Silvia Correale: "En el Vaticano nadie se hizo problema porque fuese mujer"

Le dicen "monseñorina" por los años que lleva en Roma, donde trabaja como abogada de unos cien candidatos a la santidad; es rosarina y vicepresidenta del colegio de postuladores
Silvina Premat
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29 de enero de 2014  

A Silvia Correale, rosarina y abogada especializada en los procedimientos que producen santos para los altares, algunos la llaman "monseñorina", título que le habría correspondido por el tiempo que lleva de servicio a la Santa Sede si hubiese sido varón y sacerdote. "Silvia es la promoción de la mujer en los ambientes masculinos de la Iglesia", la presentó el uruguayo Guzmán Carriquiry, cuando era subsecretario del pontificio Consejo para los Laicos. Eran los años 90 y hacía casi una década que Correale había llegado a Roma para estudiar derecho canónico. Ahora, a los 52, es la primera mujer latinoamericana inscripta como procuradora ante el tribunal de la Rota Romana y conduce unas cien causas -entre ellas la del beato José Gabriel Brochero- ante la Congregación para las Causas de los Santos, conocida como la "fábrica de santos".

-En su carrera en el Vaticano, ¿tuvo dificultades por ser mujer?

-Para mí la experiencia es positiva en este sentido. En mis primeros años en Roma los tres grandes postuladores de lengua española dejaron la actividad por razones de salud o por la edad y me pidieron a mí que siguiera sus causas. Nadie se hizo problema porque fuera mujer. No he sufrido ningún tipo de marginación; al contrario, tengo tantas causas que... A lo mejor es porque el servicio que damos apela más a una capacidad técnica que política.

-Pero en el colegio de postuladores, que son mayoría hombres, la eligieron vicepresidenta

-Sí, me votó un 80% de sacerdotes y religiosos.

-Le dicen la "decana" de los argentinos en Roma. ¿Por qué?

-Porque llegué en 1988 y empecé a trabajar para la Santa Sede en 1992. Por eso soy la decana de los argentinos ante la curia romana. He visto pasar a muchos sacerdotes estudiantes. Dejando de lado a Marcelo Sánchez Sorondo, que es obispo, y considerando a los sacerdotes y religiosos, soy la persona argentina más antigua en el servicio a la Santa Sede.

-¿Cambió su trabajo desde la elección del papa argentino?

-Mi servicio eclesial de postuladora, como el de otros postuladores, está cambiando porque las líneas pastorales que el papa Francisco está dando sostienen e impulsan un trabajo eclesial, apostólico, misionero, que comenzó durante el pontificado de Juan Pablo II y que nosotros denominamos "pedagogía de la santidad", es decir, proponer testigos fieles del Evangelio que animan e impulsan a todos a dar una respuesta generosa y auténtica de la vocación cristiana en el mundo.

-¿Cómo tomó que el Papa pidiera un nuevo "tarifario" para reducir los costos de los procesos de beatificación?

-Bien, porque hemos intentado acompañar a los que iniciaban un proceso de beatificación también desde el punto de vista de los costos y teniendo en cuenta que las causas son instrumentos de pastoral.

-Se habló de postuladores con cuentas millonarias

-Podría haber algún caso de un postulador que pudo haber pedido compensaciones elevadas por considerar que cumplía una función importante. La mayoría de nosotros siempre ha vivido nuestra profesión como un servicio eclesial que requiere estar muy atento también a la realidad económica de las partes.

-Se dijo que el costo mínimo de un proceso de beatificación es de 250.000 dólares. ¿Es así?

-No. Eso no es verdad. Sin ir más lejos, para la causa de beatificación del cura Brochero los gastos fueron de alrededor de 30.000 dólares.

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