaciones de Angela Merkel, se diseñó un ataque contra el programa nuclear de Irán, se monitorearon los mails de Dilma Rousseff y de Enrique Peña Nieto, se siguieron las llamadas de teléfono del Vaticano. Y se vigilan, a diario, millones y millones de comunicaciones entre personas comunes de cada rincón del mundo, en busca de cualquier dato que pueda servirle a Estados Unidos para luchar contra el terrorismo, alimentar su poder diplomático, obtener ventajas económicas o, simplemente, para tener información por si alguna vez la necesita.

Hasta dónde llegan los ojos y los oídos del Gran Hermano del siglo XXI, la agencia de espionaje que todo lo puede y que no tiene comparaciones en la historia, es, todavía hoy, un misterio.

Pero las filtraciones del ex agente Edward Snowden , que amenazan con teñir todo el segundo mandato de Barack Obama , dejaron algo en claro: la NSA no tiene muchos límites.

"Su dimensión y su agresividad quitan el aliento", dijo ayer The New York Times en un largo informe sobre esta agencia especializada en espionaje de comunicaciones.

Desde hace semanas, varias voces intentan matizar el destape de la NSA con un argumento: todos vigilan a todos. Pero nadie, excepto quizá Rusia o China, tiene la capacidad para espiar de Washington, como reconoció el director nacional de Inteligencia, James R. Clapper.

Un ejército de ingenieros, matemáticos, programadores y agentes de inteligencia lleva adelante la tarea orwelliana encomendada por Washington. Todos, unos 35.000 empleados en total, trabajan bajo el mando de un hombre, el general Keith Brian Alexander.

No hubo otro general en la historia de Estados Unidos que haya construido tanto poder como él, o haya sido tan audaz para usarlo, al punto de ganarse motes como "emperador", que algunos discuten.

"No es un cowboy o un emperador. Es respetado, y la mayor parte de su misión es vista como legítima. Pero existe un debate real, en estos tiempos cambiantes, acerca de si la NSA necesita un mayor control, y más diversificado", dijo a LA NACION Michael O'Hanlon, investigador de la Brookings Institution.

Apadrinado por Donald Rumsfeld, uno de los halcones del ex presidente George W. Bush, Alexander llegó a la NSA en 2005. Nadie estuvo tanto tiempo al frente de la agencia más secreta de Estados Unidos. Desde allí construyó su imperio: un ejército de espías y de "cibersoldados" que se extienden por la NSA, el Servicio Central de Seguridad y el Ciber Comando de Estados Unidos, que ayudó a crear en 2010.

Alexander tiene un papel único: puede obtener y recopilar datos de inteligencia y actuar a través del Ciber Comando, un rol dual que le da mucho poder. Esa agencia, con el apoyo de la CIA y de Israel, fue señalada de haber diseñado y lanzado Stuxnet, un virus destinado a atacar el programa nuclear iraní.

O'Hanlon puso de relieve un principio que se encuentra en el centro de la discusión: muchos creen que para mantener a Estados Unidos seguro en estos tiempos, para hacer bien la tarea de ciberseguridad, se necesitan todos los activos de la NSA. Si no, el riesgo es que haya una coordinación insuficiente, que se falle en "unir los puntos", una de las razones que la comunidad de inteligencia ofrece para explicar por qué no anticipó los ataques del 11-S.

Alexander se forjó en la prestigiosa Academia Militar de West Point junto a dos generales que también tuvieron papeles centrales en la era que se abrió luego de los ataques terroristas del 11 de Septiembre: David Petraeus, ex director de la CIA, y Martin Dempsey, actual jefe del Estado Mayor Conjunto.

Amante de la ciencia ficción, Alexander pidió que la sala que usaba como comando central cuando estuvo a cargo de la inteligencia del ejército, llamada Centro de Dominio de la Información, fuera un réplica de la nave Enterprise de Star Trek con puertas automáticas que se abrían dejando un zumbido, paneles de metal y una pantalla gigante frente a un sillón de cuero similar al del capitán Kirk de la mítica nave espacial, según reveló la revista Foreign Policy.

En Estados Unidos, la NSA recolectó registros telefónicos y conversaciones en Internet a través de correos electrónicos, chats, videos o archivos transferidos; demandó esa información a empresas como Verizon, Google, Facebook o Microsoft.

Establecida en 1952, la NSA asiste no sólo al gobierno federal, sino también a aliados selectos de Estados Unidos y a contratistas del gobierno, según información oficial.

Su plantilla de personal y su presupuesto son clasificados. Según las revelaciones de Snowden, las 16 agencias que componen la comunidad de inteligencia de Estados Unidos cuentan con 107.035 empleados y un presupuesto para el año fiscal 2013 de 52.600 millones de dólares. De ese monto, la NSA manejaría 10.800 millones de dólares.

Algunos de los programas de vigilancia revelados, como XKeyscore (utilizado en América latina) o Tempora, son aplicados con asistencia de otros gobiernos, como Australia, Nueva Zelanda o Gran Bretaña.

Además, la agencia terceriza algunas tareas a empresas privadas, como Booz Allen Hamilton, donde trabajaba Snowden.

Cada vez que pudo, Alexander insistió en que las filtraciones de Snowden, ahora exiliado en Rusia, debilitaron a Estados Unidos, beneficiaron a grupos terroristas y causaron un daño irreparable en los servicios de inteligencia del país. Y recordó también la marca que dejaron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.

"Estamos sosteniendo este nido de avispas para el bien de la nación. Nos encantaría soltarlo, dejarlo de lado, pero si lo hacemos es nuestro temor que va a haber una brecha y el potencial para otro 11-S, y no habríamos cumplido con nuestro deber. Entonces nuestro deber sería encontrar otra manera", dijo Alexander días atrás.

Alexander anunció que se retirará el año próximo, pero su imperio, al que ya se le empezaron a imponer nuevos límites, perdurará.

Un puñado de proyectos de ley ya despuntaron en el Congreso para elevar los controles sobre la NSA, y la Casa Blanca ordenó una revisión de la recolección de datos.

Pero ninguna de las reformas que se discuten prevé liquidar al Gran Hermano. Y cuánto se lo limitará es una incógnita similar a cuán grande es su reino.

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