EE.UU. le enseña a Europa el camino de la austeridad flexible

Luis Palma Cané
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2 de marzo de 2014  

A partir de la crisis mundial 2008-2009, la Euroárea, azotada por elevados déficits fiscales y excesivas deudas públicas, implementó, impulsada por el fundamentalismo monetario alemán, la llamada política de austeridad a ultranza. Consistió en exigir a los países miembros, en especial a los más endeudados y con mayores desequilibrios fiscales y monetarios, fuertes y rápidos ajustes macroeconómicos con objeto de encuadrarlos en los máximos de déficit público (3% PBI) e inflación (2% anual) permitidos por el tratado de Maastrich, firmado en 1992.

A países como España, Chipre, Italia, Irlanda y Grecia, entre otros, se les exigieron fuertes y rápidas reducciones del gasto (salarios, prestaciones sociales e inversión pública), sumadas a políticas monetarias altamente restrictivas (suba de tasas, reducción de la oferta de dinero y disminución del crédito). El error fue evidente: a países al borde de la recesión, no se les puede aplicar ajustes fulminantes, so pena de llevarlos a crisis de empleo y niveles de actividad socialmente peligrosos. Obviamente, la situación afectó también a la Unión Monetaria en su conjunto.

En efecto, en lo que hace a los niveles de actividad –luego de seis años de iniciada la crisis en 2008–, el PBI de la eurozona permanece un 2% por debajo de su nivel de 2007, habiendo atravesado, además, dos ciclos recesivos. Por su parte, el desempleo pasó del 7,2% (de 11 millones de desocupados) al récord histórico del 12,0% (19 millones).

Cada vez más grave

Dicho de otro modo, durante el período bajo análisis se destruyeron 8 millones de puestos de trabajo. Más grave aún:

  • Las asimetrías son profundas: los mayores niveles de desempleo se dan en las cinco economías rescatadas: Grecia (27,8%), España (25,8%), Chipre (17,5%), Portugal (15,4%) e Irlanda (12,1%). Por su parte, en Alemania asciende a sólo al 5,2 por ciento.
  • La situación de paro pasó de un promedio de 6 a 15 meses.
  • A nivel juvenil (menores de 25 años) la situación es más complicada: la eurozona pasó de un desempleo del 14,2% (menos de 2 millones de jóvenes) al 24,0 % (3,5 millones), repitiéndose las mismas asimetrías mencionadas en el punto anterior. Sólo a modo de ejemplo, en España, la tasa alcanza al 54%, mientras que en Alemania no supera al 7,3%.
  • Otro detalle digno de mencionar es que, a pesar de este grave escenario de crecimiento y de empleo, los resultados –respecto a deuda pública y déficit fiscal– están lejos de haber sido satisfactorios. En efecto, la deuda creció de un 70% del PBI a un 92%, mientras que el déficit sólo se redujo del 6,1% al 4,2%. Estos fríos números hablan bien a las claras del fracaso de la política de austeridad a ultranza.

    Dicho fracaso se pone aún más de manifiesto si al escenario analizado se lo compara con la evolución –en igual período– de la economía en EE.UU. La gran diferencia se encuentra en que –contrariamente a la estrategia seguida por Bruselas– el país del Norte implementó la llamada austeridad flexible, esto es: primero crecer para generar empleo y luego sí, ajustar pero siempre en forma muy gradual, es decir nada de shocks. A estos efectos basta indicar que durante el período bajo análisis, el PBI creció un 6,1%; el desempleo, luego de un pico de 10,2% en octubre de 2009, se ubicó en el 6,7% habiéndose recuperado casi 9 millones de empleos netos; la deuda pública se mantuvo en el orden del 100% del PBI, y el déficit fiscal se redujo del 10,2% al 4,25 por ciento.

    En síntesis, la política de austeridad a ultranza implementada por la eurozona ha sido un fracaso: ¡8 millones de nuevos desempleados pueden dar buena prueba de ello! Más aún: el total actual de 19 millones de desocupados ha generado una situación social altamente inestable, en especial en los países más perjudicados (España y Grecia).

    En contraposición, la política de austeridad flexible de EE.UU. ha cumplido, sin duda, su cometido primordial de minimizar los niveles de desempleo, sin por ello exacerbar las presiones inflacionarias.

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