¿No teme Europa a una deflación?

Aun sin una recuperación consolidada y restricción de acceso al crédito, una caída generalizada en los precios podría llevar al viejo continente a otra recesión
Luis Palma Cané
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9 de marzo de 2014  • 15:33

En su reunión del jueves pasado, el Banco Central Europeo (BCE) decidió mantener su tasa de referencia en el mínimo histórico del 0,25%. Asimismo persistió en su estrategia de no implementar políticas monetarias "no convencionales", en especial la de inyecciones de liquidez mediante la compra de activos financieros en los mercados secundarios.

La autoridad monetaria delineó su diagnóstico de la actual situación, cuyas principales observaciones fueron las siguientes:

  • La recuperación continúa a ritmo moderado: en el cuarto trimestre 2013, el nivel de actividad creció por tercer período consecutivo a una tasa del 0,3%.
  • La inflación anual a febrero fue del 0,8% (por debajo del objetivo máximo del 2% anual) y del 1% considerado como "zona crítica" pre deflación: baja generalizada y sostenida de los niveles de precios.
  • En lo que hace al mercado monetario, aún no se ha podido superar la insuficiente oferta de préstamos, iniciada a partir de la crisis 2008/2009. A diciembre el total de crédito al sector privado continuó cayendo a un ritmo interanual negativo del orden del 3%.
  • La tasa de desempleo aún permanece en el récord histórico del 12%; con más de 19 millones de desempleados
  • En lo que hace al área fiscal, la tendencia es positiva habiéndose reducido el déficit consolidado del 3,2% en 2012 a un 2,7% en 2013

El BCE no le ha asignado mayores probabilidades a una posible deflación. En efecto, a la fecha, su equipo estima que entre 2014 y 2016 los niveles de precios se alejarían de tan peligrosa situación (1,0%; 1,3% y 1,5%, respectivamente).

El presidente de la entidad, Mario Draghi, sostuvo que actualmente no se advierte que los consumidores estén posponiendo sus gastos y que, por lo tanto, "al menos por ahora, no hay peligro (sic) de caer en un proceso deflacionario".

La jugada es peligrosa: en la década del 90, Japón cometió el mismo error de apreciación con su consecuente falta de "timming", un hecho que llevó a su economía a un largo período de deflación con recesión. Al día de hoy su PBI aún se halla un 10% por debajo de su máximo de 1997.

Además, teniendo en cuenta la recuperación aún no se halla consolidada, pareciera conveniente que la entidad estuviera sumamente atenta a la evolución de los niveles de precio y de actividad para atacar ambos frentes con medidas alternativas y "no convencionales"; tales como:

  • Disminuir aún más su actual tasa de referencia
  • I mplementar gradualmente políticas de Relajamiento Monetario
  • Quebrar la aún vigente restricción de crédito, enemiga número uno del crecimiento, llevando "la tasa de facilidad de depósitos" (aquella a la cual el BCE remunera los depósitos de las entidades financieras, generados por sus respectivos excedentes de capacidad prestable), del 0% actual a una tasa negativa de al menos 0,5%

El actual nivel de bajas tasa de inflación presenta riesgos de convertirse en deflación, en cuyo caso el aún anémico crecimiento podría convertirse en una nueva recesión.

Sería imprescindible que el BCE no cometiera nuevamente el error de aceptar el fundamentalismo monetario alemán contra la inflación; ideología anacrónica que le impediría aplicar estímulos monetarios en adecuado tiempo y forma.

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