Suscriptor digital

El día que asesinaron a Kennedy

Albino Gómez
Albino Gómez PARA LA NACION
Las conclusiones de la comisión Warren siguen siendo hoy objeto de debate, tanto académico como popular
(0)
22 de noviembre de 2013  • 00:48

El 22 de noviembre de 1963 me enteré pasado el mediodía que acababa de morir el presidente John F. Kennedy. Estaba en funciones en nuestra Cancillería donde la noticia provocó una gran conmoción, como prácticamente en todo el mundo. Muchos recordábamos todavía los dos encuentros que había mantenido con el presidente Arturo Frondizi apenas dos años atrás, y la excelente relación establecida entre algunos miembros de los respectivos equipos de asesores.

No en vano había declarado el presidente norteamericano el 24 de septiembre de 1961: "Si los años sesenta deben convertirse en la década del progreso para las Américas, si debemos aportar un progreso económico y una mayor justicia social a nuestro hemisferio bajo la égida de la libertad, debemos contar para ello con los esfuerzos cooperativos de los gobiernos de la Argentina y de los Estados Unidos. Nosotros, los Estados Unidos, esperamos colaborar con el gobierno argentino en sus esfuerzos heroicos para mejorar el bienestar de su pueblo, pues nos hemos comprometido a participar en el desarrollo económico de la Argentina. Más importante aún es que nos hemos comprometido a continuar nuestras relaciones de amistad, asociación y respeto mutuo. En conjunto, la Argentina y los Estados Unidos pueden trabajar, no solamente con vistas a la solución de sus propios problemas, sino igualmente para mejorar la vida de los hombres libres de este hemisferio y del mundo entero, pues los Estados Unidos y la causa de la libertad no tiene amigo más sólido y respetado que el pueblo argentino"

Claro está que el derrocamiento del presidente Frondizi frustró ese magnífico plan. Mutatis mutandis ambos presidentes recibían cuestionamientos ideológicos similares.

Antecedentes del viaje a Texas

¿Por qué viajó Kennedy a Texas? Ocurría que las próximas elecciones presidenciales serían en 1964, por lo cual, su gabinete comenzó a planificar la campaña en el verano de 1963. En las elecciones anteriores, el candidato Kennedy había ganado por muy escaso margen en los estados del Sur, y los sondeos de ese momento no le eran muy favorables. Así las cosas, se decidió el viaje a Texas para el otoño de 1963, con el objetivo de recaudar votos y aumentar su popularidad. Dado que el vicepresidente Lyndon B. Johnson era tejano, se pensó que sería una buena estrategia que viajaran juntos al estado de Texas. Kennedy, por su parte, le pidió a su esposa Jacqueline que lo acompañara.

El viaje, planificado para el otoño, comenzaría el 21 de noviembre en las ciudades de Houston y San Antonio. El día 22 visitarían Fort Worth y a las 13 almorzarían en Dallas. Había cierta preocupación sobre la seguridad porque el embajador ante la ONU, Adlai Stevenson, había sido increpado y empujado, en señal de protesta, en una visita a Dallas el 24 de octubre pasado. Para prevenir nuevas manifestaciones de protesta, la policía de Dallas había preparado el mayor despliegue policial en la historia de la ciudad. Se había planeado que Kennedy viajara desde el aeropuerto de Dallas (Lovefield) en una limusina descapotada, una Lincoln Continental de 1961. Estaban en el auto con él, su esposa, el gobernador de Texas, John B. Connally (años después sería secretario del Tesoro durante la presidencia de Nixon) y su mujer. Además, el agente del servicio secreto Roy Kellerman y el conductor del vehículo, William Greer. A las 11.40, el Air Force One aterrizó en el aeropuerto de Dallas proveniente de Fort Worth.

