"Cuando sea grande quiero hacer jueguitos"

La industria de los videogames recauda más que Hollywood, y en la Argentina el desarrollo del entretenimiento digital está en pleno auge; la oferta académica crece y los jóvenes programadores tienen asegurado un porvenir próspero
Franco Rivero
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21 de diciembre de 2013  

En el país -y, en general, en toda la región- está sucediendo algo impensado hace tan sólo una década atrás: la industria del entretenimiento se posiciona como un rubro en alza, con nuevos emprendimientos cada mes. No es casualidad. En el mercado mundial muchas empresas desarrolladoras de videojuegos han logrado desplazar a los grandes estudios de Hollywood en materia de recaudación. Ejemplo: la última versión de Call of Duty: Ghosts logró embolsar 1000 millones de dólares en su primer día en las góndolas. Sí, su primer día.

Desde luego, y como ocurre con otros rubros, esta industria se ha vuelto aún más rentable con la llegada de las plataformas móviles, nuevos mercados que han calado fuerte en la forma de constituir y pensar una empresa. Grupos reducidos de emprendedores en una pequeña oficina pueden generar importantes dividendos con el desarrollo de juegos casuales (un ejemplo de juego casual es el Candy Crush ).

Panorama local

La Argentina no escapa de la realidad de la región y, además, se proyecta como líder, aseguran fuentes consultadas por LA NACION.

Miguel Martins, director ejecutivo de la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Argentina (ADVA), indica: "La Argentina está muy bien posicionada en la región en materia de desarrollo de videojuegos, debemos seguir esforzándonos y capacitándonos para no perder liderazgo, ya que otros países de la región, como Chile, Uruguay y Colombia, han avanzado muchísimo en los últimos 3 años. Desde ADVA estimamos que existen cerca de 70 estudios que se dedican al desarrollo de juegos en el país. La escala es múltiple: desde grandes empresas hasta medianas, pequeñas y micros, también llamadas de garaje , en las que 2 o 3 amigos emprenden algún proyecto en común por su pasión por los videogames".

Consultado acerca de la inserción laboral de los egresados de las carreras de videojuegos, Martins cuenta: "Cuando un egresado empieza a trabajar en un estudio de desarrollo de videojuegos se da una suerte de período ventana en el que el recién ingresado adquiere las habilidades e incorpora la filosofía de trabajo propia de dicho estudio, adaptándose a las funciones y responsabilidades que le competen. Desde la Comisión de Educación de ADVA trabajamos en conjunto con universidades y terciarios para que los planes de estudio sean más funcionales a la realidad del día a día de nuestro sector".

La idea en casa

Como toda nueva práctica, el planteo a la hora de elegir una carrera puede traer algún desconcierto en el ámbito familiar. Durgan Nallar, docente de Image Campus y director de la revista Irrompibles ( www.irrompibles.com.ar ), sostiene: "Los padres son los que preguntan sobre las fuentes de trabajo y quieren asegurarse que sus hijos están encarando un oficio serio, ya que cuando uno dice videojuegos por lo general se asocia a una actividad sin utilidad. De todos modos, como sabemos, el desarrollo de videojuegos es la industria más redituable del mercado del entretenimiento. Es como si estudiaras cine, les decimos, y eso se suele entender un poco mejor. A menudo, en las clases y charlas informativas los padres quedan asombrados de las posibilidades que existen en el oficio.

Carlos Martínez, coordinador de la carrera Diseño de Videojuegos de la Escuela Da Vinci, agrega: "El estigma que acompañó a los videojuegos durante sus años iniciales se fue diluyendo. Hay demasiada gente muy brillante trabajando en la creación de videojuegos como para que no sea evidente a esta altura que se trata de una industria creativa y seria a la vez. En la Argentina, la industria del videogame ha triplicado sus ingresos anuales en los últimos dos años. Ya no es sólo un pasatiempo. En el hogar solía haber escepticismo también, pero eso cambió en los últimos años. Antes se veían los videojuegos como una forma de aislamiento social para chicos con problemas de adaptación. Ahora es una forma ampliamente aceptada de entretenimiento que permite estar en contacto con gente de todo el mundo".

