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Grabaciones

Mauro Apicella
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10 de noviembre de 2013  

Bellas voces, bien acompañadas

Según el chiste que hace un cómico stand up en uno de sus espectáculos, el ser humano no crece, se deforma. Todo chiste esconde algo de verdad; el ser humano se deforma, pero también crece. Y su voz es reflejo de todo eso. Lo bueno es prestarle atención al crecimiento, para apreciarlo y disfrutarlo. Hay varias cantoras, como Lorena Astudillo, Daniela Horovitz y Florencia Bernales, que nos sirven de ejemplo con sus recientes lanzamientos.

Cuando Lorena Astudillo se metió en el folklore, hace ya unos cuantos años, encontró su voz allí, especialmente al trepar los riscos de la música de Gustavo Leguizamón. Grabó varios discos hasta llegar al flamante Un mar de flores, donde da un paso más en su tarea. Excepto por un par de temas (una zamba de Néstor Soria y Juan Falú y una canción de Eduardo Martí y Luis Alberto Spinetta) el repertorio fue compuesto por ella. Lo interesante, además de no haberle restado cuidado al canto –a veces sucede con algunos músicos que desatienden la voz cuando se dedican a escribir canciones– fue que buena parte de lo compuesto por Lorena está en plena sintonía con lo que ella venía ofreciendo como intérprete. No hay un cambio abrupto ni estético ni de contenido. Hay, sin duda, una fluidez que vale la pena destacar. Seguramente se puede encontrar una generosa cantidad de influencias – "Zamba para mis hermanos" tiene una melodía que refiere a la música de Cuchi Leguizamón–. Sin embargo, no hay emulaciones. De esa fina mixtura que hace Lorena con todo lo musical que la ha rodeado en las últimas décadas salió un muy bello disco de música folklórica. Además, está perfectamente armonizada por el grupo de músicos que grabaron con ella.

También escribió candombes, tangos y algunas canciones, que reservó para el final del disco y que mejor habrían quedado en otro CD. Quizás en uno próximo. Valen por el intento compositivo, aunque no están al mismo nivel que las de impronta folklórica, ni en la misma sintonía. Con menos tracks (son 15) habría quedado un disco realmente redondo.

Daniela Horovitz es otra cantante que apuesta a su propia composición y se rodea de músicos de primera línea para grabar sus álbumes. Después del espléndido Y de amor no supe nada volvió al disco con Desmesura y una fórmula ya probada y efectiva: el trabajo en sociedad con el músico Alan Plachta, como productor musical. Daniela puede ser gratamente inesperada en sus ocurrencias. El desgarro del primer tema, el juego de eñes del segundo, la metáfora que se vuelve frase literal en una mujer "cardona" hecha de espinas, o el viento que sopla de muchas formas. ¿Habrá querido hacer un disco que entre por la piel? Quién sabe, porque un par de tracks después cambia el registro auditivo de quien escucha con una canción en portugués y una construcción musical popular contemporánea. Aquí todo pasa por el oído. Por momentos, Desmesura parece más un disco de fragmentos, situaciones y sensaciones que de canciones convencionales de estrofas y estribillos. No tiene el enfoque ni la nitidez de su trabajo anterior, sin embargo, muestra nuevas aristas, incluso en las canciones escritas por un par de colegas.

En el nuevo CD de Florencia Bernales, Por la huella, Juan Falú escribió una reseña. En los últimos párrafos habla de "esa sobriedad gardeliana que deja al desnudo el arte de la canción, y que lamentablemente suele menospreciarse por los inútiles intentos de substituir sobriedad por histeria". No será necesario sumar demasiado al comentario de Falú. Sólo agregar que Bernales grabó un disco criollo, que tiene ciertas referencias conceptuales a su título, que apenas está acompañada por guitarras y un piano y que lo interpreta magníficamente. La cantora entrega viejas piezas de una forma totalmente fresca y actual. Un bellísimo disco, con un exquisito acompañamiento, que presentará el próximo miércoles, en Café Vinilo.

Hay más para seguir echando un vistazo. Porque a pesar de los malos augurios para el CD, las bateas siguen siendo un territorio tan fértil como vasto. Se pueden encontrar otros estrenos, como los de Cecilia Bernasconi (Fulgor), con doce temas propios; Marina Quiroga (Taciturna), abocada al repertorio del songbook norteamericano de standards en su idioma original y totalmente por fuera de los formatos convencionales; Luciana Yuri (En desmesura), que atraviesa épocas y estilos, y la spinetteana y rioplatense Silvia Aramayo (Puentes).

Tracks

  • Las reediciones de Marilina Ross

    El sello Leader Music acaba de lanzar las reediciones de dos discos de Marilina Ross, que fueron grabados a mediados de los setenta y a principios de los ochenta. Se trata de un álbum que registró antes de exiliarse en España, en los años de la dictadura, cuando no le permitían actuar en nuestro país, y del LP que grabó y publicó a su regreso a la Argentina: Estados de ánimo, de 1974, y Soles, de 1982.
  • Los éxitos de Pavarotti

    Pavarotti: the 50 greatest tracks es la última compilación que el sello Decca les dedica a las interpretaciones del gran tenor italiano, fallecido en Módena, en 2007. Dos CD de unas 25 pistas cada uno con las que se puede hacer un repaso de lo más exitoso de la carrera de Pavarotti: desde el lucimiento en el repertorio lírico operístico hasta sus incursiones en la música popular y el croosover. El primero de los discos hace foco en el desarrollo lírico de su carrera, con arias de óperas de Verdi, Puccini y Giordano, con su primera grabación encontrada y con el proyecto Los Tres Tenores. En el segundo hay canciones italianas y sus cruces con músicos como Sting, Eric Clapton y Stevie Wonder.
  • Un unplugged exquisito

    Como suele pasar, lo que abunda puede aburrir. Así sucedió con el formato unplugged, esa buena idea que a principios de los noventa patentó MTV, pero que pronto se convirtió en recurso habitual con poco de novedad y mucho de estrategia marketinera. Pero, claro, están las grandes excepciones y entre ellas se anota sin duda entre los primeros puestos el que grabó Eric Clapton en 1992, que sirvió verdaderamente para definir la idea de estos conciertos, y que ahora Warner acaba de llevar nuevamente a las bateas. En su versión deluxe y triple incluye abundante material adicional: el primer CD es la grabación original (aquella que a sus clásicos como "Layla" y al doloroso y entonces reciente "Tears in Heaven", sumaba versiones del blues que atesoraba en su corazón: el tradicional "Alberta", "Hey, Hey", de Big Bill Broonzy; "Nobody Knows You When You’re Down and Out", de Jimmy Cox, y dos de Robert Johnson, "Walked Blues" y "Malted Milk"), mientras que en el segundo se incluyen seis temas, entre inéditos y tomas alternativas de aquella misma jornada. Finalmente, el DVD incluye el programa tal como lo conocimos más el ensayo completo del concierto realizado unas horas antes. Imperdible.
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