Suscriptor digital

Hugo Sigman: "Me sorprende que el progresismo apoye a Moreno sólo porque descalificaba a los empresarios"

Multifacético empresario, con inversiones que van de la biotecnología al cine, enfatiza la urgencia de un acuerdo nacional contra la inflación y pide previsibilidad a la dirigencia política
Astrid Pikielny
(0)
15 de diciembre de 2013  

La conversación puede pasar de la biotecnología y la actividad agroforestal al extraordinario guión de Relatos salvajes, el film que Damián Szifrón estrenará el año próximo con un elenco de lujo, producido por K & S Films; de la inexistencia actual de un "movimiento empresarial organizado con vocación progresista" a la incompatibilidad de que un propietario de medios de comunicación masivos desarrolle en paralelo otras actividades empresariales; de la polarización en torno a la ley de medios y "la mala tentación" de que el Gobierno tenga medios propios a la necesidad de un gran acuerdo nacional para bajar la inflación y los "desastres" generados por el ex secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno."Nunca entendí por qué Cristina lo sostuvo tanto a Moreno. Es la persona que más perjudicó a su gobierno", dirá.

Todas estas definiciones llegan de Hugo Sigman, fundador del Grupo Insud y uno de los empresarios más importantes de la Argentina."No somos una empresa argentina que se fue al exterior, sino la empresa de un argentino que empezó en el exterior e invirtió en la Argentina. Y todavía sostenemos fuera del país nuestra actividad principal", explica el fundador y líder de un conglomerado diversificado que factura 1300 millones de dólares y opera en más de 45 países.

Además de la biotecnología aplicada a la salud y los laboratorios farmacéuticos, sus intereses lo vinculan a la actividad cultural: fundó la editorial Capital Intelectual, edita la versión Cono Sur del mensuario Le Monde Diplomatique, editó hace algunos años los semanarios Tres Puntos y TXT y fundó Kramer&Sigman, la productora cinematográfica responsable de películas dirigidas por María Luisa Bemberg, Israel Adrián Caetano y Carlos Sorín.

También, ahora, del film que protagoniza Will Smith y el de Damián Szifrón, de próximo estreno.

A diferencia de los empresarios que sentían preferencia por Néstor Kirchner, Sigman admite tener más empatía con Cristina Fernández y participó de dos viajes de Estado con la comitiva presidencial al exterior, a España y China, ambos destinos vinculados a la actividad del grupo. De bajo perfil, el empresario prefiere evitar reuniones sociales y las vidrieras de las revistas. "No tengo ninguna necesidad. Hay gente que le gusta, o tiene necesidad de exhibirse, o lo necesita. No es mi caso", explica. Días pasados, la Fundación Endeavor lo distinguió como el Empresario Modelo 2013 por su trayectoria innovadora.

–¿Qué le suscita el aniversario de estos 30 años de recuperación de la democracia?

–Treinta años de democracia es extraordinario en un país con tradición de inestabilidad política. Eso es un haber muy importante. Me parece que en la ciudadanía existe la convicción de que los gobiernos constitucionales son una buena solución y que las Fuerzas Armadas han dejado de ser una salida. En todos estos años tuvimos altibajos, momentos buenos y momentos de crisis. Los dos fracasos más importantes que se produjeron históricamente, que fueron la caída del Muro de Berlín y el fracaso del Consenso de Washington, han hecho que los países de la región busquen nuevas ideas y caminos propios. Son gobiernos heterodoxos que hacen cosas como consecuencia de algunos modelos fracasados, se renuevan en sus acciones, pero nunca han conceptualizado lo que hacen. Estos gobiernos, muy diferentes entre sí, han buscado una solución distinta que mejore la condición de vida de los países y la distribución. Creo que hay algo que toda democracia tiene que tener y es previsibilidad. Cuando no hay previsibilidad hay miedo a invertir y no hay financiación a largo plazo. Y no hay grandes proyectos si no hay financiación a largo plazo, la gente se desanima y vende sus empresas.

–La previsibilidad no parece una característica de la Argentina.

–En nuestro caso, los momentos de estabilidad, inflación, convertibilidad, salida de la convertibilidad, supercrisis, y después un modelo distributivo pero con cierta inestabilidad por la inflación, no ayudan a las empresas a poder pensar en el largo plazo. Acá no existe la financiación a 10 o 20 años que tienen otros países, y eso complica la situación. Hay que comprender que hay políticas de Estado que exceden a los gobiernos. Y habrá estadistas cuando distintos dirigentes se unan, definan políticas de Estado esenciales que se mantengan a lo largo del tiempo y trabajen para conseguir ese objetivo.

–¿Cuál es para usted el tema central hoy?