Dónde estudiar

La industria crece y con ella aumentan las ofertas de casas de estudio. En los últimos años, las carreras y los cursos ofrecidos de desarrollo y diseño de videojuegos se ofrecen en muchos institutos terciarios como Image Campus, Escuela Da Vinci y Siglo XXI (Córdoba), además de diversas carreras que pueden cursarse en la Universidad de Buenos Aires, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), la Universidad Argentina de la Empresa, la Universidad de Palermo, la Universidad Abierta Interamericana, la Universidad Nacional de Tres de Febrero, la Universidad Nacional del Litoral (en Santa Fe) y la Universidad de La Plata.

Demian Levy Polat es alumno en la Escuela Da Vinci, donde está cursando el tercero y último año de la carrera Diseño de Videojuegos y ya tiene una alta expectativa sobre su futuro laboral. "Lo veo muy bien, ya que durante la cursada de la carrera recibí varias propuestas de trabajo; algunas eran bastante interesantes, aunque preferí enfocarme en mis estudios para poder terminar lo mejor posible. No dudo de que en un futuro recibiré más, sobre todo por el constante crecimiento de la industria local."

Uriel Lucas Bertolini ya se encuentra trabajando, aunque aún sigue estudiando la carrera de Desarrollo de Videojuegos de Image Campus. "Fui muy afortunado porque pude ingresar para colaborar con un calificado grupo de profesionales de una renombrada empresa de desarrollo como lo es Globant, con importante presencia internacional." Uriel también aclara: "Esta carrera no es un juego. Sus principales enfoques son, naturalmente, la programación, la física y la matemática. Hay que trabajar mucho e invertir dedicación personal y tiempo, no exento de sacrificios, para conseguir resultados buenos y alentadores".

"Cada año se ve un aumento de un 20 a un 30% de alumnos que ingresan, muchos en la carrera terciaria de Técnico Superior en Desarrollo de Videojuegos de Image Campus, que entrega un título oficial homologado por la Dirección General de Enseñanza de Gestión Privada -dice Nallar-. Esta es una carrera de tres años, muy intensiva y centrada en la programación. También hay otros alumnos que prefieren el lado artístico o creativo del oficio, y se inscriben en los programas profesionales de cinco a nueve meses y estudian temas como concept art, game art (el modelado 3D y la animación) y game design. Hacer juegos de video es un oficio multidisciplinario, trabajan desde diseñadores hasta técnicos, incluyendo músicos y gente de marketing."

Tecnología de punta

El desarrollo de videojuegos está experimentando un categórico ascenso que necesita de nuevas prácticas y nuevos desafíos. Muchas de las universidades antes nombradas ya trabajan al respecto. "En el ITBA disponemos de un laboratorio de captura de movimiento. Es un sistema que cuenta con 18 cámaras infrarrojas que permiten triangular los movimientos de personas con un traje de marcadores reflectivos (captura corporal) o de pequeñas marcas reflectivas colocadas en el rostro (captura facial). Las cámaras crean una nube de puntos 3D que permite rastrear los movimientos corporales o gestuales. A través de software, de estos puntos se crea un esqueleto que reproduce los movimientos para distintos fines: generar personajes para animaciones o videojuegos, estudiar medicinalmente los movimientos realizados, entre otras cosas -indica Silvia Alicia Gómez, directora del Departamento Ingeniería Informática-. Además, el Departamento de Informática cuenta con el Centro In3D de innovación en Animación y Videojuegos, y tiene acreditada por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria una especialización en diseño y desarrollo de videojuegos."

También en la Escuela Da Vinci cuentan con equipos de estas características. "Con esta tecnología se acorta la brecha entre los desarrolladores profesionales y los estudiantes, ya que se les permite tener acceso a una tecnología cara y poco usual con el fin de entrenarlos y mejorar la calidad de sus proyectos incluso antes de finalizar la carrera", observa Carlos Martínez.

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