Mi infancia con los Stones

De chico Adam Cooper jugaba con Mick Jagger; su madre lo había abandonado y su padre, fotógrafo personal de los Rolling en los 60, lo crío en un mundo de grandes; recuerdos, excesos, herencias y después
Emilse Pizarro
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8 de diciembre de 2013  

Extrañamente las luces de toda la casa estaban apagadas. El silencio era gordísimo. Abrió la puerta y el teléfono sonaba: era la voz de su abuelo. Decía que a su papá lo habían llevado al hospital. Y la vecina, que lo escuchó llegar, lo abrazaba y le confirmaba que había muerto.

Es un domingo de 1973, en Chelsea. Adam Cooper tiene 9 años, su papá acaba de matarse y su mamá lo abandonó mucho antes ("se apareció en la casa de mis abuelos, me pasó a mi abuela y le dijo: No sé qué hacer, no puedo con esto"). Las luces de toda la casa están apagadas. El silencio es gordísimo. Sobre la mesa de luz, una carta.

Cuarenta años después, Adam charla en un café de Echeverría y Cuba; hoy es del barrio de Belgrano. En 1989 llegó a Buenos Aires a filmar Highlander II –trabajó en el departamento de cámaras de películas como Quién engañó a Roger Rabbit y la Batman de Tim Burton– y ahí conoció a una de las editoras, Silvia Ripoll. Se enamoraron, se casaron y hace 22 años nació su hija, Emily.

El señor del barrio de Belgrano es el hijo de Michael Cooper, el fotógrafo que retrató los primeros diez años de los Rolling Stones.

Tardaste dos años en ordenar los negativos.

Cuando cumplí 18 recibí una gran caja de cartón con negativos. No tenían ningún orden ni protección. Durante dos años estuve yendo al laboratorio de revelado de película de un amigo, preparando páginas de contactos para ver qué material tenía y en qué condición. Por suerte, el 99% de los negativos estaban perfectos: 70 mil imágenes.

¿Quién tenía esa caja?

La novia de mi padre, Sara Jansen. La conocí cuando tenía 7 años. Guardó todo hasta que cumplí 18. Mi padre tiene imagen de fotógrafo de rock n’ roll, pero hizo más, otros: Duchamp, Magritte, Andy Warhol…

Aquí y ahora; Adam Cooper, 49 años, está casado con una argentina y vive en Buenos Aires hace más de 20 años
Aquí y ahora; Adam Cooper, 49 años, está casado con una argentina y vive en Buenos Aires hace más de 20 años Crédito: Fernando Gutiérrez

Cooper fotografiaba la cotidianidad de un hervidero cultural y social: los años 60. Eran tiempos de Beatles cantando All you need is love. Era el mayo francés y las marchas en contra de la Guerra de Vietnam. Más acá, eran el Di Tella y el Cordobazo. Allá estaba todo por hacerse y se hacía: experimentación creativa en el arte, la música y la literatura, consumo de drogas, psicodelia, flower power, liberación sexual. Y la sensación de que realmente ese movimiento contracultural cabecearía la bota que los jóvenes sentían sobre su cabeza.

–La década fue como una fiesta que duró diez años. Antes los escritores se reunían con los escritores y los músicos con los músicos. Los 60 fueron muy importantes por la explosión cultural en Londres. Los Beatles se vieron muy influidos por el arte y por escritores, lo mismo los Stones. Michael [durante toda la charla habrá que acostumbrarse a que Adam llama al padre por su nombre] estaba en el centro de ese círculo. Tenía todo el tiempo una cámara colgada y cargada con película.

Keith Richards, en el prólogo del libro Early Stones, cuenta que "dudaba de que realmente tuviese rollo dentro de esa cámara. Y ni hablar de que estuviese en foco. En los estados en los que a veces nos sumergíamos, Michael estaba tan volado como todos nosotros y aun así seguía trabajando, mientras que yo ni siquiera hubiera sido capaz de levantar una guitarra y tocar".

Los Stones, por momentos, no entendían mucho. En 1969 sintieron un miedo, ridículo a nuestros ojos, cuando tocaron gratis en Hyde Park, en Londres. Marianne Faithfull, ícono del swinging London y novia de Mick Jagger entonces, contó que "estaban preocupados de que no fuera nadie. Se subieron a un techo para ver si había gente. Hacía dos años que no tocaban en vivo". Fueron más de 400 mil fans.

