Suscriptor digital

El misterio de Clarice

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
(0)
4 de diciembre de 2013  

Oscura, salvaje, pulcra y vital. Clarice Lispector. Ya el nombre es una letra inventada. Ella se llamaba Haya, Haia o Hala. Nació en Ucrania en 1920 o en 1925, según las distintas ediciones de sus libros. Devino Clarice cuando llegó a Brasil. Pasó su infancia en Recife y en 1937 se mudó a Río. Allí deslumbró con su belleza, profunda, lejana, y una forma de escribir que alteró la lengua y la moral de su (nuestro) tiempo.

Escribió cuentos, novelas, relatos infantiles, crónicas, sin importarle demasiado los límites ni las consignas: "No me interesan los géneros, me interesa el misterio". Y así se metió de lleno en ese hueco que subsiste entre las palabras y lo que éstas nombran (Caetano Veloso le dedicó una hermosa canción: "Que mistério tem Clarice").

Parecía sentirse cómoda en lo innominado; también, en lo más recóndito de la condición humana, la debilidad del deseo, el poder de la angustia. Escribe Rodrigo S. M., uno de sus personajes: "Mi fuerza está en la soledad. No temo ni a las lluvias intempestivas ni a los grandes vientos desatados, porque yo también soy la oscuridad de la noche. [?] Lo que escribo es una niebla húmeda". Y más adelante: "Lo definible me cansa, prefiero la verdad que hay en el presagio." Para Clarice Lispector, en los términos de Thomas Hobbes, la gran pasión de su vida fue el miedo.

Su prosa seduce pavorosamente. Y con delicadeza. En Revelación de un mundo , escribe: "Lo que quiero contar es tan delicado como la propia vida. Y yo querría poder emplear la delicadeza que también guardo en mí, al lado de la grosería de campesina que me salva". ¿Por dónde empezar a leerla? Quizás el final es una forma de arrimarse cautelosamente al corazón de su obra. Por ejemplo, su última novela, publicada en 1977, el año de su muerte, La hora de la estrella , tan social e íntima. Siempre en un tono confesional de arrebato. En este caso, es la historia de una magra muchacha nordestina, contada por un narrador hombre que dice: "Sólo yo, su autor, la amo, sufro por ella". Después se puede alternar con algunos cuentos, muchos con animales ("Una gallina" o "El búfalo"). Uno de los más provocadores, "El crimen del profesor de matemáticas", una forma originalísima de plantear dos temas recurrentes en la literatura: la culpa y el doble. Otros cuentos podrían ser "Felicidad clandestina", "Lazos de familia". De vuelta en el territorio de la novela, La pasión según G.H . Y por supuesto, la primera, Cerca del corazón salvaje , que escribió a los veinte y pocos años.

Su obra, tan desesperada como excitante, será celebrada próximamente: el 14 de diciembre se realiza en Buenos Aires un homenaje mundial a la escritora brasileña, "La hora de Clarice", con múltiples actividades culturales y artísticas en la plaza del Museo del Libro y de la Lengua. Un evento ideado por Gonzalo Aguilar, Carmen Güiraldes y Constanza Penacini. La lectura a veces encuentra modos de expansión inusitados.

© LA NACION

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?