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Los dilemas de un cambio necesario

Nicolás Dujovne
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21 de noviembre de 2013  

El ritmo de caída que muestran las reservas internacionales en los últimos meses es insostenible. A una velocidad de baja mensual promedio de US$ 1000 millones en 2013, es bastante claro que con los US$ 32.000 millones actuales el Gobierno no podría llegar hasta 2015 sin atravesar una crisis de magnitud. Si a eso le sumamos la derrota del oficialismo en las elecciones legislativas y las dificultades médicas que ha atravesado la Presidenta, debemos concluir que esta vez no hay espacio para que el recambio en el gabinete sea sólo cosmético.

La salida de Guillermo Moreno y el nombramiento de un jefe de Gabinete con peso propio y un pasable pragmatismo, aun con Kicillof de por medio, dan una señal de que es probable que veamos algún movimiento en la dirección correcta, aunque es imposible saber si ocurrirá a tiempo y en la dosis adecuada. Sin Moreno, el Gobierno se verá en parte forzado a aflojar la lucha cuerpo a cuerpo que llevaba adelante como método general y en particular para la obtención de divisas. Y el uso del sistema de precios emerge como el candidato más potable para cumplir esa misión que hasta ahora se ejercía de manera tan rudimentaria. Precios más altos: mayor oferta y menor demanda.

Si además el jefe de Gabinete piensa que la caída en las reservas y la suba en la inflación provienen de las inconsistencias de la política fiscal y monetaria, y no de una enorme conspiración de banqueros locales, organismos internacionales y jueces norteamericanos, es probable que estemos en la antesala de un cambio. ¿Subirán las tarifas a la energía y los precios del transporte en la Capital Federal y el conurbano? Sería ésa la señal de que la cuestión fiscal comienza a ser atacada.

El ataque sobre las reservas no cesará hasta que se produzca una combinación de un ajuste en el tipo de cambio y una moderación en el ritmo de expansión de la oferta monetaria.Y si la opción no es introducir un tipo de cambio dual más depreciado a través del cual se cursen algunas operaciones, como el turismo, el tipo de cambio oficial será quien cargue con el peso del ajuste. Los golpeados productores de algodón del Chaco se lo deben pedir a Capitanich. Los viñateros de Mendoza, al presidente del Central, Juan Carlos Fábrega.

Cuanto más se demore en estabilizar las reservas mayor será el ataque sobre ellas. ¿Quién liquidará sus exportaciones si se espera una depreciación de la moneda? ¿Cómo no adelantar importaciones si el peso se debilitará en el futuro? Si la suba de tarifas de los servicios públicos y un peso más débil serían la receta más obvia para comenzar a encarrilar la cuestión fiscal y resolver el problema de la competitividad y la pérdida de reservas, está claro que ambas medidas van en la dirección contraria a la que demanda la lucha contra la inflación. Esa área quedaría en manos de un BCRA que debería guiar las expectativas y moderar la política monetaria, retirando pesos y provocando suba en las tasas de interés.

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