En un mismo año, 1967, y con sólo 6 meses de diferencia, Michael Cooper hizo la fotografía de dos discos enormes de las bandas que la prensa quería que se odiaran: Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de los Beatles –que ganó un Grammy a la mejor portada–, y Their Satanic Majesties’ Request, de los Stones, fotografiados en Nueva York. Las fotos del archivo Cooper muestran a Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones, Bill Wyman y Charlie Watts pegando lentejuelas y pintando telgopor. Según Richards fue Cooper el que los convenció de hacer ellos mismos su set.

–Y en la tapa de Sargent Pepper’s... hay un muñeco sentado en una silla, con un suéter que dice Welcome The Rolling Stones. Ese pulóver era mío.

Adam Cooper iba a laburar con el viejo, por lo que se crió muy cerca de los Stones –con Richards sigue en contacto y sonríe cuando cuenta que le cambiaba los pañales–. Con Nicholas, el hijo de Faithfull, pasaban mucho tiempo en Redlands, la casa de Richards en Surrey, aunque el día del escándalo ninguno de ellos estaba. Fue en febrero de 1967. Había fiesta. Alguien llamó al diario sensacionalista The News of the World –uno como The Sun, hoy– y ellos a la policía. Jagger y Richards, arrestados. "Gran Bretaña en los sesenta seguía siendo muy conservadora, muy victoriana en sus ideas. Sólo habían pasado 15 años de la Segunda Guerra Mundial. Era la primera vez que la juventud sentía que podía expresarse. Podían usar la ropa que querían, estar con la gente que querían. Mi padre estuvo en Redlands. Sólo dijo que había habido un incidente y que habían arrestado a Mick y Keith por posesión de drogas. Michael no me hablaba mucho de ese tipo de cosas porque no quería que yo supiera que estaban todos drogándose."

¿Recordás la muerte de Brian Jones? [Lo encontraron en la pileta de su casa, en 1969]

No. Lo que recuerdo es que todos estaban muy mal. No en¥¥tendí cómo murió ni por qué. Keith dice que hay alguna gente que se involucra con las drogas y la bebida y no tienen límite, terminan mal. Y Brian era una de ellas. Ese tipo iba a morir joven. Es parte del club de los 27: Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison y ahora Amy Winehouse. Keith tiene la reputación de tomar cantidades increíbles de drogas. Pero Brian hacía que Keith pareciera un cura.

Jones creó los Stones con Jagger y Richards, y para muchos era el más talentoso e innovador. "El stone más interesante en los comienzos", según John Lennon. Él hizo a Michael un stone.

–Keith, Brian y su novia, Anita [Pallenberg, que más tarde también fue novia de Richards] estaban caminando por Kings Road. Michael tenía su estudio cerca, Chelsea Manor Studios. Brian quiso pasar a saludar. Keith entraba al cuarto oscuro y Michael le explicaba todo y también zapaban juntos. Se hicieron muy amigos.

¿Entonces tu papá no trabajaba para los Stones?

No, nunca le pagaron. En el documental de Jean Luc Godard, Sympathy for the Devil, en la parte que hacen las voces de fondo, los wuu wuu, está el grupo y Michael, Anita y Marianne. Así era la cosa: él estaba en el estudio como amigo. Nunca ganó dinero con los Stones. Ni con los Beatles.

¿De qué vivía?

Él era como un protegido de Robert Fraser, un comerciante de arte. Su padre y madre eran un lord y una lady, o algo así; tenían mucho dinero. Tenía su propia galería en el centro de Londres. Michael era el fotógrafo oficial de las inauguraciones y diseñaba afiches cool para las muestras. Pasaba así: Fraser quería que Rene Magritte estuviera en su galería, viajaba a Bruselas a verlo y Michael iba con él. Robert no le pagaba: Michael iba porque tenía la oportunidad de hacer fotos a Magritte. O como cuando Terry Southern –con el escritor eran grandes amigos– le contó, en el bar del Chateau Marmont hotel, en Los Ángeles, que debía cubrir la convención demócrata de Chicago de 1968 –en la que miles de manifestantes en contra de la guerra se enfrentaron a la policía durante seis días–. "Voy con vos", dijo y tomó esas fotografías increíbles cuando se produjeron los disturbios. La prensa londinense se enteró y lo llamaron para comprar sus fotos.

