Una comedia negra sin concesiones

"76 89 03" (Argentina/1996). Presentada por Distribution Company. Dirección: Cristian Bernard y Flavio Nardini. Fotografía: Daniel Sotelo. Guión: Cristian Bernard y Flavio Nardini. Fotografía: Daniel Sotelo. Intérpretes: Sergio Baldini, Gerardo Chendo, Diego Mac Kenzie, Claudio Rissi y Sol Alac. Duración: 85 minutos. Para mayores de 16 años. Nuestra opinión: muy buena.
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11 de mayo de 2000  

Conviene dejarlo en claro desde un principio: este primer largometraje de Cristian Bernard y Flavio Nardini se toma o se deja.

No es frecuente encontrar en el cine argentino una comedia negra que descargue semejante nivel de adrenalina nihilista ni que retrate lo más bajo del "ser nacional" (o, para ser más precisos, del "ser porteño") de manera tan brutal. No hay concesiones en "76 89 03".

Tanto Nardini como Bernard andan por la treintena. Es decir que -como sus personajes- forman parte de una generación que sufrió el Proceso durante su infancia, las crisis económicas permanentes en su primera juventud y la era menemista hasta hace pocos meses. Tal vez allí haya que buscar las fuentes de ese pesimismo revulsivo, esa suerte de "no hay futuro" punk que exhala el film por cada uno de sus poros. No hay resquicios para el menor ideal en la película. En su mundo, cada gesto, por nimio que sea, parece volverse corruptible.

Las tres series de cifras del título refieren al número telefónico de una sex symbol criolla, pero también a los tres años en que se desarrolla la acción: 1976, 1989 y un futuro pero cercano 2003. Todas fechas clave de la historia argentina reciente y por venir. Pero el primero y el último apartado funcionan, en realidad, como simple introducción y epílogo.

La trama, su nudo gordiano, está en 1989, año de hiperinflación galopante y cambio acelerado de gobierno (aunque esto no sea dicho con todas las letras). Es decir, momento de desintegración por excelencia.

Los tres protagonistas, viejos amigos, hacen una apuesta e intentarán pasar una noche con Wanda Manera, mito femenino que ya rondaba sus cabezas en la infancia, y que en esos momentos ocupa todas las pantallas televisivas por un escándalo de corrupción de menores. Los tres terminarán encabalgando desventuras que ayudan a pintar de refilón una Buenos Aires nocturna, desolada, vacía en los albores del menemismo.

Blanco y negro

Filmada en un blanco y negro sucio, de grano grueso, que vuelve los escenarios doblemente desoladores, la moral de los personajes doblemente sórdida, "76 89 03" es una comedia generacional que va más allá del cinismo que reina en sus ambientes mediocres y miserables. Simplemente constata con sequedad la degradación absoluta sufrida en las tres décadas en que se desarrolla el film (1976-2003, en el que Menem habría sido reelegido al frente del gobierno).

La frase de promoción dice que se trata de "la primera película argentina sin mensaje", apenas un slogan ingenioso. Porque en realidad, "76 89 03" está sembrada aquí y allá de signos significativos. Los tres amigos, por ejemplo, se trasladan en un Torino (auto nacional por excelencia) que el padre de uno de ellos le regaló en la infancia: en realidad, el vehículo pertenecía a un supuesto desaparecido de la dictadura y atraviesa casi toda la cinta como un tácito recordatorio del pecado original.

No es difícil detectar influencias ni homenajes en "76 89 03". Bernard y Nardini abrevan en mucho del mejor cine independiente internacional (especialmente norteamericano) para dar forma a esta película personal e irascible. No falta el bolso de droga que les permitirá hacerse con un botín de una noche (un tópico explotado ya por Jarmusch, entre otros), ni las escenas desopilantes, casi tarantinescas (entre otras la que sucede en los antros de El rey de la noche, antológica por donde se la mire).

También logran retratar toda una época con pinceladas tan minimalistas como efectivas. Así para el primer bloque de la película, el 76, bastará una publicidad de platos irrompibles o las alusiones a la marea roja (léase comunista) o para el 89 las cifras llenas de ceros de los australes todavía vigentes. Pero lo mejor de esta opera primala está en su crudeza, en el excelente manejo de la jerga local,en el uso y abuso (tal vez sea ésta la película más malhablada de la historia del cine local) del insulto que envuelve en su vorágine, sin misericordia, al espectador.

El sexo es uno de los temas recurrentes del film, pero pronto descubrimos que se resuelve siempre en bravatas verbales, en un imaginario tan limitado como reconocible. Y la cadena de vituperios como recurso dramático es tan radical que incluso no faltan los exabruptos xenófobos de algún personaje, en los lindes de la incorrección política .

"76 89 03" no es perfecta. Tiene ciertos desbarajustes narrativos (el último apartado merecía mayor desarrollo y tal vez mayor sutileza) y un clima enrarecido que a veces apunta en exceso a la provocación, pero también posee una cualidad impagable: es un poderoso cross a la mandíbula.

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