El desafío de ganar el "juego cambiario"

Nadín Argañaraz
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12 de enero de 2014  

Durante 2013, el Gobierno pareciera haber tomado nota de que la economía argentina atraviesa una apreciación real de su moneda, lo que implica menos competitividad: somos más caros que antes y nos hemos encarecido relativamente más que nuestros principales socios comerciales.

La pérdida de competitividad se visualiza en la caída del tipo de cambio real bilateral (el TCR del peso contra el dólar volvió a estar próximo a 1 como en diciembre de 2001 y el TCR contra el real se ubica en 1,49, cercano a los niveles de enero de 2002).

La estrategia gubernamental para evitar seguir perdiendo competitividad pareciera ser tratar de acelerar la tasa de devaluación, intentando equipararla con la tasa de inflación local verdadera. El giro más fuerte de política cambiaria tuvo lugar con el nuevo gabinete y fundamentalmente durante el mes de diciembre. De hecho, sólo en ese mes se llevó a cabo prácticamente un cuarto de la suba del tipo de cambio de todo el año: 8% en diciembre contra 33% de todo 2013.

La inflación, por su parte, registra una suba respecto de meses previos y en relación con 2012. Según datos de la Dirección Provincial de Estadística y Censos de San Luis, la canasta de bienes y servicios (con 33% de participación de alimentos y bebidas) exhibió una significativa aceleración en el transcurso de 2013. Si bien es posible que muchos bienes importados que integran la canasta de consumo ya hayan fijado su precio local en línea con el tipo de cambio paralelo o azul, no puede descartarse que la mayor devaluación puede estar impactando en los precios en pesos de estos bienes.

En efecto, si la estrategia oficial se concentra solamente en la política cambiaria, podría no resultar efectiva para detener la pérdida de competitividad, ya que puede estar contribuyendo a la aceleración de los precios (nunca se logra el objetivo). De hecho, se observa que interanualmente se devaluó un 33%, mientras que la inflación estimada para el cierre del año tendría un piso del 30% (para 2012, estos guarismos fueron de 14 y 23%, respectivamente). Se destaca el cambio significativo respecto de 2012, pero también el escaso margen de diferencia entre ambas variables en 2013.

Hasta aquí se analizó la evolución de las variables endógenas. Pero, en el tablero de competitividad no jugamos solos, y por eso resulta clave analizar las movidas de los socios comerciales.

Brasil es el principal jugador, puesto que representa prácticamente un cuarto del intercambio comercial argentino (es el destino de 21% de las exportaciones locales y el origen de cerca de 26% de las importaciones argentinas). A su vez, es el destino de 69% de las manufacturas industriales, donde el rubro "Material de transporte terrestre" explica gran parte (65%) de esas exportaciones.

Durante 2013, la política económica brasileña se centró en evitar que la tasa de inflación anual se elevara por encima del límite superior de la meta anual (6,5% anual). En efecto, en noviembre, la tasa de inflación acumulada en doce meses fue de 5,8%, de modo que se mantuvo dentro del rango de la meta.

A su vez, dado el régimen de tipo de cambio flexible de Brasil, la expectativa de posibles cambios en la política monetaria norteamericana marcó una fuerte volatilidad en la cotización del real respecto al dólar. Durante el año pasado, acumuló, sin embargo, una devaluación de 15% respecto de esa divisa.

Esta combinación de tasa de devaluación mayor a la tasa de inflación resulta en una ganancia en términos de competitividad. Una importante movida en el juego, puesto que la desvalorización real de la moneda brasileña respecto del dólar tiene repercusiones negativas en la Argentina. Genera un encarecimiento en dólares de los productos que nuestro país envía al país vecino y abarata los productos brasileños. De hecho, el tipo de cambio real bilateral entre la Argentina y Brasil cayó 10% entre diciembre de 2012 y noviembre de 2013, y se ubica en niveles similares a los de enero de 2002. Esto se produce a pesar del juego de variables endógenas argentinas dscriptas anteriormente.

Por el momento, las nuevas estrategias locales no alcanzan para ganar el juego cambiario. Sin embargo, 2014 está en sus albores. El tablero luce complicado y jaquea la competitividad argentina. En términos locales, será clave no sólo la evolución del tipo de cambio nominal, sino también el movimiento adicional que están teniendo los precios. El riesgo siempre está en que nuestro principal socio comercial mantenga la inflación bajo control y, así, lentamente (pero seguro) nos vaya ganando posiciones.

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