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La literatura viste a la moda

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5 de marzo de 2014  

Hay al menos dos formas de vislumbrarla realidad: como resultado de una ficción que la va tramando o como caldo de cultivo de múltiples fantasías. Vale preguntarse si los que hacen ficción (me refiero a los escritores) siembran la realidad con sentidos nuevos o más bien la hacen decantar y recogen sus frutos. Claro que hay puentes donde ficción y realidad se cruzan, como Alicia cuando atraviesa el espejo. En el nuevo libro de Victoria Lescano (periodista y ensayista dedicada a la moda), titulado Letras hilvanadas (Editorial Mar Dulce), la ficción le da una mano a la realidad para vestirse bien o al menos con cierto sentido poético. La confección del texto es un verdadero hilván de personajes y sus respectivos atuendos literarios. Algo así como un book look . No sólo se trata de un rescate de la moda en la literatura, sino del modo en que ésta incide en la trama, en los personajes y en la misma prosa.

Los distintos capítulos refieren a ciertos autores argentinos que consiguieron reflejar en sus obras diversas texturas. Algunos de ellos: "Los claritos y las bitácoras de pieles de Silvina Bullrich"; "Los catálogos de moda y las colecciones implícitas en las tramas de Manuel Puig"; "El pequeño diccionario de la moda de Bioy"; "Sara Gallardo, columnista de moda"; "La filosofía sobre la vestimenta de Hebe Uhart", o "Las teorías de los falsos maniquís y los tenderos hechiceros narrados por Fray Mocho y Lucio V. López".

Como para muestras basta un botón, me detengo en el capítulo "Las costureras de César Aira", una original lectura de un escritor siempre à la page . Lescano descose cuentos y novelas (las metáforas textiles se cuelan en estas líneas, quizá provengan de la milenaria paciencia de Penélope o, más bien, de su entretejida tentación). Veamos cómo la autora, en esta nueva pasarela de lectura, despunta la obra de un autor como César Aira: "La ciencia de la costura y la figura de la costurera como la heroína de tramas fantásticas parecen regir las obras de César Aira en un collage de su vastísima producción literaria". Lescano se basa principalmente en dos textos de Aira: su maravilloso cuento "El vestido rosa" y la novela "autóctona" Ema, la cautiva . De ésta, distingue "usos y costumbres drag ", así como rescata pasajes notables en los que el autor postula una estética de gestos propios del indio (el de las ficciones de Aira): "Pintados de la cabeza a los pies, hacían valer de tal modo su presencia, eran tan sólidos que dejaban la huella profunda de su cuerpo aún después de haberse marchado. Se depilaban cejas y pestañas, llevaban pulseras de oro, anchas y flexibles, pero sus mejores joyas -como ellos mismos reconocían-, eran sus gestos. En cuanto a la pintura, desafiaban toda explicación. Hacía siglos habían empezado a concederle un gran valor estético a la desprolijidad. Imitaban los aleteos casuales de una mariposa con sus polvos o el chorreado de una esponja embebida en tinta negra, muchos traían la cabeza rapada; el cráneo plateado estaba de moda".

El libro culmina con una deliciosa visita a la casa de Bioy Casares, donde revuelven juntos su placard en busca del perfecto disfraz de la timidez de un dandy

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