"El teatro es una burocracia"

En su última nota como director general, Ovsejevich pone las cuentas en claro
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12 de diciembre de 1999  

En su última entrevista como director general del Teatro Colón, Luis Ovsejevich se muestra tan activo y entusiasta como siempre. La única diferencia con los tiempos iniciales de su gestión hay que rastrearla en el tono con el cual revela la falta de apoyo político a sus reclamos o las reticencias de las autoridades de Cultura para poner en marcha mecanismos que le permitieran llevar, quizá con más tranquilidad, la compleja tarea de dirigir nuestro primer coliseo.

De todos modos, con su habitual espíritu ejecutivo destaca: "Aunque presenté mi renuncia hace casi un mes, continué con mi trabajo hasta hoy como siempre. Ayer (por el miércoles último), aun cuando ya estaba nombrado el nuevo director, conseguí dos nuevos sponsors: uno, de la cámara que agrupa a los empresarios españoles, por 40.000 dólares, y por la tarde, de Telecom, que me confirmó que patrocinará la próxima revista, la primera del año que viene, dedicada a los dos primeros títulos de la temporada".

Sin embargo, a pocas horas de dejar definitivamente el teatro (mañana asume Juan Carlos Montero como director general), resulta inevitable repasar los punto salientes de casi dos años de gestión.

"No quiero pecar ni por modesto ni por vanidoso. Pero uno de mis mayores logros es no haberme mimetizado con el teatro. Desde el primer día hasta el último, sigo pensando igual. Vine con el ímpetu de manejar el teatro como una empresa privada. Estoy en un teatro estatal, digo que debe seguir siendo estatal, pero lo trato de manejar como una empresa privada, algo que hay quienes me han criticado, pero que yo considero como un elogio, el mayor elogio que se puede hacer de un administrador público: el de no transformarse en un burócrata. Hay gente que a los 20 días, al mes o a los dos meses de estar aquí, se mimetiza con el teatro y entra en la misma variante de lo que es el teatro."

¿Pero cuál es esa variante, esa forma específica de pensar que Ovsejevich identifica con el teatro?

"Es la burocracia. Es una empresa estatal. Es como todo lo que es el Estado. Y esto es también un motivo de mi renuncia: la imposibilidad de hacer cosas en el teatro. Yo quiero hacer mucho más de lo que los que están arriba mío me dejaron hacer", asegura en una primera andanada de reclamos que, de todos modos, nunca llegará a pasar la línea de la buena educación política.

"Lo más importante de lo que hice fue tratar de imponer en este teatro la austeridad y la transparencia. Yo vine acá a trabajar. El auto que había a disposición del teatro lo devolví a Cultura, yo me manejo con mi propio auto y sin chofer. Jamás le pasé un gasto al teatro."

En el tintero

Es inevitable hablar de las cuentas pendientes. Existe una amplia coincidencia en las distintas esferas del Gobierno como entre los conocedores del tema de que el teatro necesita cambios drásticos y profundos. Al respecto, Ovsejevich hace su descargo: "Para hacer un balance de mi gestión hay que aclarar el tema de las direcciones. Yo tuve hace tres meses un conflicto con el director técnico. Dije que si no se iba él, me iba yo, y De la Rúa me pidió que me quedara. Al director técnico no lo había nombrado yo. Yo asumí solo. Ni siquiera tengo una secretaria. Cuando decidí hace unos meses, por primera vez, poner una secretaria, no tuve autorización. Es decir que con una planta de 1300, 1400 personas, el director no puede poner una secretaria sin autorización de la superioridad (Ovsejevich se desliza en la charla de un tema a otro, con la práctica de un surfeador profesional de Internet). Vuelvo: asumí solo: al director administrativo lo puso la Secretaría de Hacienda; al director técnico, la Secretaría de Cultura, y al de Programación Artística, ídem. Después por diferencias de criterio, Renán decidió renunciar, quedó Gandini, que también decidió renunciar. A los 90 días de gestión conseguí nombrar al director artístico, que es Mario Perusso. Con Perusso nunca tuvimos un entredicho. Siempre trabajamos en perfecto acuerdo. Es más, la próxima programación es responsabilidad suya, y yo no quiero tener en eso ningún mérito.

-¿Y cómo debería manejarse este teatro en el futuro?

-Hay que descentralizarlo totalmente. El Teatro Colón tiene que tener su propio presupuesto, manejarlo la Dirección General, y ser auditado por el Gobierno de la Ciudad.

Al respecto, Ovsejevich confirma hoy lo que en reiteradas oportunidades habían manifestado otras personalidades: "Desde hace un tiempo todos los organismos descentralizados se manejan con una cuenta única, lo que generó todo el desquicio, llamémoslo así, que se produjo en el teatro. Porque todos los papeles tienen que ir a la firma primero de la Secretaría de Cultura y después del resto del gobierno. Es todo burocracia. Cada papel lleva meses y meses y meses.

Respecto del problema con la planta de empleados, Ovsejevich también reclama cambios.

"Lo que hay que hacer es modificar los reglamentos. No puede ser el famoso tema de las seis horas. Son seis horas por trabajo insalubre. ¿Quiénes trabajan seis horas en el teatro?: hay sectores que sí son insalubres, pero hay otros que son insalubres por el solo hecho de que están ubicados en el subsuelo. Entonces, para trabajar horas extras, no son insalubres, son salubres. La mayor insensatez es que entre los trabajos insalubres del teatro está la Tesorería. Porque no tiene ventana. Entonces Tesorería trabaja seis horas. Así funciona el teatro."

"Entre los trabajos insalubres del teatro está Tesorería, porque no tiene ventana".

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