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Ricardo y Eva Halac, pasión por el teatro y la historia

Padre e hija coincidirán en dos salas del Cultural San Martín; ella con Café irlandés y él con Estela de madrugada
Laura Ventura
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2 de febrero de 2014  

"En el periodismo no puede haber malentendidos. Sólo hay buenas y malas intenciones", escribe Tomás Eloy Martínez en El vuelo de la reina . Uno de estos propósitos bien encauzados fue develar el misterio sobre el paradero del cuerpo de Eva Perón, obsesión que compartió con Rodolfo Walsh. La novela Santa Evita y el cuento "Esa mujer" son el resultado de una investigación que los dos periodistas y escritores llevaron a cabo con gran pasión. Pero hay un capítulo menos conocido que es el vínculo entre ambos. De eso se ocupa Eva Halac en Café irlandés, una obra que define como "el encuentro circunstancial entre ambos cuando eran muy jóvenes, con sus ideas de futuro no delineadas".

Guillermo Pfening (Walsh) y Michel Noher (Martínez) protagonizan la obra ambientada en 1961 durante el gobierno de Frondizi y en la que aparecen también Guillermo Aragonés y María Ucedo como el coronel "el Alemán" Carlos Moori Koenig y su esposa. "Quería reflejar la atmósfera de los 60, con el ambiente intelectual de la época, hacer una pintura del momento, con aquellas consignas, contradicciones y discusiones."

Curiosidades de una capital teatral tan fértil como la de Buenos Aires, en un mismo espacio, el Centro Cultural San Martín, en dos salas distintas, se presentarán en breve sendos trabajos de padre e hija: Ricardo Halac, con Estela de madrugada , y Eva Halac, con Café irlandés .

La directora y dramaturga conversó mucho con su padre, que conoció tanto a Walsh como a Martínez (con este último trabajó en del suplemento cultural del diario La Opinión). Eva enfatiza que no es una obra sobre Evita ni un documental. "La idea de este texto es el punto de vista sobre la realidad en un momento donde se leía mucho. Hay algo de la literatura que llenó la conversación del momento. Había una exigencia muy fuerte a la realidad a partir de la ficción. Walsh era muy lúcido y, a la manera de Hamlet, tenía una contradicción permanente entre dedicarse a escribir o convertirse en el personaje de su novela. Estas formulaciones hacen un laberinto que se puede ver en el escenario".

Halac conversó también con Patricia Walsh, política e hija del escritor, y Ezequiel Martínez, uno de los responsables de la fundación que mantiene viva la obra del autor, le facilitó documentos. "La obra es un juego de proyecciones que intenta llegar al punto anterior a la toma de decisión de la vida de cada uno, un momento donde hay contradicciones y una interpretación de la realidad diferente", explica.

La conversación es entre Walsh recién llegado de Cuba y Martínez entonces crítico de cine de LA NACION, mientras buscaban información para escribir un artículo para vender a un medio extranjero: "Los dos tenían un humor tan distinto, que no podían ni coincidir en un chiste. Son casi opuestos. Creo que Walsh quería cambiar el mundo, mientras Tomás quería conocerlo y comprenderlo".

Emblemas del periodismo de investigación y de la literatura -de no ficción, el primero; de la nueva novela histórica, el segundo- ambos, con sus diferencias, mantuvieron un vínculo cercano y compartieron una misma obsesión: descubrir el misterio del cuerpo de Eva Perón.

La vigencia de una búsqueda

Prócer del teatro argentino, Ricardo Halac conserva una vitalidad envidiable y al mismo tiempo un aire de caballero de antaño. Hace casi 50 años estrenó Estela de madrugada , una obra emblemática del teatro argentino, con Federico Luppi y María Elina Ruas. "Tenía 28 años y hubo críticas que me acusaban de ser muy sentimental. Me hizo muy mal, mucho daño, como si la razón nos llevara a buen camino", recuerda.

Lizardo Laphitz dirige esta versión siglo XXI que se estrena el 22 de febrero (en el Cultural San Martín, de viernes a domingos, a las 20), con Brenda Bonotto como Estela, acompañada por Alejandro Fain, Cristina Dramisino, Gastón Cocchiarale, Emiliano Delucchi, Francisco Prim y Victoria Sarchi. La protagonista se debate entre salir de una vida rutinaria, sin pasión o permanecer en ella. "¿Vivimos para realizarnos en algo, con un sentido y un destino o porque buscamos la estabilidad? En esta búsqueda está la vigencia de la obra", reflexiona Halac.

"Las generaciones jóvenes tienen otras maneras de escribir. Creo que los autores de los 60, como yo, lo contaríamos de modo más realista. A veces veo teatro y no sé de qué me están hablando. No les pido que tengan un compromiso como el que teníamos nosotros, pero muchas veces se pasa por el costado el mundo interesante y diabólico en el que vivimos", comienza su análisis sobre el presente de los escenarios. Lamenta que a los dramaturgos argentinos se los haya "echado" del teatro comercial. "En el teatro independiente, hay casi 200 autores con sus textos. No nos equivoquemos, la cantidad no hace a la calidad. Pero esos muchachos intentan formas nuevas todo el tiempo y hay cosas muy interesantes".

Dos estilos, una misma obsesión

"Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio", escribe Rodolfo Walsh en "Esa mujer" (1963), unos de los cuentos argentinos más estudiados, no solo por ser un documento histórico, sino por su valor literario. En este relato el autor practica, como define Roberto Piglia, "el arte de la elipsis". Escrito durante la proscripción del peronismo, jamás se nombra a Eva Perón, nombre tabú, a quien se alude anafóricamente con "esa mujer".

En 1995, Tomás Eloy Martínez escribe Santa Evita , una de las novelas argentinas más traducidas de todos los tiempos y best seller internacional: "Usted sabe muy bien lo que está en juego -dijo el Coronel y se levantó a su vez-. No es el cadáver de esa mujer sino el destino de la Argentina. O las dos cosas, que a tanta gente le parecen una", reza un fragmento de la novela, donde también se alude a Eva como "esa mujer".

La belleza de la prosa de Martínez, sumada a su minuciosa investigación, jamás fue cuestionada. Aunque los párrafos de Walsh resultan más ásperos para el lector y, por ende su calidad literaria, hay un dato mayor para destacar y que es apenas el puntapié de su legado literario. Fue Walsh quien dio origen, con Operación Masacre (1957), a lo que luego sería llamado nuevo periodismo, años antes incluso de A sangre fría (1966), de Truman Capote, hoy señalado como pionero de ese género.

  • Café irlandés

    De Eva Halac

    Cultural San Martín, Sarmiento 1551

    Funciones, viernes y sábados, a las 21; domingos, a las 20.
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