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La gigantesca operatoria de los negocios Báez-Kirchner

Cómo fue el mecanismo de contratación de los hoteles, cómo se pagaron y a quiénes beneficiaron más los acuerdos
Hugo Alconada Mon
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22 de diciembre de 2013  

Lázaro Báez, el gran beneficiario de la obra pública durante la última década en la Patagonia, pagó millones de pesos por cientos de habitaciones en el hotel Alto Calafate durante años. Y así engordó la billetera de los últimos dos presidentes de la Nación, Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Tanto, que representó el equivalente al 20% del patrimonio de poco más de $ 70 millones que la pareja presidencial declaró en 2011.

Para eso, Báez recurrió a una operatoria sencilla, que nunca debió salir a la luz. Hizo que siete de sus empresas firmaran convenios confidenciales y retroactivos con el Alto Calafate, hasta acumular 935 habitaciones todos los meses que él pagó, sin importar que sus empleados usaran o no esas reservas, ni si se trataba de temporada alta o baja.

¿Resultado? Al cabo de sólo un año y medio, Báez desembolsó $ 10,1 millones por esas habitaciones en el Alto Calafate. Y ese monto se sumó a otros $ 3,2 millones que también pagó por el "alquiler" de la hostería Las Dunas, más otro $ 1,1 millones por operatorias con Los Sauces SA. Total: $ 14,5 millones.

El dispendio de esa fortuna resulta notable. Pero más aún cuando el hombre de la chequera fue un simple empleado del Banco de Santa Cruz, por entonces estatal, hasta que conoció a Kirchner en 1990. Y que en paralelo al ascenso al poder del por entonces intendente se convirtió en un megaempresario.

Los números son evidentes. Sólo durante la década kirchnerista en la Casa Rosada ganó contratos nacionales por $ 4000 millones y otros $ 1200 millones de la provincia de Santa Cruz. O dicho de otro modo, mientras que Kirchner fue presidente, Báez ganó el 82% de los contratos que otorgó el gobierno santacruceño.

Por insólito que parezca, sin embargo, la operatoria hotelera que llevó a Báez a pagar millones quedó plasmada en papeles, que obtuvo LA NACION, que durante meses los evaluó junto con seis analistas antilavado, tributarios y financieros. Sus conclusiones fueron coincidentes. Cada uno de ellos, en entrevistas mantenidas por separado, estimaron que podía resultar una evidente maniobra de lavado de activos.

En ese caso, ¿qué fondos de origen ilícito podían estar blanqueándose a través de la industria hotelera? Allí sí los expertos mostraron opiniones divididas: algunos piensan en un presunto lavado de dinero del pago de coimas, y otros en un supuesto retorno de un ínfimo porcentaje de esos miles de millones de pesos que recibió Báez en contratos públicos.

Para el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, la explicación fue otra. Con una voz que expuso su incomodidad, dijo por radio que no le importaba qué había hecho Báez con esas 935 habitaciones que pagó por mes, ya que, según él, se trataba de un "acuerdo entre privados". Algo insólito si se trata de los últimos dos presidentes de la Nación y el mayor contratista de obra pública de la última década. Pero de ese modo, además, terminó por admitir que esos contratos existían.

Durante esa conversación radial, Parrilli también aportó un indicio interesante. Defendió ese vínculo contractual entre las empresas de Báez -que de ese modo cubrieron un tercio de la capacidad del Alto Calafate durante más de un año y medio- y el matrimonio Kirchner, ya que, dijo, con esos alquileres "garantizaba un negocio".

¿Para quién fue negocio? Según reveló el martes LA NACION, lo fue sólo para los Kirchner, que de ese modo acumularon ingresos en blanco por $ 10,1 millones por el Alto Calafate, que se sumaron a los millones que recaudó la familia presidencial por su hotel Los Sauces, que el empresario Juan Carlos Relats, fallecido el jueves último, firmó en similares condiciones. Es decir, se comprometió a pagar US$ 105.000 por mes, durante años, aun cuando le significó un rojo sustancial en sus cuentas.

Pero el manantial hotelero de ingresos no terminó ahí. Porque junto a Báez y Relats, también se sumó Aerolíneas Argentinas. Firmó un acuerdo similar con el Alto Calafate por otro tercio de sus habitaciones. De ese modo, mientras que el gran beneficiario de la obra pública y una aerolínea estatal le garantizaban al matrimonio presidencial un piso mínimo del 60% de ocupación (y su pago, aunque no usaran esas habitaciones), otro empresario -Relats, también concesionario de obras públicas- le pagaba un canon fijo por un segundo hotel.

Pero los hallazgos que molestaron a la Casa Rosada no concluyeron allí. Porque al Alto Calafate y Los Sauces se sumó un tercer establecimiento turístico. LA NACION expuso que Báez también les pagó otros $ 3,2 millones a los Kirchner por la hostería Las Dunas, aun cuando hasta ahora se consideraba que ese establecimiento pertenecía al propio empresario.

Esa revelación sí generó la reacción de la Presidencia de la Nación. Argumentó que los Kirchner informaban ser dueños de Las Dunas en las declaraciones juradas que presentaron durante años ante la Oficina Anticorrupción.

En rigor, los Kirchner sólo detallaron ser propietarios del terreno donde se erige esa hostería, en la que colaboradores de Báez siempre se movieron como dueños de casa, mientras que operarios de su empresa insignia, Austral Construcciones, se encargaban de la remodelación y ampliación de sus instalaciones. Más aún, el matrimonio presidencial nunca detalló que hubiera cobrado millones por esa hostería.

El impacto noticioso resultó notable. Tras los primeros tres artículos que publicó LA NACION -sobre los convenios hoteleros, el pago millonario por Las Dunas y los ingresos totales de los Kirchner-, distintos referentes de la oposición reclamaron explicaciones "convincentes" de la presidenta Cristina Fernández, quien participó de varios actos públicos durante los días siguientes, pero sin tomar el micrófono.

Quien sí tomó la iniciativa fue Báez. Primero para pedirle a la Justicia que lo investigara, al mismo tiempo que, como Parrilli, admitía la veracidad de los documentos que reveló LA NACION. Báez los calificó como "papeles privados" de sus empresas. Y un día después pidió una medida cautelar para impedirle a este diario -y al resto de la prensa escrita y digital- que publicara documentos de Valle Mitre, su empresa que se encargaba de gerenciar los hoteles de los Kirchner. Un intento de censura previa.

¿Por qué tanto nerviosismo? Primero, porque Valle Mitre sirvió durante años de enlace en los negocios -y el dinero- entre los Kirchner y Báez. Segundo, porque según indicaron a LA NACION colaboradores del propio empresario, Báez ignora cuánto material más tiene este diario sobre sus empresas e inversiones, y está desesperado por determinar su alcance.

Y algo más, ¿los empleados de Báez fueron al Alto Calafate? ¿Usaron esas 935 habitaciones que tenían a su disposición todos los meses? Todos los consultados por LA NACION, así como por otros medios de comunicación, dijeron que no. Incluso algunos dicen que no conocen El Calafate. Queda a 300 kilómetros de Río Gallegos.

Un acuerdo en cifras

  • $ 14,5 millones

    Es la cifra de dinero que le pagó Báez, por medio de siete empresas, a la gerenciadora de los hoteles de los Kirchner, Alto Calafate, Las Dunas y Los Sauces
  • 935 habitaciones

    Es el nivel de ocupación de los hoteles que les garantizó a los Kirchner el acuerdo con Báez
  • 20% del patrimonio

    Es lo que representó para los Kirchner en 2011 los ingresos generados por los pactos con Báez
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