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Nélida Roca: adiós a un mito porteño

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6 de diciembre de 1999  

Anteanoche, a los 70 años, luego de padecer una larga enfermedad, falleció en esta capital Nélida Roca. Aclamada y admirada, la vedette fue una figura extraordinaria dentro del espectro de la revista porteña. Su físico, émulo del de la famosa estatua griega, generó que también se la llamara "la Venus de la calle Corrientes". Descubierta por Luis César Amadori, hizo carrera en un género típico de Buenos Aires, compartiendo el escenario con capos cómicos de la talla de Adolfo Stray y Dringue Farías. Su felina presencia deslumbraba en las funciones, en las que participaba de los cuadros con los actores o se lucía en otros con su sola belleza. A diferencia de otras artistas, Nélida Roca apenas bailaba y en nada se parecía a estrellas de las movidas comedias musicales norteamericanas. Caminando, casi hierática en sus gestos, traducía un fulgor que conmocionaba al público.

Así como el género se fue extinguiendo al tiempo que desaparecían sus máximos astros, también la vedette se despedía en 1974, después de 25 años de carrera. Había implementado un estilo que nunca más se volvería a ver. Después de su alejamiento, no hubo más noticias, hasta que a mediados de 1998 se supo que había sido internada en el Instituto de Rehabilitación Psicofísica por un cuadro de artritis reumatoidea que implicaba serias limitaciones motrices y del cual estaba tratándose hacía años.

Roca fue la Venus porteña

Nélida Roca, que falleció anteanoche a los 70 años en el hospital Francés como consecuencia de una larga enfermedad, fue durante varias décadas una de las más refulgentes vedettes de los escenarios porteños.

Nació el 30 de mayo de 1929 como Nélida Mercedes Musso, y sus comienzos en la actividad artística se remontan a los años cincuenta, cuando cantaba en la confitería Richmond, frente al teatro Maipo, como vocalista de una orquesta de jazz que dirigía Julio Rivero Roca, su primer marido.

Por aquellos años la escultural Nélida Roca no pensaba en mallas ceñidas ni en plumas multicolores, ni siquiera en transitar populares escenarios revisteriles. Se conformaba con mostrarse como cantante casi anónima dentro de un juego canoro que le proponían su juventud y su desenfado.

Sin embargo, otro sería su destino. En aquella confitería la vio Luis César Amadori, propietario del Maipo, por recomendación del actor Miguel Gómez Bao. Amadori, hombre de excelente intuición para descubrir estrellas del espectáculo, no dudó en contratarla para sus exitosas revistas. En ese momento comenzó la resplandeciente trayectoria de Nélida Roca, bellísima morena, muy alta, de cimbreante cintura, busto mediano y largas y estilizadas piernas.

Muy poco tiempo después de su debut, el retratista Henry Keegan la fotografió con un atrevido y minúsculo vestuario y su figura apareció en diarios y tapas de revista como una forma de inaudito atrevimiento para la época.

Hacia la cima del éxito

Desde aquel promisorio debut en el Maipo, en el que Nélida Roca animaba un cuadro sobre una canción de Bing Crosby enfundada en una malla negra, un sombrero y un pañuelo rojo junto a Beba Bidart y Jovita Luna, su gracia, su frescura y su sensualidad la hicieron nacer como el mito que aún hoy perdura en los recordados y nostálgicos teatros de revista.

Su carrera al frente de los más populares elencos, que compartió con Dringue Farías, Adolfo Stray, Susana Giménez y otras estrellas refulgentes de las pasarelas, la elevaron a la cima del éxito. Para dar una muestra cabal de su popularidad, basta mencionar que en abril de 1974, un año antes de su retiro de las tablas, la vedette encabezaba el reparto de una revista en el teatro Astros, junto a Jorge Porcel y Susana Giménez, en la cual obtenía el mayor número de público y, además, la mayor recaudación de la temporada.

Discreta en su vida privada, Nélida Roca se casó, en su segundo intento matrimonial, con Aldo Perricone, más conocido como Ricky Giuliano. La unión duró desde 1963 hasta 1969, y, tras divorciarse de él, la vedette tuvo otras parejas que siempre ocultó de la persecución periodística.

Hace tres años, la entidad Amigos de la Calle Corrientes la agasajó con la colocación de una placa en las cercanías del teatro Maipo, escenario de sus mayores sucesos artísticos. Su última actuación pública fue en el espectáculo "La revista de oro", que se representó en 1974 en el Astral. Un año después comenzó para ella el camino de su definitivo ocaso. Una progresiva artritis rematoidea la obligó a una inmovilización parcial, a lo que se sumaron problemas renales, por lo que era sometida a tratamientos diarios de diálisis.

En los últimos años, postrada en un sillón de ruedas, evitó todo contacto con la prensa, y el lunes último fue internada en la unidad coronaria del hospital Francés, donde falleció anteanoche como consecuencia de un paro cardíaco. Con ella se fue un ícono de la noche porteña, una figura irremplazable en ese sutil arte de descender empinados y coloridos escalones -símbolo irremplazable en las revistas divertidas y apicaradas - de vestir exóticos trajes de brillantes y de lentejuelas, de cantar con voz pequeña pero afinada temas siempre de moda, de mostrar su grácil cuerpo entre luces titilantes.

El nombre de Nélida Roca es ya un recuerdo, un primoroso recuerdo de un tiempo en que la revista porteña era, como ella, reina de las noches de Buenos Aires.

Sus restos fueron velados en una casa mortuoria de Chacarita, y su sepelio se realizará hoy, a las 10.30, en el panteón de la Asociación Argentina de Actores, ubicado en el cementerio de ese barrio porteño.

Una mítica belleza

Fue bautizada la Venus de la Calle Corrientes, y su sola presencia en los escenarios convocaba a miles de espectadores deseosos de observar a esa escultural mujer que, con cada gesto, cada palabra y cada modelo de vestuario descubría su encanto que se transformó en eterno. Su prototípica figura fue única y resumió un estilo que, con los años, quedó como su sello personal e indeleble. Cadencioso, sin demasiado desparpajo, la vedette recorrió infinidad de espectáculos en los que compartió el cartel con los más descollantes artistas de ese género, ya definitivamente perdido en la historia de nuestros escenarios. La artista, pues, ya es un mito vernáculo.

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