Mario Aurelio Poli, el cardenal que seguirá el legado de Jorge Bergoglio

Será el encardado de continuar el trabajo de Francisco en Buenos Aires; acompañará a los curas villeros en la lucha contra el narcotráfico
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22 de febrero de 2014  • 13:02

El flamante cardenal Mario Aurelio Poli carga sobre sus espaldas la responsabilidad de seguir las huellas pastorales de Jorge Bergoglio y de cuidar su legado en Buenos Aires.

La misión del cardenal será seguir acompañando, como lo hizo el papa Francisco, a las comunidades de la periferia, apoyar a los curas villeros en la lucha contra el narcotráfico en los asentamientos porteños y bregar por el diálogo interreligioso.

Poli también deberá dar continuidad a la acción misionera de la Iglesia y, sobre todo, fomentar las vocaciones sacerdotales en una jurisdicción eclesiástica en la que declinó el ingreso al seminario en los últimos años.

Poli cultiva el estilo austero, de bajo perfil y cercano con la gente de su antecesor. Aunque no es tan afecto a reunirse con dirigentes políticos, sindicales y sociales, como lo hacía Bergoglio.

Formado en servicio social en la universidad pública, más precisamente en la UBA, la opción por los pobres no escapa a las preocupaciones pastorales de Poli.

Amigo y antiguo colaborador de Bergoglio como obispo auxiliar entre 2002 y 2008, es de andar lento y de pocas palabras, aunque alza su voz frente a las injusticias.

En sus primeras acciones en Buenos Aires, Poli evidenció su compromiso social al celebrar misa como lo hacía Bergoglio- en solidaridad con las víctimas de la trata de personas y la explotación laboral en plaza Constitución, donde no dudó en pedirle a las autoridades que frenen la perversa y devastadora fuerza de las drogas en el país.

También debió intervenir cuando un grupo de ultraconservadores católicos intentó impedir un acto judeo-cristiano en la catedral metropolitana en conmemoración de la "Noche de los cristales rotos", considerada el inicio del Holocausto perpetrado por el nazismo.

"Queridos hermanos judíos siéntanse en casa, porque los cristianos así lo queremos, a pesar de estos atisbos de intolerancia", señaló en ese momento tenso.

En su paso por la diócesis pampeana de Santa Rosa, a la que llegó en 2008, debió lidiar con un problema heredado de su antecesor, monseñor Rinaldo Brédice, y actuó con rapidez para encauzar en la justicia la situación del instituto Servi Trinitatis, una orden religiosa femenina acusada de maltrato, trata de personas, reducción a la servidumbre y comportamiento "sectario".

En agosto de 2012 tuvo otro sobresalto, cuando el sacerdote Jorge Hidalgo saludó por Facebook al dictador Jorge Rafael Videla con motivo de su cumpleaños. Poli juzgó de "irresponsable e imprudente" al presbítero y calificó el episodio de "insoportable escándalo" para la sociedad.

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