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Clelia Luro: por amar a un obispo, luchó contra la Iglesia

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8 de noviembre de 2013  

El lunes por la noche falleció Clelia Luro a los 87 años, la mujer que se enamoró del obispo de Avellaneda Jerónimo Podestá y que juntos se enfrentaron al Vaticano para lograr que se modificara la legislación y les permitiera seguir cumpliendo funciones dentro de la estructura eclesial.

El amor entre ambos surgió en 1967, cuando Podestá de 45 años, incorporó como secretaria a Clelia, de 39. Del intenso sentimiento que se profesaban mutuamente dan cuenta las cartas que se enviaron durante el exilio al cual se vio forzado Podestá, luego de que la Triple A lo obligara a dejar el país en 72 horas.

Las cartas figuran en su libro Las cartas de Clelia y Jerónimo Podestá. Tuvieron residencia temporaria en París, en México y en Lima, elegida por la proximidad con Buenos Aires, lo cual le permitía a Clelia convivir con Podestá y viajar a Buenos Aires para estar junto a sus seis hijas, fruto de un matrimonio anterior.

La convivencia de la pareja significó una lucha con las autoridades eclesiásticas. Podestá fue separado del obispado, aunque mantuvo el título episcopal hasta 1972, cuando le aplicaron la suspensión a divinis.

A pesar del vacío, el arzobispo porteño Jorge Bergoglio lo recibió y lo escuchó. Le dio la unción de los enfermos y le permitió a Clelia estar junto a su lecho. Clelia admitió que Bergoglio la llamaba los domingos, costumbre que mantuvo como Papa. Pocas horas después de su muerte, Francisco llamó a las hijas de Clelia para acompañarlas.

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