–El tema de la inflación es esencial, es grave. Es muy difícil cortar la inflación si no hay un gran acuerdo nacional. Ahora van a venir las paritarias y las discusiones de salarios y van a pedir un 25%, y los empresarios van a querer un 25% de aumento en los precios. Hasta ahora se pudo porque había rentabilidad empresarial, pero eso se acabó: los empresarios no van a aguantar y eso se va a trasladar a los precios. Es una espiral que se retroalimenta y que en algún momento hay que cortar.

–¿Cuál es, para usted, la inflación real?

–La inflación está en el 20%, 22 %.

–¿Qué salida imagina?

–Le cuento lo que hizo Felipe González en plena crisis, y por lo que fue muy criticado, pero funcionó. Él dijo: "La inflación va a ser del 12%, yo voy a dar aumentos de salarios por el 12% y van a tener que trabajar para que sea del 12%". Y terminó siendo casi del 12% y en dos años, España, que tenía un 23% de inflación, terminó teniendo una inflación del 8%. Mucha gente le reprocha que haya sido a costa del salario de la gente, pero ayudó a ordenar un país. Entonces, ¿cómo se para esto? O se para con un gran acuerdo o se para con una decisión muy fuerte del gobierno. Aunque es difícil en la Argentina porque hay tres CGT, creo que el mejor camino es el del acuerdo. Hace falta una gran política de Estado, un verdadero sentido nacional y patriótico de dirigentes de distintos partidos que puedan hacer un acuerdo y entender que ésa es una salida.

–¿En qué momento de estos diez años deberían haberse tomado estas medidas?

–Hubo dos etapas del kirchnerismo. En el inicio, el país crece muchísimo sin inflación y el Gobierno toma medidas para ayudar al desarrollo, como la subvención a la energía, el intento del plan "compre nacional", etcétera. Esa primera etapa fue un período de bastante prosperidad, con decisiones valientes para el ámbito empresario. Pero nunca entendí por qué el gobierno dice en un momento determinado: "Nosotros no vamos a devaluar porque no vamos a perturbar el salario de los trabajadores". Creo que se equivocaron mucho. Kirchner era una persona que miraba cuánto entraba, cuánto salía, cuánto era el superávit de la balanza comercial, cuáles eran las reservas del Banco Central. Después se empezaron a minimizar esas cosas. Se subvencionaron algunos servicios, como la electricidad, el gas y el transporte, y de repente se convirtió en un subsidio universal para gente que no lo necesitaba. Un economista francés, François Bourgignon, me dijo que Cavallo le había dicho que sabía que había que salir de la convertibilidad, pero que era su hijo y no sabía cómo dejarlo. Pienso que el kirchnerismo hizo cosas fantásticas durante los primeros años, pero tuvo algunos hijos que no abandonó aun cuando hubiera sido importante abandonar o transformar.

–¿Y cuáles son esos "hijos" que debía haber abandonado?

–Se tendría que haber devaluado siguiendo la inflación real. De ese modo no se hubieran perjudicado las economías regionales. Se tendría que haber quitado el subsidio –que fue útil e indispensable en los primeros años de kirchnerismo– a los que podían pagar tarifas plenas de los servicios de gas, electricidad y agua.

–En los setenta se hablaba de "burguesía nacional". ¿Cree que en la actualidad hay algo así como un empresariado argentino y cómo lo caracterizaría?

–De los empresarios que más se habla es de los empresarios que tienen una relación con el Estado, pero hay cientos o miles de empresarios formidables, aferrados al país con ganas de desarrollarse, que no tienen ninguna relación con el Estado. Cuando se habla del concepto de burguesía nacional se remite a la idea de lo que fue el modelo Gelbard en el 73. Gelbard era un tipo muy especial, inteligente, imaginativo, audaz y estaba muy comprometido políticamente. No sé si hoy existe alguien. No hay un movimiento así hoy, un movimiento de empresarios con vocación progresista, por llamarlo de alguna manera. Quizá sí individualmente, pero no organizadamente.

–¿Cuál es la distancia óptima y necesaria entre un empresario como usted y quien ejerce ocasionalmente la jefatura de Estado de la Argentina?

–A Kirchner lo vi una vez sola en mi vida. Me entrevisté con él en la Casa Rosada cuando hicimos la película Crónica de una fuga y esa película fue a Cannes. Con Cristina me vi muchas veces. Siempre me pareció una mujer inteligente. Cristina muchas veces me menciona y creo que es porque a ella le gusta el modelo empresarial que nosotros tenemos. A diferencia de otros empresarios, que tenían más empatía con Kirchner, yo tengo más empatía con ella. Me parece una buena persona y una persona sensible, pero nunca entendí y nunca le pregunté –porque no me animé a hacerlo– por qué lo sostuvo a Moreno.

