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Florencia Fiocca: "Me gusta la cocina de lo textil"

La gran habilidad de esta diseñadora que amplió sus horizontes y ahora se dedica a asesorar a otras marcas, y al yoga
Delia Alicia Piña
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6 de febrero de 2014  

Voz pausada, tranquila, taza china de té en mano y una gata mimosa que da vueltas y la sigue. Florencia Fiocca recibe en su casa-atelier y habla de su nueva etapa. Lejos de las pasarelas, del estrés de un local a la calle y hasta de la presión del diseño temporada tras temporada. Con un ritmo de vida zen, ahora además de diseñadora es instructora de yoga y ofrece lo mejor de sí y lo que más sabe: asesora en la creación de indumentaria. Está en "la cocina de lo textil".

–¿Seguís como diseñadora?

–Nunca voy a poder dejar de serlo…, sólo puse mi marca en pausa hasta nuevo aviso. En tanto armé un taller modelo de confección con el que trabajo. Y, sobre todo, me dedico al análisis y la bajada de tendencias; definición del look de una marca; conceptualización y desarrollo de colecciones; diseño de lookbook, research de materiales; realización de moldería y sus detalles constructivos; diseño de estampas; definición de paleta, y hasta producto terminado.

–¡De todo!

–Sí, es lo que más me gusta; en particular, el seguimiento del proceso técnico que implica adelantarse al problema que puede surgir en la producción, como que no coincida lo que quieras hacer con el tejido que elegiste o que la tela no sea la adecuada para el tipo de moldería.

–O sea, ver qué va con qué.

–Sí, qué va con determinada caída o recorte. Y está bueno saber hacer las correcciones de moldería que se necesiten, también en el calce. Siempre me gustó la cocina de lo textil y me encanta poder dedicarme a full.

–¿Te corriste de lo creativo?

–Siempre está. En la definición de un producto hay mucho de creativo porque también tenés que compensar. A veces no resulta una pieza extremadamente novedosa, pero sí bien definida en proporciones, color, etcétera. Una puede tener mucho diseño, pero no bien llevado, no bien resuelto en términos de confección.

–Gana un buen producto.

–Sí. De alguna manera dejé un poco de lado ese aspecto conceptual extremo del diseño; con mi marca ponía el acento en la inspiración, sobre todo en los elementos de la naturaleza; todo muy histriónico.

–¿Cómo pasaste del boom de ffiocca , de estar expuesta en la pasarela o ante la estilista inglesa Isabella Blow o en un local a la calle a la tranquilidad del atelier?

–¡Muy bien! Entendí que este corte era necesario porque todo había sido vertiginoso. Decidí cortar hasta nuevo aviso y ya pasaron cuatro años. Y compenso mi parte creativa, de contacto con la naturaleza o lo natural con el yoga. Soy instructora, hice una formación de más de ocho años, aunque se va aprendiendo toda la vida, y me animé a dar clases.

–¿Siempre practicaste yoga?

–Desde muy chiquita, tomaba clases con mi abuela. Y retomé con más intensidad como parte de una búsqueda personal. Es una disciplina que me permite un orden de vida, de mi mente, de mi todo. Te ayuda a estar más liviana, a fluir más. Practico Iyengar, pero incluyo un mix de posturas, con el fin de lograr una mejor limpieza. Y doy clases porque es como una alquimia para mí, ver cambios en el otro es sanador también, se da un fluir de energía muy positivo.

–¿Y sumás otras prácticas?

–Nunca fui severa con algo en mi vida, ni con la filosofía, cualquier disciplina, ni con la alimentación; eso no funciona para mí, porque te aislás. Para mí lo ideal es escuchar qué quiero o qué necesita mi cuerpo, algo más natural. Cuanto más alineado estás, no necesitás ser terminante.

–¿Y hacés algo de ropa?

–Para mí, no. Por ahora, sólo hago un trabajo de asesoría para Giesso. Lo único que hice últimamente fue el vestido de novia de mi hermana superneto, plisado, todo una campana que se parecía mucho al vestido de mi mamá. Y me parecía que le faltaba algo, decidí hacerle un nudo atrás, y opté por el nudo chino de la prosperidad. Busqué online el paso a paso y encontré un video que vi una y más veces, hasta que advertí que el que lo enseñaba era sadomasoquista… Es que más allá de lo que uno haga depende de para qué y por qué lo hace, con qué intención.

–¿Finalmente resultó el nudo?

–Sí, quedó muy bien hecho, a pesar del instructor...

–¿Ropa para yoga?

–Buena idea, pero no todavía.

–¿Qué otras cosas hacés?

–Siempre fui muy observadora, miro mucho en la calle cómo las chicas y, sobre todo, las señoras grandes se visten para expresarse; de eso emergen muchas ideas; en San Telmo se las ve más freakeadas que en Barrio Norte, es muy interesante. Y lo que hago mucho es mirar ropa mal hecha. Me paro frente a las vidrieras y detecto errores y pienso: ¿por qué este producto no es correcto?

–¿Y qué ves?

–Me doy cuenta de por qué los colores no van; que el hilo tiene una tensión que hace que la moldería esté pésima. Un buen ejercicio, algo que hago casi automáticamente. Me encanta observar usos, costumbres y ver qué usa la gente y cómo.

–¿Siempre pensaste en indumentaria o en algún otro rubro?

–No solamente, me fascinan los accesorios: me gusta hacer zapatos y carteras. Recordá que empecé en Grimoldi, en España hacía zapatos, me encantan. Me gustan los vintage; en ferias o tiendas encontrás piezas casi nuevas, increíbles...

–Además del yoga, ¿otra disciplina o deporte?

–Me gusta esquiar, disfruto deslizándome por la montaña.

OBJETO QUERIDO.

"Un móvil con paragüitas chinos, un objeto que muestra cómo cada uno pende de un hilo, con excelente contrapeso; exhibe una precisión de detalles notoria, un buen equilibrio, y gran compensación de líneas." Recuerdo de un viaje a Oriente que hizo por trabajo

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