Kicillof, el economista marxista que se queda con todo el timón

Francisco Jueguen
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20 de noviembre de 2013  

Cristina Kirchner acompañó a la puerta al ministro de Economía saliente, Hernán Lorenzino. Se frenó y abrió la puerta doble de la oficina de la quinta de Olivos. Del otro lado esperaban Axel Kicillof y Guillermo Moreno. "Bueno, Hernán. Seguí con tu trabajo que ahora vamos a hablar de economía con Axel y Guillermo." Lorenzino saludó y desapareció raudamente.

La anécdota, reflejada en el inicio del libro El creyente, del periodista Ezequiel Burgo, refleja quiénes eran, incluso antes de la entronización del economista marxista y la renuncia del peronista ortodoxo, los hombres que Cristina Kirchner escuchaba a la hora de fijar el rumbo de la economía.

Tras la salida de Moreno, Marcó del Pont y Lorenzino del Gobierno, y con la formalización de Kicillof como ministro de Economía, Cristina Kirchner cumplió un sueño: ennoblecer a su "juventud maravillosa" antes de terminar su mandato y dejarle el manejo total de las decisiones económicas. Quienes conocen a Kicillof esperan un mayor control estatal en las variables clave de la economía cotidiana.

A pesar de ser un gran estudioso del economista inglés John Maynard Keynes, que propugnó por una mayor intervención estatal, Kicillof es un marxista declarado. "Axel leyó El Capital y es marxista, pero es su pensamiento académico. No es algo que vaya a aplicar efectivamente", previno un compañero que lo conoce de la facultad.

A contramano de lo que se rumorea, no pertenece a La Cámpora, aunque su relación con los referentes de la agrupación kirchnerista creada por Máximo Kirchner es fluida.

Su principal contacto -su íntimo amigo- en La Cámpora es el presidente de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde. Fueron juntos al Colegio Nacional de Buenos Aires. Kicillof se fue de allí con un título de bachiller en ciencias sociales.

Fue siempre un interesado por la militancia y en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA encontró un enemigo mortal al que combatir: Franja Morada. En 1991 el estudiante Sergio Rubín creó TNT (Tontos Pero No Tanto), plataforma de militancia juvenil que se convertiría en su lugar para hacer política después de su resurgimiento tras un encuentro de amigos en la casa de los padres de Kicillof en Las Heras y Uriburu. Recalde emprendió el mismo camino militante de Kicillof, pero en Derecho. Más tarde, el mundo aerocomercial y el kirchnerismo volverían a unirlos.

"Kicillof fue un excelente alumno. Un pibe hiperinteligente", cuenta a la nacion un profesor de esa casa de estudios que le tiene poca estima. "Lo que lo mata es que tiene un Napoleón en la cabeza. Además, sabe mucho de historia económica, pero nunca se dedicó a la macroeconomía", lo criticó. "Es un tipo recontrainteligente. De mirar una ecuación en un pizarrón y entenderla enseguida. Como crítica se puede decir que le falta calle", describió un ex compañero de ruta. Todos quienes los conocen destacan que es honesto.

Su mentor fue Pablo Levín, un profesor de Historia del Pensamiento Económico y de Economía Marxista que daba clases en la UBA. Con él emprendería luego la elaboración de su tesis de doctorado para interpretar la teoría keynesiana con los conceptos de Marx. El 10 para Kicillof, medalla de honor de la UBA, se lo puso el economista Daniel Heymann.

Unos años antes, a fines de los 90, Kicillof tuvo su primer trabajo como investigador a las órdenes del designado jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en la consultora M-Unit. "Capitanich tenía un socio radical. Ambos les vendían sus servicios de consultoría a los gobernadores", recordó una fuente que conoce la historia. Axel impresionó tanto a Capitanich que tuvo un importante peso en la designación de los asesores del entonces hombre de Desarrollo Social del menemismo. Hoy tienen una buena relación.

En 2001 emprendió un negocio con algunos amigos. Puso un bar llamado Espero Infinito -el nombre hace referencia a un juego de rol llamado Dungeons & Dragons- que quedaba a pocas cuadras de su casa de Gorriti, entre Arévalo y Dorrego. El bar finalmente quebró.

Ya investigador del Conicet y docente universitario, en 2004 creó el Centro de Estudios Para el Desarrollo Argentino (Cenda), un centro de investigaciones. De allí surgieron Augusto Costa, Nicolás Arceo, Emanuel Álvarez Agys, Federico Marongi y Cecilia Nahón.

"La inocultable falta de confiabilidad del IPC calculado por el Indec ha privado a la sociedad de una herramienta fundamental para conocer la verdadera situación económica del país", decía la web del sitio, que calculaba un índice alternativo. Por sus críticas, su entrada en el kirchnerismo se dio sólo después de la "lucha de clases" entre el Gobierno y el campo, en la que él apoyó a los primeros.

La amistad de Kicillof con Mariano Recalde rindió sus frutos en 2009, cuando el padre de dos hijos pequeños fue designado presidente de Aerolíneas Argentinas . Enseguida Kicillof fue nombrado gerente del área Económica Financiera. La empresa pierde US$ 2 millones por día.

Kicillof se convirtió luego en director de Siderar por la Anses y más tarde alcanzó el mismo rango en YPF -cuya expropiación él impulsó-. Hasta ahora era quien tenía la última palabra en la política energética. Desde hoy controlará todas las variables.

Dixit axel kicillof

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