–¿Y usted no tiene ninguna sospecha de por qué lo sostuvo?

–Es la cosa que me resulta más inexplicable de Cristina. Nunca entendí cómo el progresismo podía estar de acuerdo con Moreno. Nunca entendí por qué el progresismo apoyaba a un tipo como Moreno sólo por ser desafiante con los empresarios. Dicho de otra forma, a veces los conservadores atacan a los inmigrantes porque los sienten los responsables de todas las desgracias. Acá el progresismo entendió que los empresarios son los responsables de todas las desgracias, y como Moreno atacaba a los empresarios, el progresismo lo apoyaba. Nunca entendí por qué Moreno tuvo esa importancia con todos los desastres que hizo en este país.

–¿No habrá sido porque en ese rol le resultaba funcional?

–Creo que alguien te resulta funcional cuando hace las cosas bien, pero me parece que Moreno siempre hizo las cosas mal. Fue el personaje que más perjudicó al gobierno de Cristina.

–¿Cuáles fueron los mayores fracasos de Moreno y qué daños causaron?

–No controló la inflación, perjudicó a los productores de trigo y maíz con la arbitrariedad de las licencias de exportación, transfirió 600 millones de dólares por año durante tres años consecutivos de los productores de trigo y maíz a pocos exportadores, hizo quebrar frigoríficos sin conseguir un beneficio para los consumidores, porque el pan, la carne, la leche y los productos de primera necesidad aumentaron, no controló el dólar paralelo cuando dijo que lo podía hacer e hizo un programa de dar licencias de exportación si las empresas exportaban. En verdad, lo que sucedió es que no se generaron exportaciones nuevas, sino que los importadores les compraban exportaciones a los exportadores habituales. Me sorprende que un sector del progresismo hoy lo reivindique sólo porque descalificaba y asustaba a los empresarios.

–En la actualidad usted mantiene Le Monde Diplomatique, pero hace algunos años fundó dos semanarios, Tres puntos y TXT, que luego cerraron. ¿Por qué?

–No creo en los semanarios. Hay excepciones, pero en el mundo a los semanarios les está yendo muy mal y tienden a desaparecer. Creo más en los mensuarios. Un mensuario permite una publicación más reflexiva, más conceptual, más tranquila y más alejada de la coyuntura. Además, viví algunas experiencias insólitas.

–¿Por ejemplo?

–Yo iba muy poco a la revista y casi no tenía decisión en los contenidos editoriales. Sin embargo, no hay persona que no crea que lo que saca la revista no sea una operación tuya. Es muy interesante, porque eso refleja la opinión de la ciudadanía sobre los medios. O sea, que son medios que "operan". Por supuesto que yo conocía los títulos y a veces les daba importancia y a veces no, pero me llamaba gente para preguntarme por qué la revista había publicado determinada cosa y yo no tenía ni idea de qué me estaba hablando. Es muy difícil ser dueño de medios y tener otras actividades empresariales. Me parece que alguien que trabaja en medios muy masivamente tiene que ser sólo empresario de medios. Es un tipo de actividad que requiere que uno se dedique sólo a eso y que la gente no piense que eso que hacés lo hacés para favorecer a tus otras empresas. El público muchas veces no piensa que quien escribe lo hace con sus ideas y cree que lo hace en función de los intereses económicos.

–¿Como describiría el clima de periodismo, al que algunos describen como un territorio de trincheras definidas por el apoyo o la oposición al kirchnerismo?

–Me parece que en eso jugó mucho la ley de medios y no fue sólo con los periodistas, sino con toda la sociedad. Hubo una polarización muy intensa de la sociedad en las familias, en los amigos. No me parece que haya sido bueno eso.

–Pero ¿está de acuerdo con la ley de medios?

–Tener otras voces y evitar la gran concentración de los medios me parece una buena decisión en cualquier país. Fíjese lo que ha pasado durante muchos años en el mundo, en donde si uno era dueño de un periódico no podía ser dueño de un canal de televisión porque se entendía que no era conveniente para la información y para la sociedad. Me parece que hacer más heterogénea la información pública no está mal.

–Es difícil encontrar a alguien que esté en desacuerdo con cambiar una ley de la dictadura en pos de "democratizar" las voces. Pero se le critica al kirchnerismo que haya profanado una causa justa en pos de centrar sus esfuerzos en la guerra contra el Grupo Clarín, una aplicación sesgada de la ley y el armado de un conglomerado propio de medios estatales y paraestatales.

–Que el Gobierno tenga medios propios es una mala tentación. Quiero diferenciar: que haya periodistas con ideas afines al Gobierno me parece normal porque expresan un punto de vista. Pero que el Gobierno tenga medios, y que encima esos medios puedan no ser de calidad, obviamente eso no es bueno.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?