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De la Rúa dijo que recibe un grave déficit y pidió esfuerzos

En su mensaje inaugural puso el acento en la lucha contra la corrupción y reclamó a la oposición por la falta de apoyo para aprobar el presupuesto y el paquete impositivo; propuso aumentar las penas para delitos seguidos de violencia.
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11 de diciembre de 1999  

Fernando de la Rúa juró ayer ante la Asamblea Legislativa y se convirtió en el 42º presidente constitucional de los argentinos ante los que se comprometió a interpretar "el anhelo de un cambio profundo".

Los ejes de ese cambio que intentará encarnar desde hoy serán la lucha contra la corrupción, la generación de empleo y una drástica reducción del gasto público para revertir la pesada herencia que le dejó su antecesor, Carlos Menem.

En su primer discurso como presidente, De la Rúa criticó, ante la Asamblea Legislativa, a la administración menemista: "La situación es peor que la anunciada, más grave que la informada por el gobierno saliente que habla de un orden financiero que, en rigor, no existe".

En ese sentido, reclamó "un esfuerzo adicional" y justificó el paquete impositivo, "pensado para que no afecte a los que menos tienen, sino que se pide a los que pueden más. Y que será transitorio hasta que la recuperación de la economía y el éxito de la implacable lucha contra la evasión y la corrupción den sus frutos y mejoren los resultados", dijo.

De la Rúa quiso diferenciarse así de su antecesor y prometió un gobierno "de transparencia, honestidad, y austeridad", para lo que llamó a lograr un "nuevo pacto entre la política social y la política económica".

Después de prestar juramento, De la Rúa y su esposa, Inés Pertiné, se trasladaron en el Cadillac presidencial descapotable con el que llegó a la Casa Rosada. En el recorrido por la Avenida de Mayo lo saludaron miles de personas, bajo una lluvia de papelitos. El clima fue siempre calmo y festivo, como el que predominó en la Plaza de Mayo.

En el Salón Blanco, De la Rúa recibió de Menem los atributos presidenciales: la banda y el bastón. La ceremonia, de la que participaron los funcionarios salientes y entrantes, fue breve, formal y sin mayor emotividad. Afuera de la Casa Rosada los menemistas despidieron a su líder y los aliancistas festejaron en la Plaza, en medio de un fuerte operativo de seguridad.

De la Rúa salió al balcón presidencial y convocó a la unidad del pueblo.

Carlos Ruckauf asumió en La Plata la gobernación bonaerense y también hicieron lo propio otros 10 mandatarios provinciales.

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