Aunque a fines de los 60 los gritos nuevos eran potentes, la bota seguía pisando fuerte los flequillos. Los Stones andaban en autos lujosos y tenían casas de metros desmedidos, pero no estaban generando tanto: había un impuesto que se quedaba con algo así como el 90% de los ingresos. Muchos músicos se exiliaron –o exiliaron su domicilio fiscal–, los Beatles escribieron Taxman y los Stones se fueron al sur de Francia –ahí grabaron Exile on Main Street–. Atrás quedaba Redlands, aunque los dedos de Adam aún la recuerdan: una vez cuando salieron de paseo en el Bentley de Richards, él metió la mano cuando estaban por cerrar la puerta. Hospital, cosida y a Redlands de nuevo. Hace dos años, Faithfull vino a Buenos Aires a la inauguración del Faena Art Centre.

–¿Cómo están tus dedos, querido? –preguntó Marianne a Adam.

–¿Recordás ese accidente? –dijo él, sorprendido.

–¿Accidente? Lo hacías todo el tiempo. Creo que debimos haber ido al hospital todos los fines de semana.

¿Por qué creés que lo hacías?

Supongo que era un niño queriendo llamar la atención, mucha gente hablando sobre sí misma. La solución fue que cada vez que subía a un auto debía poner ambas manos cruzadas sobre mis hombros para que pudieran cerrar la puerta y arrancar [ríe].

Cuando Michael murió, su amigo, el guionista Andrew Birkin –el hermano de la actriz y cantante Jane Birkin– cuidó de Adam por un tiempo hasta que se fue a vivir a Hampshire, fuera de Londres, a la casa de Sidney y Emma Louise, sus abuelos.

–Ahí me convertí en un chico normal por primera vez.

¿Antes no eras normal?

Si me lo hubieras preguntado entonces te hubiera dicho que eso era normal. Yo no entendía ese mundo loco. Alguien me dijo una vez: hasta que murió tu papá, tu vida fue en gran medida como vivir en un club nocturno. Era locura, fiestas, gente. Yo me levantaba a la mañana, iba al living y estaban Keith y Brian tocando la guitarra. Y Michael tomando fotos. Así era la cosa. La puerta siempre estaba abierta.

¿Te acordás de Keith?

Yo realmente no sabía quiénes eran Mick Jagger y Keith Ri¥¥chards en ese tiempo. Sabía que tocaban en una banda. Pero no pensaba mirá, son Keith y Mick en mi casa. Cuando fui a vivir con mis abuelos empecé a pensar que mi vida sí que era enloquecida. Comencé a ir al colegio en un horario normal y me juntaba con chicos de mi edad. Llevaba uniforme y corbata. Y pensaba: ¿qué quiere decir que tengo que ir al colegio y recibir una educación? No necesito una educación.

¿No fuiste al colegio hasta los 9 años?

Sí, fui, pero viajaba mucho con Michael. Uno de sus últimos trabajos fue como fotógrafo oficial de la película ¿Qué?, de Roman Polanski (1972). Estuvimos en Italia casi un año. Vivimos en Roma, trabajando en Cinecittà. Solía tener lecciones de inglés y matemática por la mañana, en el departamento, con un profesor privado, y por la tarde venía un auto a buscarme para llevarme al set o al depósito del estudio, donde aún tenían la escenografía de viejos films de vaqueros. Era como la tierra de la fantasía.

¿Qué pasó con aquella carta que dejó tu papá en la mesa de noche?

Se la dieron a mis abuelos y cuando llegó el momento, yo tenía catorce años, me la mostraron. Pero la verdad es que ya la había leído. Andrew Birkin había hecho una copia. La vi tres o cuatro días después de que Michael muriera. No entendía realmente lo que quería decir porque tenía 9 años. Pero la seguí leyendo y crecí y maduré, y comencé a entender lo que quería comunicarme.

¿Te pide perdón?

