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Desde la Argentina, la colectividad ucraniana sufre a la distancia

Siguen de cerca la crisis y se organizan para ayudar a sus parientes
Nadia Nasanovsky
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6 de marzo de 2014  

Son apenas unas 250.000 personas, dispersas a lo largo de la Argentina, y están a más de 18.000 kilómetros de Kiev. Pero las anécdotas que les cuentan padres, abuelos y bisabuelos venidos de Ucrania, el aprendizaje del idioma y los bailes típicos hacen que, además de argentinos, se sientan ucranianos. Y es por eso que, a pesar de la distancia, no pueden permanecer impasibles frente a la crisis que atraviesa el país.

Desde hace cuatro meses, gracias a Internet y el contacto con familiares y amigos en Ucrania, los miembros de la comunidad ucraniana en la Argentina siguen de cerca la evolución del conflicto. Primero con mucha angustia por la violencia y las muertes; luego, con esperanza a raíz de la salida de Viktor Yanukovich del poder, y ahora con temor, ante la posibilidad de que se desate una guerra con Rusia.

La división entre ucranianos prooccidentales y prorrusos, que ha estado en el eje de la crisis en Ucrania, es inexistente en la Argentina. "La comunidad en la Argentina es nacionalista, es pro Ucrania independiente", aseveró Pedro Lylyk, neurocirujano, hijo de ucranianos y presidente de la Representación Central Ucrania en la República Argentina (RCU), que sostuvo además que esa polarización no es tal, sino que ha sido exagerada por la propaganda rusa.

"Mi sentimiento por Ucrania es algo difícil de explicar, es un sentimiento muy grande", dijo a LA NACION Camila Holik, estudiante de 19 años, con un marcado acento porteño. Nieta de inmigrantes que vinieron a la Argentina a principios del siglo XX desde el oeste de Ucrania, ella y sus hermanos participan desde chicos en varias organizaciones de la comunidad.

Holik baila danzas tradicionales ucranianas en el Ballet Dunay (donde se conocieron sus papás), va a la escuela de idioma de la Organización Ucraniana Renacimiento Avellaneda y participa en la Organización Ucrania Plast Juvenil (Scouts), grupo gracias al cual viajó a Ucrania en 2012.

Mientras se dirigía a una marcha en repudio a la intervención militar rusa en Crimea, organizada anteayer por la RCU en la plaza Vicente López, en Recoleta, la joven dijo: "En este momento, la gente de Ucrania necesita apoyo, y nosotros desde acá queremos hacer saber a todos lo que está pasando".

Alejandro Pundyk, de 43 años, también es nieto de ucranianos y se dedica activamente a la difusión de las actividades de la comunidad, incluida la marcha de anteayer. Este licenciado en administración define su amor por Ucrania casi con las mismas palabras que Holik: "Es muy difícil de explicar, es simplemente algo que uno siente", dijo, y aseguró: "Llevo las tradiciones en la sangre".

"Yo sin dudas habría ido a Maidan si hubiera estado en Ucrania", dijo Pundyk. "Acá lo vivimos como un resurgimiento muy fuerte de aquellos ideales que me contaba mi abuelo."

Pero dentro de la colectividad también hay ucranianos que emigraron recientemente a la Argentina. Viktor Paniouk es uno de ellos. En 1996, cansado de la falta de posibilidades económicas, decidió venir al país.

Tras haber participado de una huelga de hambre en 1990 por la independencia de Ucrania y luego de haber visto, ya desde la Argentina, apagarse las esperanzas de cambio que había vuelto a despertar la Revolución Naranja en 2004, Paniouk es categórico: "No tengo dudas de que ahora sí la situación [en Ucrania] va a ser diferente. No va a haber vuelta atrás porque hay un cambio de mentalidad. De mis amigos, los que antes decían que nunca iba a cambiar nada, ahora están en las barricadas", contó divertido.

Además de seguir atentamente las noticias que llegan de Kiev, los ucranianos en la Argentina se organizan para enviar ayuda a los familiares de los fallecidos tras la represión en la plaza Maidan y buscan "hacer saber a todos los que está pasando". Y no dudan a la hora de definir la situación como un nuevo intento de Rusia de apoderarse de Ucrania.

"Rusia goza de un poder que ha ido in crescendo y quiere revivir el sueño ya no de un imperialismo soviético, sino de un imperialismo ruso", dijo Lylyk. "Crimea es sólo el primer paso, una excusa. Rusia, en sus ansias imperialistas, no va a dejar que Ucrania vaya hacia Europa."

A pesar de la distancia, están seguros de que su apoyo es importante. "Ellos [los que están en Ucrania] tienen que saber que acá, donde termina el mundo, hay nietos e hijos de ucranianos que se sienten muy tocados por todo lo que pasa allá", sintetizó Pundyk.

"La crisis es muy grave"

El canciller argentino, Héctor Timerman, consideró ayer "muy grave" la crisis en Ucrania y advirtió que "puede desatar algo imprevisible", por los "intereses geopolíticos de países muy poderosos" en juego.

Timerman, que anteayer se reunió en Ginebra con su par ruso, Sergei Lavrov, dijo tener instrucciones para contactar a distintos actores "para ver la posición que va a tomar la Argentina en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas".

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