La comitiva presidencial se puso en marcha hacia el centro de la ciudad de Dallas. Durante el trayecto hicieron varias paradas para permitir que el presidente saludara a la gente. A las 12.30 ingresó en la Plaza Dealey y avanzó por la calle Houston, con seis minutos de retraso. En la esquina de Houston con la calle Elm debía realizarse un giro de 120 grados a la izquierda, lo cual obligaba a una reducción de velocidad por parte de la limusina. Tras pasar Elm el auto quedó frente al edificio del Almacén de Libros Escolares de Texas, a una distancia de veinte metros. No bien llegó la comitiva a ese punto, se produjo el primer disparo de tres, atribuidos a Lee Harvey Oswald. Se calculó que en ese momento la velocidad del auto era de 15 km por hora. El primer disparo fue desviado por un árbol y rebotó en el cemento hiriendo al testigo James Tague. A los tres segundos y medio se produce el segundo disparo que hiere a Kennedy por detrás y sale por su garganta, hiriendo también al gobernador de Texas. El presidente deja de saludar al público y su esposa trata de recostarlo sobre el asiento. El tercer disparo ocurre ocho segundos y medio después del primer disparo, cuando el auto pasaba al frente de la pérgola de concreto John Nely Bryan. Este último disparo hace impacto en la cabeza de Kennedy y su esposa reacciona con pánico saltando hacia la parte trasera del auto.

Este último disparo hace impacto en la cabeza de Kennedy y su esposa reacciona con pánico saltando hacia la parte trasera del auto

Un ciudadano de nombre Abraham Zapruder, que filmaba el desplazamiento de la comitiva presidencial, logró captar en su película el momento en que Kennedy es alcanzado por los disparos, y dicha filmación constituyó parte del material que se utilizó en su investigación del asesinato. Lee Harvey Oswald, que según dicha investigación usó un rifle Mannlicher de fabricación italiana, con mira telescópica, de mecanismo manual, fue arrestado en un teatro, aproximadamente 80 minutos después del asesinato, pero acusado inicialmente por el homicidio de un oficial de policía de Dallas, J.D. Tippit, antes de serlo por el homicidio de Kennedy. Oswald alegó no haber matado a nadie, y ser sólo un señuelo.

El 29 de noviembre, el sucesor constitucional de John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson, creó la comisión Warren, presidida por el presidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos, el juez Earl Warren, para investigar el asesinato. Como recordarán nuestros lectores, Lee Harvey Oswald, si bien detenido, no pudo llegar a ser juzgado por haber sido a su vez asesinado de inmediato por un tenebroso personaje local, Jack Ruby, que explicó su crimen mediante razones poco creíbles. En cuanto a la comisión Warren, no obstante concluir que Oswald había actuado solo en el asesinato, no pudo convencer a todo el mundo, ya que otras investigaciones judiciales y decenas de investigaciones privadas y libros editados sobre el tema, estimaron a través de múltiples teorías que hubo diversas conspiraciones en torno a su asesinato. Vale decir que las conclusiones de la comisión Warren siguen siendo hoy objeto de debate, tanto académico como popular.

El presidente Kennedy sólo estuvo mil días en la Casa Blanca en lugar de los cerca de tres mil que se esperaba pudiera cumplir, sin embargo mucho fue lo que realizó

Como mencioné al comenzar esta nota, el asesinato tuvo un gran efecto en millones de personas, no sólo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo. Tanto así, que son muchos los que recuerdan vivamente dónde estaban en el momento en que se enteraron de que Kennedy había sido asesinado, como ocurrió antes con el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, al igual que lo que pasó con los ataques terroristas contra las Torres Gemelas de Manhattan el 11 de septiembre de 2001.

El embajador estadounidense ante la ONU, Adlai Stevenson, que citamos más arriba, dijo sobre el asesinato: "Todos nosotros cargaremos con la pena de su muerte hasta el fin de nuestros días". Últimamente, el asesinato del presidente Kennedy y sus misterios nunca aclarados, mantienen su vigencia histórica y política, y afectaron la confianza del pueblo estadounidense en la política. Además, tal tragedia, junto con los posteriores asesinatos de su hermano, el senador Robert F. Kennedy y el del reverendo Dr. Martin Luther King, configuraron una tríada de desilusión para la población en cuanto a la probabilidad de los cambios políticos y sociales esperados. Y así lo remarcaron escritores y periodistas de alto nivel como Gore Vidal y Arthur M. Schlesinger, Jr.

El presidente Kennedy sólo estuvo mil días en la Casa Blanca en lugar de los cerca de tres mil que se esperaba pudiera cumplir, sin embargo mucho fue lo que realizó. Así queremos recordarlo hoy, al cumplirse 50 años de su brutal asesinato. Y no podemos dejar de señalar que Estados Unidos no ha dejado todavía de pagar las consecuencias de dicha tragedia, así como nuestro país, las del derrocamiento del presidente Arturo Frondizi.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?