Pide comprensión. No pide disculpas. Dice que no tengo que creerle a la gente si dice que terminó con su vida porque estaba mal de la cabeza. Fue una decisión, una decisión muy triste. Lo más importante que quiere hacer es asegurarme que me cuidarán. Y así fue. Y que me deja la colección. Y que algún día esta colección puede valer algo. Marianne vino inmediatamente a la casa cuando supo. Todos estuvieron allí ayudándome.

Para Michael el sueño de los 60 se moría seguido. Había muerto unos años atrás, cuando a su novia, Ginger, la mató una sobredosis de heroína. Esa abundancia también marcó un fin para Adam: "Hasta ahí recuerdo que yo había sido muy feliz". El sueño murió, de nuevo, cuando vio que la Guerra de Vietnam no pararía. Y murió otro poco cuando los Stones se fueron a Francia. Adicto a la heroína, intentó la rehabilitación. El tratamiento habitual era con metadona, el mismísimo Richard Nixon era uno de los impulsores. Pero la metadona también genera adicción. El remedio, la enfermedad.

¿Entendiste por qué se suicidó?

Fue una combinación de muchos factores que lo llevaron a estar muy deprimido. Si uno lo decía, las autoridades médicas de aquel entonces creían que estabas loco y te ponían en un asilo. Hoy todos aceptan que la gente se deprime y hay antidepresivos que ayudan. Pero en los 60 la gente no consultaba con psiquiatras, no tenía analistas, no tomaba antidepresivos. Pero siempre supe que me quería y me cuidaba. Nunca lo vi tomar drogas.

¿Te enojaste con alguien? ¿Con Michael, con los Stones?

Nunca sentí nada malo contra mi padre por lo que hizo.Des¥¥pués de que murió no quise tener nada que ver con ese mundo por mucho tiempo. Porque fue ese mundo el que hundió a Michael en la depresión. Yo no los culpaba a ellos. No culpaba a nadie. Pero al mismo tiempo pensaba: necesito alejarme. Tengo que pensar en mí. Tengo que educarme y descubrir qué quiero hacer.

¿Podés escuchar a los Stones sin pensar en tu papá?

Depende de la canción. Me resulta muy difícil Wild horses, porque apareció más o menos para cuando Michael murió. Nadie sabe realmente para quién fue escrita; se dice que para Marianne. Pero hay muchas cosas que yo asocio con Michael.

Como volver de grande al aula de primer grado: todo es más chico y más cerca. Nada es lo que se recuerda. Wild horses es del álbum Sticky fingers, de 1971. Faithfull y Jagger se separaron en 1970. Michael Cooper se mató en 1973.

Eran cinco y uno más: a Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones,Bill Wyman y Charlie Watts, Michael Cooper les andaba cerca. Él era el muchacho de cámara al cuello que andaba con los Rolling Stones en los primeros años de la banda.

"Sabía cuándo mantenerse apartado, entonces lo que hacía –sacarnos fotos–, era un hecho natural en nuestra relación. Jamás te fastidiaba poniéndote una cámara en tu cara ni haciéndote consciente de ella. Michael sólo sacaba fotos. Hacía eso. Estar cerca de nosotros (...) No era solamente que te gustaba tanto como persona que lo dejabas hacer cosas que jamás les permitirías a otros, sino que nunca eras consciente de que las estaba haciendo. Lo hacía tan bien y tan sigilosamente que la mayor parte de las veces nadie notaba que nos estaba fotografiando", dice Keith Richards en el libro de las fotografías de Cooper, Early Stones.

Esas postales inconscientes son ensayos, el living de Anita Pallenberg, un viaje a Marruecos, los mismísimos Stones armando el set para la tapa del disco Their Satanic Majesties’ Request y el recital en Hyde Park.

Este año se celebra el 50 aniversario de la banda y el Centro Cultural Borges expone Stones 50, el trabajo de Michael Cooper. La muestra se inaugurará este viernes y estará hasta fines de febrero. Además de las fotos, que tiene la curaduría de Virginia Fabri y Silvia Cooper, habrá un documental audiovisual y una serie de óleos del artista Juan Carlos Bolea en homenaje a la obra del fotógrafo fallecido en 1973.

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