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Los caminos de Massa y de Macri ante el león herido

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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17 de noviembre de 2013  

Que el kirchnerismo haya retenido el 27 de octubre un tercio de los votos en el orden nacional y la mayoría propia en ambas cámaras del Congreso, sumando a sus aliados, debería ser, paradójicamente, una buena noticia para los presidenciables Sergio Massa y Mauricio Macri .

El león oficialista ha quedado herido tras su derrota en los cinco distritos más grandes del país y en otros con fuerte simbolismo como Santa Cruz. Pero no está muerto. Su capacidad para ejercer el poder, dañar a sus adversarios y manejar la agenda nacional está casi intacta, aun cuando su relato haga agua frente a la cada vez más complicada realidad económica y a la insatisfecha demanda de seguridad, alimentada ahora por el crudo avance del narcotráfico. Tanto la repercusión del fallo de la Corte favorable a la ley de medios como la instalación del debate sobre el nuevo Código Civil dan cuenta de esa capacidad del kirchnerismo.

¿Por qué Massa debería festejar que el kirchnerismo no esté muerto? Porque de desaparecer la fuerza política que hoy gobierna el país, muchos podrían preguntarse para qué querrían ahora a Massa. Fue éste el mismo razonamiento que aplicaron no pocos dirigentes y votantes en 2009, cuando se valieron de una alianza encabezada por Francisco de Narváez , Felipe Solá y el macrismo para castigar a los Kirchner y la abandonaron inmediatamente después, pensando equivocadamente que Cristina Fernández no tenía retorno en 2011.

A Macri también debería entusiasmarlo la vigencia del kirchnerismo. Tanto por su concepción ideológica como por su estilo, en las antípodas del gobierno nacional, es el adversario ideal para la Presidenta. Y para algunos, también el sucesor ideal si el cristinismo planease, para después de 2015, acomodarse como una fuerza opositora cobijada en sus banderas populistas.

La apuesta del jefe de gobierno porteño para las próximas elecciones presidenciales es a un escenario con sobreabundancia de candidatos peronistas, donde, además de Massa, esté Daniel Scioli y otro postulante del Frente para la Victoria, como Sergio Urribarri -hoy el preferido de La Cámpora- o Jorge Capitanich. Por fuera del peronismo, imagina una fuerza de izquierda al estilo del Partido Obrero, que le restaría algunos votos al oficialismo; un candidato por la coalición radical-socialista, como Julio Cobos o Hermes Binner, y él a la cabeza de Pro, claro está.

La ilusión de Macri es que se repita en 2015 un esquema electoral parecido al de 2003, cuando compitieron tres candidatos peronistas como Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá, junto a Ricardo López Murphy y Elisa Carrió. ¿Cómo se explica que a Macri le guste este escenario que terminó en un ballottage entre Kirchner y Menem, del que finalmente éste se bajó? "En aquella elección, el mejor candidato no peronista, López Murphy, salió tercero y estuvo a sólo cuatro puntos de llegar a la segunda vuelta. Dentro de dos años, Mauricio estará en óptimas condiciones para presentarse como la mejor alternativa al peronismo y llegar al ballottage", razonó un operador político del macrismo.

El alcalde porteño reconoce que su apuesta es quijotesca y que constituye una actitud de sana rebeldía pedirle a la ciudadanía "que deje de votar a quienes gobiernan el país desde hace treinta años diciéndonos un día que son de izquierda y otro de derecha, pero siempre viven del Estado y del clientelismo". En su recorrida por los medios predicando su "tercera vía", a veces comete alguna gaffe , como cuando en el programa televisivo Desde el llano , afirmó que "la sociedad está fatigada del peronismo"; no pasó un segundo cuando se corrigió y modificó la palabra "peronismo" por "pejotismo". Tal vez recordó que las filas de Pro se nutrieron de no pocos dirigentes provenientes del peronismo, entre ellos su senador electo, Diego Santilli.

La estrategia de Macri y de su asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba ha generado algunos desacuerdos internos. La prematura ruptura con Massa puso en un compromiso a su primo, el intendente de Vicente López, Jorge Macri, tal vez uno de los pocos que sueñan aún con un entendimiento entre el jefe de gobierno porteño y el intendente de Tigre de cara a 2015, sin descartar una primaria abierta para definir entre ambos al candidato presidencial. Y pareció alejar definitivamente del macrismo a dos aliados, como los jefes comunales de San Isidro, Gustavo Posse, y de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino.

No faltan en Pro quienes piensan que Macri es "el mejor candidato con el peor aparato" y que sin una construcción territorial es ilusorio ganar una elección presidencial. La respuesta de los estrategos del macrismo es que el electorado está hoy menos ligado a las concepciones tradicionales de la política y que los medios de comunicación superan a las estructuras partidarias.

De ahí que el método de construcción política de Macri pase por la búsqueda de personalidades reconocidas en cada provincia, como el actor Miguel del Sel en Santa Fe, el ex árbitro Héctor Baldassi en Córdoba o el ex futbolista Carlos Mac Allister en La Pampa, a quienes les entrega el partido llave en mano.

El mecanismo de construcción de Massa en el orden nacional es diferente. Así como en la provincia de Buenos Aires formó una suerte de directorio constituido por intendentes a quienes él, como un CEO, les rinde cuentas de sus decisiones, el jefe comunal tigrense planea repetir ese esquema en el resto del país. No descuida tampoco el acercamiento al sindicalismo, incluido Hugo Moyano, aunque a algunos gremialistas les cae como una patada al hígado la idea de Massa de terminar con las reelecciones indefinidas en todos los órdenes.

Massa, para diferenciarse de Macri, asegura públicamente no estar pensando en su candidatura presidencial. Sin embargo, su comando sigue minuto a minuto las encuestas de posicionamiento hacia 2015. Días atrás se dio a conocer allí un sondeo contratado por el massismo, que abarcó a 2000 personas de todo el país entrevistadas entre el 4 y el 12 de este mes por la consultora internacional Bendixen & Amandi, con sede en Miami y experiencia en el mercado electoral de Estados Unidos y de distintos países latinoamericanos.

Quizás el principal dato de esa encuesta para Massa es que, si bien el 35% de los consultados se considera peronista, sólo el 17% se declara identificado con el Partido Justicialista. Una razón que podría justificar la decisión del intendente de Tigre de apartarse de la lucha interna en el PJ bonaerense.

El sondeo da cuenta de una intención de voto presidencial del 30% para Massa, del 21% para Scioli, del 12% para Macri, del 10% para Binner y del 7% para Cobos (Massa se impondría en un ballottage ante Scioli por 48 a 30, con un 22% de indecisos). Pero si se mide el voto presidencial por votantes del PJ, en una primera vuelta, Scioli aventaja a Massa por 37 a 36, mientras que entre quienes declaran apoyar al gobierno de Cristina Kirchner, la ventaja de Scioli es de 42 a 25. Estos dos últimos datos indican que Massa se sentiría más seguro yendo a la elección presidencial por fuera del PJ.

Massa arrancaría desde la primera fila en la pole position . Su desafío sería mantener durante una larga carrera de dos años la expectativa que ha creado. Para Macri, el desafío parece mayor: consolidar un espacio no peronista sin terminar en una tercera fuerza testimonial al estilo de la Ucedé y cuidarse de una irrupción del massismo en territorio porteño.

¿Podrían ir Macri y Massa a una primaria abierta dentro de dos años? Hoy ambos líderes lo descartan rotundamente. Sólo la amenaza del regreso del león kirchnerista herido podría persuadirlos de explorar otra ingeniería electoral.

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