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El Jagüel de María, un hogar para la libertad

En la que había sido la casa de sus padres, Estela Sosa creó un lugar que alimenta, protege y envía a la escuela a 24 chicos en Pilar
Micaela Urdinez
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16 de diciembre de 2013  

El cartel en la puerta del Hogar El Jagüel de María, ubicado en la localidad de Santa Rosa, en el partido de Pilar, explica el espíritu de su obra: "Todo es imposible cuando no se intenta nada". Y quien encarna ese principio es su fundadora, Estela Sosa, quien después de trabajar durante 14 años en un hogar de la zona, decidió que tenía que emprender su propio camino para cuidar a otros chicos en las mismas condiciones. Hoy, el hogar atiende a 24 chicos de 9 a 18 años que llegan derivados por los servicios sociales locales o por los juzgados. En general, son chicos en situación de calle, con problemas de adicciones o víctimas de abuso.

"Me fui porque no dejaban salir a los chicos. Y, para mí, los chicos no tienen la culpa de estar ahí, sino que la responsabilidad es de los adultos. Pero sabía que había encontrado mi vocación, así que les pedí el «rancho» de mis padres a mis hermanos para poder empezar este hogar. Acá nos criamos nosotros, mientras el viejo Sosa tenía un tambo. El Jagüel se llamaba la quinta y le puse de María en honor a mi mamá [ése era su nombre] y a la Virgen", recuerda Estela, mientras unos de los chicos cocinan y otros ponen los manteles en las mesas de la galería.

Era 1999 y se venía una de las peores crisis sociales que vivió el país. La casa hacía nueve meses que estaba abandonada, tenía mucho espacio y se pusieron a trabajar sin tregua para acondicionarla. "Revocamos con nuestras manos. Decidimos arrancar en el año más bravo, pero encima en 2002 el hogar se incendió y perdimos todo. Con la ayuda de algunas empresas, amigos y la providencia, pudimos salir adelante", recuerda Estela, que, junto con su hermana Susana, se turna para estar siempre alguna en el hogar. Los chicos las llaman "tía" de manera indistinta. "Somos tías. Mamá y papá hay uno solo, aunque sean buenos o malos. Si la gente puede mantener una familia, ¿cómo nosotras no vamos a poder mantener ésta? Es sólo un poquito más costosa. Pensá que sólo tres de los chicos están en primaria y todos los demás en secundaria, así que estamos lidiando con pre y adolescentes todo el tiempo", señala Estela, que interrumpe permanentemente la entrevista para mandar a bañar a los chicos y atender a sus necesidades.

"Si vos incorporás la cultura del trabajo, es muy difícil que salgan a pedir", afirma Estela. Y por eso el hogar posee un emprendimiento social de catering y pastelería, del que participan todos los chicos. Después de mucho esfuerzo, han conseguido hacerse conocidos en los countries y barrios cerrados de la zona, que asiduamente les hacen pedidos, que sirven para juntar el dinero necesario para solventar los gastos.

"Es proponértelo, el hogar se sostiene con esfuerzo. La provincia nos paga 15 becas cuando ellos quieren y les sobra algo. Algunas empresas hacen donaciones específicas y tenemos muchos colaboradores particulares. Para el día tras día compramos la mercadería en el banco de alimentos, pero nadie piensa en papel higiénico o el desodorante. Se gasta muchísimo en productos de limpieza e higiene", explica Estela.

Por el hogar ya pasaron 113 egresados, de los que la tía sabe cada historia y siguió cada destino. Algunos volvieron con sus familias, otros empezaron la propia, los menos siguieron estudios y otros hasta se fueron a vivir al exterior.

El equipo de trabajo es chico (un psicólogo y una trabajadora social), pero lo suficientemente grande como para sostener una red de contención y derivación junto con los organismos públicos para atender las demandas de los adolescentes.

"Yo lo que le pido a la gente es que venga a conocernos y se va a enamorar del proyecto. Sólo necesitamos bicicletas para los chicos y artículos de limpieza. Además, si alguien nos quiere donar harina y levadura, nos podríamos ahorrar esa plata para invertirla en otra cosa. Teniendo harina, hacemos cualquier cosa", asegura Estela, mientras muestra orgullosa la sobadora, la amasadora, el horno eléctrico y el otro de gas que tienen en la cocina, en el que actualmente están haciendo panes dulces para las Fiestas

Para poder irse en las vacaciones de invierno a Villa Carlos Paz, Córdoba, los chicos estuvieron trabajando durante todo el año para juntar la plata, haciendo ferias americanas y diferentes eventos. "Después de ver todo lo que pudimos y no pudimos disfrutar en las vacaciones, los chicos entendieron la importancia del trabajo. Los primeros días comíamos asado y terminamos cenando fideos con salsa. Pero era lo que había. Yo siempre les digo que si llegan a una meta es por su propio esfuerzo y no porque alguien les regala algo", resume Estela.

Las personas interesadas en conocer más sobre El Jagüel de María pueden ingresar a www.eljagueldemaria.com.ar o comunicarse al 0320-4495114.

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