Más tensión en Venezuela: detienen a un líder opositor

Luego de encabezar una marcha, Leopoldo López se entregó y fue llevado a una cárcel militar; siguen las protestas en varias ciudades; fuertes choques
Daniel Lozano
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19 de febrero de 2014  

CARACAS.– La entrega negociada de Leopoldo López, líder del ala radical de la oposición, no apagó ayer el incendio de protestas que vive Venezuela desde la semana pasada. Se evitó la jornada trágica que muchos temían en Caracas, pero la tensión no deja de crecer. Una marcha pacífica en la ciudad de Valencia fue emboscada por un grupo de paramilitares, que hirieron a cinco opositores.

Las cacerolas sonaron anoche sin descanso en diversos puntos de la capital y las hogueras iluminaron las protestas en otras ciudades. La Venezuela antichavista está determinada a no callarse.

Para evitar nuevos sobresaltos que lo hubiesen puesto en evidencia otra vez frente al mundo, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, escoltó a López, coordinador de Voluntad Popular, tanto en el Palacio de Justicia como en su viaje hasta la cárcel de Ramo Verde. Además, el gobierno reemplazó al director del Servicio Bolivariano de Información (Sebin) luego de hacerse público un documento audiovisual que confirma cómo varios agentes abrieron fuego contra los jóvenes opositores en las protestas de la semana pasada.

"Hoy me presento ante una justicia injusta y corrupta. En Venezuela no hay justicia." Leopoldo López buscó su lugar en la historia moderna de Venezuela y lo encontró, paradójicamente, a los pies de la estatua de José Martí, el libertador cubano. Arropado por una marea blanca que eludió el gigantesco cerco policial, reapareció después de cinco días en la clandestinidad.

Sin soltar la bandera tricolor venezolana de la mano, con una camiseta blanca con la leyenda "El que se cansa, pierde" y un gran crucifijo sobre su pecho, López arrimó a su mujer al estrecho pedestal.

Se besaron y se despidieron, como si lo estuviera haciendo de todo un país. Nada más bajar, aclamado por la multitud que gritaba "¡No estás solo!", López se entregó a la Guardia Nacional.

Según pudo saber LA NACION, la entrega se había pactado previamente para evitar una nueva tragedia, similar a la del miércoles pasado, cuando tres personas murieron durante la represión de las marchas opositoras. El propio presidente Nicolás Maduro, en un discurso lleno de arengas y acusaciones a otros presidentes, añadió que Cabello dialogó en varias ocasiones con el entorno familiar del ahora detenido.

El nuevo preso político del chavismo emprendió un viaje tragicómico hasta el Palacio de Justicia, en el que pasó de una tanqueta a un auto, de éste a un helicóptero, hasta llegar al tribunal escoltado por el presidente del Parlamento.

Correligionarios políticos confirmaron en la noche que se mantienen parte de las acusaciones originales contra López (instigación pública a delinquir, asociación para delinquir, daños en la propiedad privada y pública, incendio intencional), pero que desaparecieron las más graves: terrorismo y homicidio intencional. Testigos, videos y fotografías han echado por el piso la teoría conspirativa del gobierno.

Parecidas acusaciones se levantaron ayer contra otro grupo paramilitar que embistió a sangre y fuego contra una marcha pacífica de la oposición en Valencia, capital del estado de Carabobo.

Al menos cinco personas resultaron heridas de bala, una de ellas de forma muy grave por culpa de un balazo de alto calibre en la cabeza. Se trata de Génesis Cardona, modelo y estudiante, la actual Miss Turismo de ese estado.

La arremetida de los radicales oficialistas sucede 24 horas después de que el gobernador de Carabobo llamó a un "contraataque fulminante". Cabello sería el encargado de dar la orden, según Francisco Ameliach.

"Este jefe político fascista ya está en manos de la justicia", se congratuló Maduro, ayer a la tarde, durante el discurso a los trabajadores petroleros, que de forma obediente se concentraron en Caracas.

"El complot fascista"

El presidente siguió los acontecimientos del día desde Miraflores, rodeado por varios de sus ministros y sorprendiendo, una vez más, al país: "Terminamos cuidando su vida [la de López]. Le arrestamos para evitar que lo asesinaran", en referencia a un supuesto complot "fascista" para llevar a Venezuela a un golpe de Estado.

En un empeño evidente de echar más combustible a las fogatas rebeldes, la justicia habría puesto en su mira ahora a Carlos Vecchio, mano derecha de López en Voluntad Popular. "Este gobierno no puede ni encontrar cómo darle pan al pueblo, pero le reparte plomo", se quejó Antonio Ledezma, alcalde mayor de Caracas y uno de los dirigentes radicales de la oposición.

"Maduro está buscando desesperadamente un 11 de abril (fecha del golpe de Estado contra Chávez). Quiere una épica para enfrentar la crisis económica", resumió el escritor Alberto Barrera.

Siguiendo el guión de todas las crisis contemporáneas, Maduro lanzó nuevas andanadas a los enemigos externos, incluyendo esta vez a Colombia y Chile y a sus respectivos presidentes, Juan Manuel Santos y Sebastián Piñera.

"Problemas de venezolanos los resolvemos los venezolanos", clamó el primer mandatario, e interpeló directamente a Santos.

"No nos dé lecciones de democracia", le dijo desde su podio.

Maduro retó al que fue el "nuevo mejor amigo" de Chávez: "Si un dirigente de la oposición llama a una marcha para ir al Palacio de Nariño a sacarte del poder, ¿defiendes al Estado colombiano o le entregas el poder al sedicioso?". Ningún grupo ni dirigente opositor ha convocado una manifestación hasta el Palacio de Miraflores en los últimos años.

El presidente norteamericano, Barack Obama, también se llevó lo suyo, tras la expulsión de tres funcionarios estadounidenses: "¿Qué quiere, que condecore a estos grupos violentos?".

Atentamente, y bajo una tromba de agua, los miles de trabajadores del petróleo participantes en la contramarcha chavista escucharon a su líder, convocados de urgencia por su jefe, Rafael Ramírez, presidente de Pdvsa.

El también vicepresidente económico conminó a sus petroleros para que se desplegaran en una gran marea roja, parecida a las escenas del clásico del cine Novecento. Y con tantos extras como la película: medios locales confirmaron que, una vez más, el gobierno trajo ómnibus de todo el país cargados de obreros.

La presencia era obligatoria para los más de 100.000 trabajadores del ente, para evitar las imágenes del sábado pasado, cuando la marcha "contra el fascismo y contra el golpismo" no pudo llenar la emblemática avenida Bolívar, de Caracas.

"Rodilla en tierra con Nicolás Maduro" fue el eslogan más coreado por los oficialistas, quienes al menos volvieron a sus hogares con una buena noticia debajo del brazo: la Faja Petrolera del Orinoco, la mayor reserva de petróleo del planeta, pasará a llamarse Hugo Chávez.

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