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Ahora, el circuito de diseño indie abandona las calles de Palermo

Los protagonistas de la nueva camada se agrupan en Colegiales, Belgrano y San Telmo
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28 de diciembre de 2013  

Llega en su bicicleta a un pequeño local ubicado a metros de la plaza de Belgrano R, en donde funciona una tienda llamada Reunión. "Soy Marcelo, de la marca Bastardo, acá traigo mis mochilas", dice y empieza a mostrar sus productos. Lo impulsan el sueño de una marca propia y el disfrute del trabajo en su taller. Marcelo Yarussi forma parte del grupo de diseñadores independientes que se desprendió del canal de ventas palermitano y de las garras de los shoppings. Este semillero de artistas y profesionales no sólo utiliza materiales nobles y mano de obra local sino que se mueve en un ámbito paralelo de comercio justo (y precio "honesto"). Para mostrarse, eligen pequeñas tiendas que se difunden en redes sociales y a través del preciado boca en boca.

Espacios como Reunión, Formosa, Kom y Souvenir -itinerante-, desperdigados entre Colegiales y Belgrano R; talleres a puertas abiertas como Papel Principal, en San Telmo, en donde se imprime en forma artesanal con máquinas del pasado; obradores puertas adentro, como las joyeras de Taller Eloi... Cada uno de estos sitios son el epicentro de la nueva movida de diseñadores que cruzan todos los rubros: indumentaria, joyería, objetos, cerámica, cuadernos, libros y bordados. Allí, en locales diminutos, estos profesionales concretan sus ventas. También utilizan las redes sociales como modo de promoción y sus casas como showrooms . En todos los casos, se manejan en las antípodas del criterio mayorista.

Los valores de gran parte de estos productos reflejan el costo de manufactura real de cada etapa del proceso. Es decir que no se añaden costos ocultos porque cada objeto, cerámica, mochila, cuaderno o bordado es único. Casi como una obra de arte. "Muchas veces viene una persona de una empresa y quiere comprar al por mayor. Para nosotros es muy difícil explicarle que todo está hecho a mano y que en eso reside el verdadero valor", afirma Julieta Racket, creadora de Nido Textiles, que casi se agarra un patatús cuando una firma de Suecia le pidió 1000 gorros de los que ella diseña (finalmente logró enviarlos).

En un principio, Nido confeccionaba fundas vintage para laptops y luego amplió su espectro a las lanas. Julieta viajó a Entre Ríos para contactarse con una cooperativa de mujeres que se dedicaban a producir lanas desde cero y teñirlas a mano. "Me encanta saber que conozco todo el proceso de mis gorros, suéteres, sacos y bufandas, desde que salen del lomo de la oveja hasta que llegan a un local superdiseñado de Londres o Tokio", sostiene. Este también es un caso de self made woman , porque, cada vez que envía uno de sus productos al exterior (hizo un trabajo de hormiga mandando e-mails a tiendas de todo el mundo), se ocupa de comprar la caja, armar cada bolsita, revisar cada prenda y hasta hacer las etiquetas en la imprenta de la esquina.

La fama de Hilda Hirr la precedía más de lo que ella podía suponer. Sus piezas de cerámica se exhibían en ferias y se vendían como pan caliente pero nadie sabía nada sobre su autora. El anonimato terminó de caer hace poco, cuando la artista fue invitada a mostrarse en el Malba, Tramando y Casa Foa. "A mí lo que más me apasiona de esta actividad es la situación de taller", se sincera Hirr, que empezó exhibiendo sus cuencos en la feria Kom. "Ese tipo de espacios parecen minúsculos pero tienen una circulación de gente que va a buscar algo especial", asegura.

Otro caso interesante es el de la artista Flor Delboy, que aplica sus dibujos e ilustraciones a distintos soportes, desde cerámicas y latas transformadas en macetas hasta su plataforma más actual: los sellos.

Muchos de estos proyectos convergen en Reunión, una de las ferias más visitadas del momento. "En la tienda se exhiben y están a la venta productos de las ocho diseñadoras que formamos parte de este proyecto. Se pueden encontrar desde prendas y productos textiles hasta cuadernos, piezas de joyería, cerámica, objetos de diseño y obras originales", explica Laura Morales, que vende sus bordados allí.

De este grupo, a su vez, surgió la marca Miga de Pan, de Adriana Torres, que comenzó armando muñecos tejidos al crochet y hoy distribuye en Italia, Francia, Corea del sur, Estados Unidos y Holanda. Y Adriana también es la empresa misma, porque va en colectivo a comprar los hilos, los elige y decide mandar a teñir su propia paleta de colores si no encuentra la que busca. Con la misma dedicación responde los e-mails, se promociona en Facebook y capacita a las tejedoras mientras diseña nuevos prototipos.

Ferias como Reunión también tienen su costado gastronómico, de la mano de cocineros y distribuidores independientes que colocan allí sus productos. Como los vinos orgánicos y aceites de oliva del francés Nicolás Ronceray, alias El Dealer Divino, que en alguna noche especial suele cocinar sus cr ê pes y organiza catas en la vereda; o las mermeladas exóticas de El Gallo Luis, de Santiago Racket, que prepara un curioso dulce de mandarinas con flores de lavanda o un humus de remolacha.

Así, en cada uno de estos ámbitos, queda bien trazado el límite de lo independiente, del producto único preparado y moldeado con las manos, sin ninguna ambición serial o de ganancia mayorista. Los interesados, tomen nota: para futuras ocasiones, tal vez sea buena idea hacerle ole al shopping y cambiar el clásico circuito.

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