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Darío Giustozzi: "Tengo la ambición de ser gobernador, y lo haría bien"

El diputado massista se suma a la carrera bonaerense de cara a 2015; define el caso Boudou como "una afrenta a la democracia"
Marcelo Veneranda
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9 de febrero de 2014  

A los 11 años, Darío Giustozzi llegó a esta ciudad para competir como corredor de patín de velocidad. Antes, durante y después, corrió en bicicletas, motos y autos, fue maratonista, karateca, basquetbolista y boy scout, participó en todos los coros de su Saladillo natal y hasta integró un cuerpo de baile de malambo.

Más cansado que relajado, después de recorrer siete ciudades de la costa y varias más del interior, de reunirse con economistas y presentar, en el Congreso, un pedido para actualizar el presupuesto 2014, al ex intendente de Almirante Brown y presidente del bloque de diputados del Frente Renovador (FR) se le escapan estos detalles de su vida privada. Cuando no habla de política.

"Era un pueblo chico y yo hacía todo lo nuevo que aparecía", explica, mientras intenta picar una ensalada Le Marais de palta, jamón crudo, peras asadas y endivias en el restaurante del coqueto hotel francés que eligió como base en Mar del Plata. La mención de ese detalle burgués lo hace reaccionar: se señala sus medias de vestir y corrige: "Sólo traje un par de medias y las lavo en la ducha, con el champú del hotel".

En ese mismo tren reivindicatorio, recuerda que, al llegar a La Plata para estudiar ingeniería sin la aprobación paterna, fue canillita, taxista, sereno en una playa de estacionamiento y hasta un retratista instalado en la plaza Moreno que, a falta de mejores artes, pedía las fotos de sus clientes para copiar, a mano y en lápiz, sus rostros.

En la universidad también empezó a militar en el peronismo, con el que llegaría a ser intendente en 2007 y revalidaría en 2011, como kirchnerista, hasta que el año pasado se alió con Sergio Massa para derrotar al Gobierno y a su vecino, el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, con el que, a diferencia del tigrense, parece lejos de la reconciliación. Pero eso, cuando habla de política.

-¿Por qué eligió el peronismo?

-Porque venía con un perfil social, de la militancia de la juventud cristiana, de los scouts, y la diferencia entre el peronismo y la izquierda es que los peronistas eran prácticos, hacían cosas. Íbamos a un barrio y mirá lo que te voy a contar, le enseñábamos a la gente cómo usar el jabón para no desperdiciar, a impermeabilizar el piso de tierra de sus casas.

-¿Y qué piensa hoy cuando identifican al FR con la derecha?

-Es un error: el FR tiene un perfil socialcristiano, humanista, pluralista, anclado en el campo nacional y popular, moderno. En todo caso, es un espacio en formación, de centro y con apertura, que busca tomar lo mejor de cada dirigente y de cada experiencia política. No somos los que creen que el que gana tiene que derrumbar todo y empezar de cero.

-Gabriela Michetti dijo que son kirchneristas que "se avivaron" de que el kirchnerismo se caía.

Mejor no respondo [hace una pausa, larga]. En todo caso, nos dimos cuenta? no, ni siquiera eso: es una visión muy superficial, sesgada e interesada.

-En 2011, decía que el Gobierno había avanzado en la dirección correcta. ¿Lo sostiene?

-El primer período del kirchnerismo iba en la dirección correcta: superávits gemelos, un tipo de cambio contenido, un país que crecía y construía una Corte Suprema independiente. Pero luego hubo cambios vertiginosos y yo me mostré en contra de las candidaturas testimoniales, de la elección de Amado Boudou como vicepresidente; me encontré con que ese espacio se empobrecía con la concentración de poder en grupos minoritarios, con miradas prejuiciosas y fundamentalistas.

-¿Cómo analiza la reacción ante la indagatoria de Boudou?

-El caso Boudou es una ofensa a los 30 años de democracia y un retroceso para las instituciones. Creo que el Gobierno está desconcertado y muchos de sus integrantes actúan por reflejo, limitándose a decir que "se respeten las leyes". El Gobierno debe dar una señal clara y apartar a Boudou hasta que se resuelva su situación. Otros dirigentes, y estoy pensando en la foto de las elecciones, con Boudou rodeado por Scioli e Insaurralde, decidieron hacerse los distraídos, como lo hacen con la inflación y la inseguridad.

-El Gobierno ensayó virajes con respecto al dólar, los precios y hasta el Club de París...

-Son medidas improvisadas y muchas de ellas inconexas. Necesitamos un programa sustentable con un plan antiinflacionario serio y consensuado con los actores económicos y sindicales. Con respecto al Club de París, nuestra mirada debe ser defender los intereses nacionales, pero integrados al mundo, no con una mirada caprichosa que te arrincone en el eje Venezuela-Irán. Así que creo que es una decisión en la dirección correcta, que se debería haber hecho antes.

-¿Después de tantas ciudades recorridas, podemos decir que está en campaña?

-Es lo que vengo haciendo desde hace bastante: la costa te permite escuchar a vecinos de muchos lugares, sus demandas y sus concejos, y convertirlos en propuestas para una plataforma de gobierno para la provincia de Buenos Aires. Aun cuando falta mucho tiempo, el reloj de 2015 ya está en marcha y tenemos un equipo con experiencia de gestión a disposición de los bonaerenses.

-¿Al candidato del FR lo elige Massa o van a primarias?

-Eso no es importante. Lo importante es cumplir las expectativas de la gente. Yo tengo una ambición personal de ser gobernador y el convencimiento de que lo haría bien.

-Habló de la apertura del FR. ¿Hay espacio para Insaurralde?

-Creo que sería un riesgo para nuestra identidad, confundiría a la gente. Él tuvo una actitud bastante hostil durante la campaña y tuvo declaraciones bastante contradictorias, por lo cual no se trata de ser más o menos conocido, sino más o menos coherente.

-Sigamos con el tema de la apertura: ¿ya es suegro?

-Martina es hija única, la vida me puso en el lugar de papá y mamá desde hace varios años. Yo quiero que sea feliz, tiene 20 años y me parece bien que esté de novia. Lo recibí, le hice asado, jugamos al ping-pong, me pegó un tiro en el anteojo y no me enojé [ríe y se vuelve a relajar, pero sólo un instante]. Me va a matar: Martina tiene novio, punto.

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